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Anexos: Autodiagnóstico e interacción interventora

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“Anexos”: Autodiagnóstico e interacción interventora

VIII Congreso de Especialistas en Adicciones

28 al 30 de junio 2007, Cuernavaca, Morelos

Resumen

 

Artículo


Se desarrolla un análisis, desde la psicología social de los centros residenciales para la atención en adicciones, asociados a grupos de autoayuda y denominados “anexos”. Considerándolos como respuesta social a una necesidad colectiva, el texto aborda su diversidad, mediante una interpretación y análisis de su génesis y características. Inicia con una reseña del proceso interactivo que funda al grupo de autoayuda, siguiendo con el detalle de algunos de los mecanismos que los sustentan, tanto como a sus “anexos”. Haciendo contrapunto con el trabajo profesional en adicciones, se discute la teorización planteada en algunos de sus aspectos, considerando el trabajo en “anexos” como proceso social, y algunos aspectos problemáticos de sus prácticas cotidianas.


Contenido

Resumen. 3

Artículo.. 3

Ponencia. 3

Taller. 3

Fraternidad de Grupos de Autoayuda y Ayuda Mutua, A.C. 4

Dr. Rolando Montaño Fraire. 4

Introducción. 5

Temas. 5

Premisas, conceptos y mecanismos. 5

Profesionales y grupos de autoayuda. 6

Ideales y práctica cotidiana en el “anexo” 6

I - Premisas y mecanismos del grupo de autoayuda y su “anexo” residencial. 7

Compartir experiencias. 8

Justicia de la reciprocidad. 8

Trabajo grupal. 9

Violencia simbólica. 10

Compartir experiencias: Premisas, normas y mecanismos derivados. 10

“Háblanos de ti” 11

II – Contraste con la atención profesional. 12

Participación voluntaria. 12

Participación social, democracia y resocialización. 13

Características del medio social y mitología. 14

Terapia residencial. 15

III – Ideal y realidad del “anexo”. 16

Conflictos. 16

Fallas graves y su origen. 17

1.     Desviación del modelo.. 17

2.     Exclusión de información necesaria. 18

Dificultad de la participación. 18

Dogmatismo.. 19

Apoyo profesional. 19

Cierre y conclusiones: Autodiagnóstico e interacción interventora. 20

Eficacia y eficiencia. 20

Autodiagnóstico.. 20

Proceso terapéutico.. 20

Intervención. 21

Respeto y responsabilidad. 21

Aprendizaje. 22

Tarea profesional. 22

Bibliografía, vínculos y notas. 23

Ponencia

Mediante apoyos gráficos, términos, frases y listados, se reseñan los contenidos del artículo indicado. Se expone la propuesta teórica e interpretativa de manera sintética, buscando problematizar, para generar un saludable cuestionamiento que convoque a considerar visiones alternas, sobre los centros residenciales para la atención en adicciones anexos a grupos de autoayuda.

 

Taller


El taller se plantea como un proceso teórico, vivencial y metodológico, encaminado al logro de una mejor comprensión del trabajo realizado en “anexos” residenciales de grupos de autoayuda, abocados a las adicciones. Inicia con una dinámica para el análisis de algunas secciones del artículo extenso del que se deriva la ponencia asociada al tema. Con esta primera actividad, se debate el proceso y conceptos básicos que se propone sostienen el trabajo en grupos de autoayuda y sus “anexos”. La siguiente y segunda actividad buscará reconocer, mediante su puesta en práctica, el proceso de interacción y aprendizaje, propio de estos grupos. Con la participación personal en una dinámica grupal de ejemplo se ejemplificará esa forma de trabajo. Esta experiencia vivencial, tanto como cualquier obstáculo para su desarrollo, junto con los ejemplos y reflexiones desprendidos de la práctica profesional de los participantes, y el análisis teórico inicial, serán materia de trabajo para la última etapa del taller. En este tercer momento, se elaborará colectivamente un mapa conceptual del proceso en dichos grupos y “anexos”, con anotaciones sobre el trabajo de apoyo y colaboración profesional, factible de realizarse. El taller termina con una breve dinámica, para evaluar y valorar el trabajo realizado. Los participantes recibirán copias de textos y materiales para el trabajo con grupos y “anexos”.


 

 

Fraternidad de Grupos de Autoayuda y Ayuda Mutua, A.C.

La Fraternidad de Grupos de Autoayuda y Ayuda Mutua, A.C. busca apoyar a personas interesadas en participar, formar un nuevo grupo, conocer sobre el tema o profesionalizarse. Promueve la información y comunicación entre integrantes de grupo, público en general y profesionales, así como entre grupos y asociaciones intergrupales. Tendiendo puentes entre el saber acumulado en grupos y el de investigadores y especialistas, trabajamos para difundir ideas, recursos y estrategias ventajosas para el trabajo creativo y abierto en grupos de autoayuda, como también para una mejor comunicación y colaboración entre éstos y los ámbitos profesional y académico. Buscamos que esta valiosa forma de colaboración social y aprendizaje sea comprendida, para que se haga posible difundirla de manera sistemática y ponderada. En nuestro sitio en Internet puede encontrar una introducción; información de apoyo para iniciar un grupo; recursos para grupos existentes; metáforas, cuentos, poemas y otros textos ilustrativos; la transcripción de una reunión (sin información que permita identificar a personas o grupos); artículos especializados; recursos para profesionales y más. Visite nuestro sitio principal o cualquiera de los subsidiarios.

 

www.ayudamutua.org

Apartado Postal 210, Coyoacán, DF, 04331, México.

Tel./Fax/Contestadora (+52) (55) 5689 6659

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Dr. Rolando Montaño Fraire

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.  -  www.articulosrmf.ayudamutua.org


El Dr. Rolando Montaño se especializa en psicología social, autogestión grupal e investigación psicosocial, particularmente en los que son conocidos como grupos de autoayuda. Tiene una activa labor de investigación, docencia y promoción social. Tras importantes procesos de investigación científica, la publicación de numerosos artículos sobre la materia, y habiendo coordinado los principales proyectos de apoyo social a la ayuda mutua grupal iniciados hasta el 2007 en México, se ha establecido como uno de los principales investigadores sobre el tema en el país e incluso en América Latina. Es Doctor en Ciencias Sociales en el área de Psicología Social de Grupos e Instituciones; Maestro en Psicología Social de Grupos e Instituciones y Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Xochimilco en México.


Introducción

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Temas

 

 

 

 

 

Premisas, conceptos y mecanismos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Profesionales y grupos de autoayuda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ideales y práctica cotidiana en el “anexo”

 

El “anexo[1] residencial de un grupo de autoayuda, tanto como el propio grupo, son respuesta social a una necesidad ineludible de atención. Como fenómeno social, alternativa y opción para la atención en adicciones, tanto como por su preponderancia, los “anexos” merecen cuidadoso estudio y consideración.

El proceso autodiagnóstico e ingreso voluntario al “anexo” de un grupo de autoayuda hacen posible una forma de participación social que puede ser eficaz. Sin embargo, se basa en premisas radicalmente distintas a las de la atención profesional e institucional.

Debemos entonces preguntarnos: ¿Puede ser considerada la participación en un “anexo” una intervención? Y ¿cómo se relaciona la noción de diagnóstico con la participación social?

La colaboración profesional e interinstitucional, con asociaciones y grupos de autoayuda que ofrecen estancias residenciales, se puede ver beneficiada con:

      I.        El estudio de las premisas conceptuales que sustentan estas prácticas sociales;

     II.        Su contraste con nociones propias de la atención profesional y;

  1. El análisis de la diversidad y frecuente divorcio entre la propuesta que inicialmente define el trabajo en un “anexo”, y las prácticas cotidianas reales.

El presente artículo ofrece una primera aproximación a estos tres temas.

I – Primeramente, se reseñan algunos de los conceptos, procesos y mecanismos que sustentan el trabajo en grupos de autoayuda. Se trata de elementos del quehacer grupal que definen también al trabajo en sus “anexos” residenciales.

Describiendo el transito subjetivo y grupal, es posible reconocer su base conceptual y filosofía. El aprendizaje, mediado por la mutua identificación e interacción social normada, puede reconocerse como consecuencia de una específica forma de diálogo y  escucha.

La forma en que se llega a lograr un efecto interventor, y proceso interpretante, es resultado de un largo proceso subjetivo, intersubjetivo, grupal, instituyente, generador de lógicas y discursos, premisas conceptuales, filosóficas y eventualmente, todo un marco cultural.

II – Es útil contrastar nociones y mecanismos de este proceso social con otras, propias del trabajo profesional en atención de adicciones:

·         ¿Qué diferencias y similaridades existen entre un diagnóstico clínico, y el autodiagnóstico que se hace parte de un trayecto subjetivo, asociado a un discurso e ideología, mismos que convocan al compromiso de la participación e identificación con una problemática común?

·         ¿Cómo se compara la participación, aprendizaje y construcción de un saber social en estos grupos, con el saber científico y profesional aplicado en otros sistemas?

·         ¿Cómo incide la relación entre pares, comparada con la asimetría profesional/cliente?

·         ¿Cuáles son las características de un proceso de aprendizaje, sostenido por un fuerte vínculo de identificación mutua, como parte de una participación social normada?

·         ¿Cómo se logra un efecto interpretante e interventor en un marco de trabajo grupal autogestivo?

Contrastando esquemas, se busca reconocer y analizar el quehacer en atención de adicciones, propio de un grupo de autoayuda y su “anexo” residencial.

III – Un modelo teórico puede ayudarnos mucho a comprender, pero al ser un ejercicio conceptual e ideal, frecuentemente dista mucho del quehacer real, por ejemplo de un grupo y su “anexo”.

La brecha entre las nociones que fundan el trabajo en grupos de autoayuda, y aquello que en la práctica se lleva a cabo, requiere de una saludable dosis de duda y cuestionamiento. Sólo así será posible reconocer los grandes inconvenientes y problemas que representan algunas prácticas, comunes en “anexos”.

Pensar su génesis, premisas y concepción puede ayudar en la participación, colaboración y apoyo a grupos y “anexos”. Este artículo es reseña y problematización que invita al debate, buscando una aproximación al tema desde la perspectiva descrita.

                    

I - Premisas y mecanismos del grupo de autoayuda y su “anexo” residencial

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Compartir experiencias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justicia de la reciprocidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Trabajo grupal

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Violencia simbólica

 

 

 

 

 

 

Compartir experiencias: Premisas, normas y mecanismos derivados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Háblanos de ti

 

 

Cuando se tiene algún problema, buscar a otros que se encuentran en circunstancias similares se hace natural, por ser análogo a nuestra primera y más común forma de aprender. Cotidianamente, vemos en cualquier niño pequeño la observación, análisis e imitación, como pasos de un proceso de aprendizaje. Sin embargo, se requiere también confianza y tranquilidad, para poder “jugar”, explorar y aprender.

Siendo adultos, la experimentación directa puede ser evitada, acelerando el aprendizaje, mediante la representación simbólica que brinda el lenguaje, escrito, verbal, visual u otro. En asuntos relacionados con la propia vida y emociones, recurrimos a la “plática”, primeramente con amigos y familia, por la necesidad de confianza y tranquilidad, como en el “juego” de un niño.

Como adultos, somos primero que nada seres políticos. Sobre asuntos emocionales y personales, es poco estratégico o llanamente imposible hablar, por el riesgo para con la propia identidad, posición e imagen, tan estratégicas todas.

Socialmente, se suele hacer un uso muy inconveniente de la información que para pensar un tema personal llegamos a exponer. Además, los mecanismos proyectivos, tan generalizados en nuestra sociedad, propician que violentamente se nos asignen etiquetas, posiciones de chivo expiatorio[2] y quede nuestra persona marcada, descalificada. Este es medio y recurso para que otros obtengan ventaja, sea para lograr mejor posición social o institucional, como también subjetivamente, para la construcción de una tan ilusoria y frecuentemente falsa autoimagen.

Por conveniencia, para la participación social e institucional, hemos aprendido a negar, ocultar y rechazar todo aquello que pueda ser inconveniente. Esto permite avanzar en proyectos y metas personales, mismos que más sólidamente determinan nuestra identidad y la realidad de nuestras circunstancias materiales.

Sin embargo, estando en situación de gran dificultad y vulnerabilidad emocional, solemos buscar la oportunidad de observar, analizar e imitar a otros en lo más íntimo, especialmente cuando se trata de resolver y aprender a manejarnos en asuntos emocionales.

En nuestra cultura, definida y marcada por el mercado y la comercialización, se nos invita siempre a buscar soluciones técnicas, profesionales, especializadas y que puedan ser adquiridas como producto o servicio. Pero incluso el más ético profesional “psi”[3], aunque prometa respeto y confidencialidad, se reserva el derecho de informar a otros, y usar lo que de su cliente o “paciente” escucha, dependiendo de las circunstancias. Más importante, se niega sistemáticamente a ser recíproco. Evitará narrar su propia vida y  circunstancias, emociones y sentimientos, aunque lo requiera de su cliente.

En los intentos por abordar asuntos emocionales con profesionales, se rompe siempre con las tentativas por definir una situación de justicia social, mediante la reciprocidad en la interacción, buscada para hacer posible la confianza, siempre necesaria cuando se trata de hablar asuntos emocionales, afectivos, personales y que pueden afectar nuestra imagen. En cada ocasión, se trata del ser político que somos:

¿Cómo confiar en quien se niega a confiarnos su experiencia y situación emocional?

Este problema de confianza y reciprocidad suele frecuentemente resolverse encontrando, por casualidad o búsqueda, a otros que viven similar situación, subjetiva y socialmente, derivada por ejemplo de la adicción al consumo de alguna substancia psicoactiva (“drogas”, sean lícitas o ilícitas).

El encuentro con quienes viven un mismo problema y situación tiene un carácter específico. Invita a narrar y escuchar experiencias y circunstancias de vida, reiteradamente. Una forma de aprender iniciada con la rutina infantil de observar, analizar, imitar alternativas de acción y con ello aprender. Se trata de una búsqueda que en cada caso implica el deseo de compartir la propia experiencia, con otros, pero en igualdad de circunstancias.

Puede parecer sencilla la idea de compartir experiencias, platicando cada uno lo propio. Sin embargo, tiene enormes consecuencias. Implica mucho más de lo que uno suele inicialmente imaginar.

Partiendo de la premisa de igualdad de circunstancias, sea esta simbólica o real, la relación entre pares que consideran vivir una misma situación se hace radicalmente distinta a otras formas de interacción social. Aquellas suelen ser más violentas, por estar enmarcadas en una permanente lucha y acción política. Aunque esto generalmente se niega y rechaza, es la norma, antes que la excepción, incluso en la familia y entre amistades. Y es aún más marcado en aquellos medios sociales en que se desencadena un proceso adictivo.

Cuando una persona le detalla con sinceridad a otra una experiencia y sentimiento, por ejemplo respecto de la evolución personal en un proceso de adicción, la respuesta, por parte de quien se reconoce en el otro, suele ser el deseo de compartir otra experiencia, similarmente significativa. Al reconocerse el nivel de vulnerabilidad recíproco, por el carácter de lo narrado por cada uno, se finca un pacto de confianza mutua, derivado de esa reciprocidad. Esto es lo primero que hace posible un proceso que puede llegar a ser complejo.

Esta forma de reciprocidad puede bien ser el inicio de una amistad. Cuando se trata de quienes se consideran iguales, simbólicamente hermanados por una comunidad de difíciles circunstancias personales y  afectivas, la reciprocidad del intercambio, al compartir experiencias significativas, dolorosas y frecuentemente aún sin solución, finca una particular forma de interacción.

La reciprocidad genera un pacto, sea consciente o inconsciente, tácito o explícito de secreto y reserva, sobre los detalles personales, identidad y datos específicos de lo narrado. En la medida de su intensidad, este pacto de confidencialidad se hace base de una relación de genuino respeto.

Aunque sea únicamente entre dos, habrá un aprendizaje, como consecuencia de la incrementada posibilidad de escucharse, mutuamente y cada uno a sí mismo, gracias a la confianza lograda por la reciprocidad del intercambio franco.

Es común que pronto se sumen otros, porque las circunstancias que permitieron el primer encuentro, frecuentemente lo hacen posible. Ahí donde dos adictos que sufren y buscan cambiar su situación se encuentran, habrá comúnmente otros.

Aunque mucho hace difícil que esta forma de interacción se haga rutina, al sumarse otros que sufren y buscan un cambio, siendo pares que también se relacionan con base en la premisa de compartir experiencias, la dinámica social coadyuva. Se hace entonces grupo, sea efímero o de mayor duración.

Cuando se logran establecer, explícita o implícitamente, pero con claridad, las reglas básicas que hacen posible compartir experiencias, se potencia el proceso de aprendizaje, gracias al enorme empuje del proceso grupal, como máquina de producción de significados y alternativas. El grupo cobra vida como mecanismo para pensar, conjuntamente, los temas, emociones y problemas que se vierten. Ejerce presión social para que se respete la específica forma de interacción, y el objetivo de superación, para una difícil situación subjetiva, afectiva y psicosocial.

Conforme se perfecciona el sistema, cuando alguna de las/los involucrados ejerce alguna forma de violencia simbólica[4], aunque sea por hábito y con esquemas socialmente aceptados, se reconoce y se desata una respuesta. Es así porque la violencia rompe con la relación de respeto y confianza mutua, fincada al compartir experiencias.

Quien rompe con el pacto de secreto o agrede, por ejemplo emitiendo juicios de valor, descalificando, etiquetando o generalizando, será cuestionado, convocándosele a reconocer y analizar su acción. Puede incluso llegar a ser rechazado.

Se van estableciendo reglas de inclusión y exclusión. Adicional a ser un par que vive o considera compartir una misma situación, deberá también tener la disposición para interactuar con un reducido monto de violencia, y además el compromiso de apertura para el trabajo subjetivo, y la voluntad de hacerle frente a lo que le llevó a una tal situación.

Con el análisis, una a una pueden reconocerse las características que se van sumando y  estructurando al grupo de autoayuda, sus procesos que son fundamento del trabajo en un “anexo”.

Implícitamente, y más tarde explícitamente, conforme se establece como forma de interacción y relación social, la narración mutua de experiencias define normas que configuran un específico espacio social y grupal.

La claridad y pertinencia de las normas y la rutina eventualmente hacen posible que las reuniones se hagan regulares, iniciándose así un proceso instituyente del grupo de autoayuda.

Teóricamente, el grupo ideal contaría únicamente con reglas, rutinas y mecanismos que fueran consecuencia directa y sostén del proceso necesario para compartir experiencias. Puede ser útil enumerar algunas, para su consideración.

Al igual que las normas de otros medios sociales, profunda e inconscientemente asimiladas por sus integrantes, las del grupo de autoayuda suelen también ser difíciles de reconocer. Muy pocas veces son comprendidas por las y los participantes que en efecto las respetan e imponen. Como ejemplo, piénsese en el saber vestir o comportarse en cualquiera de los medios sociales de los que el lector mismo sea integrante.

Para pensar esto al detalle, considerar la forma en que se norma la forma de hablar en un grupo de autoayuda y “anexo” puede ser un buen punto de partida:

En mayor o menor medida se suele hablar

  • En primera persona del singular (“yo”).
  • Sin generalizar.
  • Sin consejos.
  • Sin juicios de valor.
  • Sin hablar desde el saber.
  • Sin hablar del deber ser.

Teniendo en cuenta esta regla y prohibiciones, es posible reconocer lo eficazmente que obligan al que habla para compartir experiencias propias y  personales. En la medida en que se respeten, consciente o inconscientemente, parcial o rigurosamente, algunas o todas las reglas de esta pequeña lista, será difícil o imposible usar los más comunes mecanismos proyectivos, tan violentos y generalizados socialmente.

Hablando en primera persona del singular, sin generalizar, aconsejar, valorar o hablar del deber ser o desde el saber, ¿cómo entonces se puede aprender de los otros?

El diálogo, al compartir experiencias, es casi imperceptible. Parece inexistente y lento, diferido en el tiempo, con la respuesta hecha sin explicitarla, distante en tiempo del discurso al que en efecto responde.

Mucho del diálogo se lleva a cabo en forma medianamente encubierta, más como algo que se desprende y asocia con lo escuchado que como debate. Se trata de una forma de diálogo contraria a la lucha que representan la discusión y polémica. Se hace más bien una permanente búsqueda de similaridades, afinidades y alternativas, incluso contrastantes, pero que llevan hacia delante, para el enriquecimiento de las formas de reconocer y comprender situaciones de vida, emociones y procesos subjetivos y psicosociales.

                    

 

II – Contraste con la atención profesional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Participación voluntaria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Participación social, democracia y socialización

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Características del medio social y su mitología

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terapia residencial

 

 

 

 

 

Cuando en un grupo de autoayuda, y también para los miembros de su “anexo” residencial, se pone a la vista un cartel que indica “Háblanos de ti”, se trata de algo cuyas consecuencias suelen ser insospechadas para el observador casual.

Pocas veces se logran reconocer los propios obstáculos emocionales e impedimentos afectivos que motivan el rechazo y falta de disposición para exponer, con candidez y sinceridad, la propia experiencia y situación de vida, particularmente en lo emocional.

Especialmente el profesional “psi” evitará bajar la guardia y defensa de su imagen e identidad, usando argumentos teóricos y técnicos que bien pueden ser válidos en otros espacios. Cuando se trata de un grupo de autoayuda y su “anexo”, esto rompe con las normas y posibilidad de participación social. Considérese, como punto de comparación, al fotógrafo profesional que pretende entrar, con cámara en mano, a una casa en domingo, cuando toda la familia que ahí habita se encuentra reunida, conviviendo íntimamente.

Se enlistan adelante mecanismos que son en cada caso efecto y parte de este mismo sistema, y se desprenden de una misma lógica y objetivos.

Fortaleciendo el espacio social para compartir experiencias

  • Se suele excluir a especialistas como tales. (Participan como iguales, si desean hacerse integrantes, sin derecho a su rol profesional.)
  • Se trabaja activamente para reconocer y valorar el conocimiento adquirido con las propias vivencias.
  • La experiencia acumulada en el grupo se ofrece a cada nuevo integrante.
  • Se evita asociar conocimientos o experiencia con derechos, valorando cada experiencia vertida en el grupo por igual.

Es grande la diferencia entre una técnica terapéutica, puesta en práctica por un profesional, equipo de profesionales o institución, y un grupo social. Pueden parecerse, inclusive en sus objetivos y algunas de sus prácticas. Su estructura es sin embargo distinta, tanto como su lógica.

Por ejemplo, la ayuda mutua que en el compartir experiencias se hace posible en un grupo de autoayuda es posible únicamente cuando se basa en la participación voluntaria.

El ingreso a un grupo, tanto como residir en su “anexo”, requieren de la participación activa, comprometida y por convicción. Solamente así será posible superar las resistencias propias de nuestro ser político, derivadas de la habitual protección de la identidad e imagen.

Incluso para los participantes de un grupo, frecuentemente se hace imposible reconocer la enorme trascendencia e importancia de la participación voluntaria. En la medida en que se desvía de ella, se fracasa también en el aprendizaje y cambio. Esto se deriva de la necesidad de confianza, tranquilidad y convicción, para el análisis y toma de decisiones, tanto como para la reconstrucción de significados y alternativas de subjetividad.

Como cualquier otro medio social, los grupos de autoayuda y sus “anexos” residenciales están normados de una específica forma. La eficacia “terapéutica” de la inclusión y participación en ellos se deriva de sus particulares características.

Tal como con la participación social en otros medios, el sujeto se transforma gradualmente, conforme conoce, reconoce y decide las formas de su inclusión y colaboración. Como en cualquier grupo social, activamente considera y asimila ideas y discursos que circulan y son parte. Similarmente, se entrena en las formas de participación, asimilando formas de la propia estructura, antes que solamente de lo hablado.

Otras características que definen en mayor o menor medida a un grupo y su “anexo” se enlistan adelante. En cada caso será útil preguntarnos: ¿Cómo pudiera incidir esto en el proceso de socialización de un adicto?

Derivados de la reciprocidad fincada

  • Se suele buscar la igualdad simbólica y participativa entre integrantes.
  • Antes que eficiencia, suele fomentarse una mayor participación.
  • Suelen evitarse activamente liderazgos directivos y prerrogativas.
  • Hay rotación y distribución de roles, tareas y responsabilidades.
  • Mecanismos democráticos de decisión.
  • Rutinas y formas de dar la palabra, sin necesidad de un coordinador o bien con la rotación de este rol.
  • La definición democrática y consensuada de sus formas de organización, eventos, planes y proyectos.
  • Formas de auto-administración.
  • Formas de auto-financiamiento.
  • Formas de auto-gobierno.
  • Procesos grupales autogestivos.

Entre los múltiples sistemas existentes, los grupos que siguen el de “Alcohólicos Anónimos”[5] suelen insistir sobre el apego y fidelidad que consideran tener para con los textos publicados por esa asociación. Sin embargo, es importante notar que por su carácter, éstas publicaciones hacen posibles infinitas interpretaciones. Distintas lecturas hacen legítimamente posible considerarse fieles seguidores de las tradiciones, principios y lineamientos planteados.

Las diferencias entre uno y otro sistema, grupo o anexo suelen ser grandes, aún perteneciendo a la misma asociación. En cada caso, sus particularidades son efecto de un proceso histórico de desarrollo (que suele denominarse la “autonomía” del grupo).

Si como analistas del proceso social y comunitario pensamos, lo indicado en los dos párrafos anteriores es irrelevante. Las frecuentemente intrincadas formas de explicar las acciones, tradiciones, formas y costumbres que se hacen parte integral de un medio social, pocas veces son argumentaciones lógicamente coherentes o racionalmente justificables. Por el contrario, es común que oculten, con mucha eficacia, su origen y razón de ser.

La mitología integrada al discurso propio de un grupo puede ser resultado de la ignorancia sobre los complejos procesos que hacen funcionar a un sistema social. Frecuentemente también ocultan la dinámica de poder, incluso en casos de control social.

En el grupo de autoayuda, la lucha por el poder, y la violencia derivada de ésta, se ve moderada conforme se establecen mecanismos para salvaguardar la horizontalidad entre participantes, producto de la justicia y democracia del compartir, rutinaria y sistemáticamente, como pares, experiencias y sentimientos, para trabajar la problemática emocional y psicosocial que cada uno y conjuntamente abordan, como objetivo del grupo y factor aglutinante.

Para lograr una mejor comprensión de algún grupo, y de su “anexo” residencial, puede ser mejor observar y analizarlo considerando que tan eficazmente se logra el especial proceso de aprendizaje, producto de la participación basada en la forma de interacción aquí descrita.

El grupo de autoayuda logra su objetivo y permanencia en la medida en que reduce la lucha de poder, con mecanismos que concentran la acción en el tema y problema que a cada participante llevó a integrarse. Se inventan y ponen en práctica las más diversas estrategias, todas encaminadas a poner al centro, como materia y material para el trabajo, la experiencia de vida de cada uno.

Valorar estos procesos como si de una técnica terapéutica profesional se tratara es un obstáculo, si se busca la mejor comprensión de sus mecanismos sociales y posibles resultados. Aunque la implementación de una técnica terapéutica profesional puede tener variantes, se origina en una teoría, base conceptual y procedimientos técnicos, formalmente descritos por uno o varios autores.

Para ilustrar, consideremos hipotéticamente un texto que describa perfectamente la cultura de los Dowayos de Camerún[6]. Su existencia nunca implicará que para pertenecer a ella se siga lo descrito académicamente. La lógica de esa cultura, como la de los grupos de autoayuda, tiene un proceso evolutivo y coherencia propia, derivados de su proceso histórico, discurso e ideología, visión y objetivos.

Por ejemplo, como producto de la necesidad para la que es respuesta, pronto es reconocida, por quienes han logrado superarse, la importancia de tomar distancia del medio social y familiar de origen.

El “anexo” de un grupo de autoayuda se establece para ofrecer la oportunidad de separarse del ámbito y proceso social y familiar en que la instancia personal de la adicción se originó. Simultáneamente, hace posible y necesario participar en un gran número de reuniones estructuradas.

Siendo los problemas emocionales, y particularmente las adicciones de carácter social, y el denominado “paciente” chivo expiatorio y lugar de depositación social, familiar e institucional de un problema que lo rebasa por completo, ofrecer un espacio residencial, para hacer posible la participación intensiva en un grupo de autoayuda, es consecuencia lógica de la búsqueda de soluciones, propia de grupos que se abocan a las adicciones.

En el marco de un grupo de autoayuda, su “anexo” residencial ofrece sostén para un más intenso proceso de aprendizaje, siempre bajo la misma lógica.

Como en otras formas de reunión social, el grupo tiene horarios, lugares y tiempos relativamente cortos. Integrarse a su “anexo” implica en cambio tanto tiempo que pronto se hace necesario poner en práctica actividades y rutinas adicionales. Esto deriva en otras prácticas.

En los mejores casos, se suman actividades afines a la terapia ocupacional[7]. Puede también ser la simple sistematización de labores cotidianas y  domésticas, conjuntamente con alguna actividad productiva, para el financiamiento y sostén del “anexo”.

Las actividades que se hacen parte de la rutina cotidiana en un “anexo” resultan en complejos sistemas, con específicos problemas.

                    

III – Ideal y realidad del “anexo”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conflictos

 

 

 

 

 

 

 

 

Fallas graves y su origen

 

 

 

 

1.     Desviación del modelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.     Exclusión de información necesaria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dificultad de la participación

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dogmatismo

 

 

 

 

 

 

Apoyo profesional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La junta de un grupo de autoayuda suele estar determinada en gran medida por tradiciones y rutinas, tal como sería para algún centenario club dominical de bolos. Todo es rigurosamente normado, aunque sea difícil reconocer este hecho.

Como todo grupo social, el grupo de autoayuda está sujeto a liderazgos. Con ello, a luchas intestinas por el poder. Por suplantarse con ellas la tranquilidad y confianza, necesaria para hablar de lo emocional y subjetivo, con la tensión de la lucha, los liderazgos carismáticos o directivos suelen limitarse, mediante reglas, consignas y resguardos. Aquellos otros liderazgos, transitorios y funcionales para las tareas y objetivos del grupo, son aceptados y promovidos

Lograr todo esto en el “anexo” es difícil, por ser un ambiente de convivencia cotidiana. El proceso social es intenso, intentándose siempre nuevos mecanismos, con variable éxito.

Siendo un entorno social, los conflictos internos son inevitables. Cuando son integrados, se hacen parte del trabajo, tanto subjetivo e individual, como grupal. Cada fricción, diferencia, lucha y debate permite poner en juego, como temas para su trabajo, todo el sentir y experiencia subjetiva de los sucesos, entre quienes estuvieron involucrados, como material para la siguiente junta.

A diferencia del medio social de origen, el “anexo” ofrece permanente, repetida e insistentemente cada nueva junta, como recurso para mejorar la convivencia, y elaborar obstáculos y conflictos. Este es el procedimiento que hace posible a cada participante ir afinando, metódicamente, su propia constitución subjetiva.

En las reuniones de grupo se seguirá, más rigurosamente que en la convivencia del resto del día, la normatividad necesaria para salvaguardar el particular proceso de interacción y ayuda mutua que el compartir experiencias hace posible.

Las complicaciones y problemas en el “anexo” residencial de un grupo de autoayuda, ocasionalmente con trágicas consecuencias, suelen tener su origen en dos áreas:

  1. Desviación del modelo social de interacción y aprendizaje: Se rompe con la tradición, objetivos y formas del grupo en su “anexo”.
  2. Falta e incluso rechazo de información objetiva.

1. En el primer caso, la dificultad radica en las diferencias entre la dinámica del grupo y la de su “anexo” o componente residencial. Pensando las características de éstos, como de otros entornos sociales, pudiera ser similar a la diferencia entre algún “club de bolos dominical” y una cultura, como la de los Dowayos de Camerún.

Existe una brecha, difícil de superar, entre la reunión grupal, con hasta dos horas de duración, normada y sistematizada por una larga tradición y, por otra parte, la convivencia cotidiana, 24 horas, día tras día, propia de un “anexo”.

Con distinto grado de éxito, se logra en cada caso definir mecanismos, acuerdos y formas que ayudan a reducir la violencia simbólica, luchas por el poder y dinámicas ajenas a los mecanismos del grupo de autoayuda.

Cuando el grupo rompe, por ejemplo obligando a la participación, efectivamente secuestrando a personas e imponiéndoles el ingreso, sin opción al egreso voluntario, descompone el sistema que hace posible el avance personal en la problemática de adicción. (Independientemente de que esto sea además una infracción a la ley.)

Siendo la voluntariedad esencial, y necesaria para la especial forma de aprendizaje que se ha logrado sistematizar, la imposición pervierte la lógica y filosofía del grupo de autoayuda, tanto como las premisas y principios que hacen posible un efecto terapéutico, para la participación en un “anexo”.

Con el ejemplo indicado, puede reconocerse la forma de analizar mecanismos y acciones, problemáticas para un “anexo”. Un cuidadoso análisis permite discernir cuando hay desvío de la forma de interacción que hacen al grupo y “anexo” medio social eficaz, para abordar un proceso de adicción.

Considerando si coadyuvan u obstaculizan el compartir experiencias, tanto como los múltiples elementos que a partir de ello se hacen conjuntamente sistema, apegados a su propia lógica, será más fácil evitar la mayoría de los problemas que se generan, cuando se introducen prácticas que son en realidad ajenas.

2. Los mecanismos y acciones que hacen posible compartir experiencias, sistemáticamente, para aprender, definen toda una filosofía y cultura.

Como en otras comunidades, para su resguardo, suelen evitarse discursos ajenos, especialmente los que parecen contrarios. Es por esto, tanto como por su resistencia a la forma de participación requerida que los profesionales, junto con su acción especializada quedan generalmente fuera, tanto del grupo de autoayuda como de su “anexo”.

Al excluirse al profesional como tal, suele también dejarse fuera información útil, necesaria e incluso en algunos casos imprescindible.

El rechazo de profesionales que se niegan a respetar las reglas de participación social es lógica y muy similar a lo que se hace en otros espacios sociales. La diferencia radica en la enorme dificultad que para casi cualquier persona implica respetar las reglas del juego en este específico sistema social.

Es más fácil aceptar que se necesita llevar corbata y evitar lenguaje altisonante, para acceder a un círculo social, a tener que hablar sinceramente de las propias experiencias y dificultades emocionales, constantemente.

La forma en que la participación normada en el grupo de autoayuda logra su eficacia es, justamente, mediante la concentración en lo particular, personal y significativo emocionalmente. Es por eso imprescindible requerirlo.

Se hace necesario excluir a quienes insisten en levantar infranqueables defensas de su persona, identidad e imagen. Esto sucede cuando para ello se recurre a un análisis crítico descalificador que violenta al medio y recurso social de apoyo. Generalmente esto sucede en momentos inapropiados para ello, típicamente como mecanismo de resistencia al trabajo terapéutico requerido de toda participación.

Al excluir al profesional como tal, tanto como a cualquier discurso que parezca ajeno, también suele quedar fuera mucho del conocimiento científico y saber técnico disponible.

A los mecanismos de protección del grupo frecuentemente les falta la refinación necesaria para hacer posible el ingreso del saber útil, garantizando al mismo tiempo el resguardo del sistema.

Se suele establecer de forma dogmática la protección del discurso social construido con el grupo, lleno de consignas, normas, convenciones y tradiciones que con el tiempo se han establecido como eficaces. Sin una comprensión suficiente de los motivos por los que cada elemento se hace parte, es demasiado frecuente confundir los conceptos y discursos contrarios de los recursos útiles e inofensivos para el sistema.

Al ser difícil discernir aquello que violenta la cultura del grupo de la información objetiva, necesaria para hacer frente a una situación, se llegan a generar problemáticas situaciones.

El apoyo profesional e institucional de un grupo y su “anexo” residencial puede ser muy eficaz, si como medio social se reconoce, y las características aquí detalladas se analizan y tienen en consideración.

La información objetiva que el grupo puede aprovechar será aquella que se logre diferenciar, por ser específica y técnicamente útil, para abordar un problema de salud de índole fisiológico; un asunto legal; requerimientos gubernamentales e institucionales de sanidad, construcción, finanzas, impuestos; y otros similares.

Será posible apoyar y colaborar con un grupo, si se evita cualquier modelo conceptual o técnico alterno o contrario al que lo caracteriza, como son los derivados de teorías y prácticas psicológicas o psiquiátricas. Los grupos, como cultura, asimilarán información de esos ámbitos mediante un lento proceso de evolución y desarrollo social autónomo.

En grupos de autoayuda y “anexos” será generalmente imposible el perfeccionamiento “técnico”, como si de una tecnología profesional se tratara. Es sin embargo factible informar a este medio social y cultural, como cuando se trata de grupos familiares, mediante estrategias de difusión e información abierta, para la promoción social.

Puede lograrse más cuando se evita la incidencia de ajenos sistemas de valores, moral, religiosos, culturales o doctrinales. También todo intento de incluir al grupo o sus participantes en proyectos políticos, activismos y otras acciones políticas.

En lo concerniente a conocimientos, conceptos, teorías o técnicas, propias del ámbito “psi”, la información puede ofrecerse como material para su estudio, cuando sea solicitado. En la medida de su flexibilidad intrínseca y madurez, el grupo, como medio social para el aprendizaje, llegará a integrar algún concepto a su discurso, mecanismos o técnicas para el trabajo.

                    

Cierre y conclusiones: Autodiagnóstico e interacción interventora

 

 

 

 

 

 

Eficacia y eficiencia

 

 

 

 

 

Autodiagnóstico

 

 

 

Proceso terapéutico

 

 

 

 

 

 

 

Intervención

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Respeto y responsabilidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aprendizaje

 

 

 

 

 

 

Tarea profesional

 

Cuando de una difícil situación emocional se trata, la búsqueda de otros que puedan estar viviendo algo similar define un tipo de interacción. Al lograrse, define una forma de relacionarse que encierra un específico procedimiento para el aprendizaje. Sumándose otros, el tipo de grupo y tradición que llega a constituirse permite un particular proceso, como resultado de la sistematización de todo lo que se deriva de compartir experiencias, columna vertebral de todo el medio social que se genera.

Siendo el “anexo” residencial de un grupo de autoayuda un espacio social, antes que una “técnica terapéutica”, especialmente los profesionales del ámbito “psi” suelen dudar de los efectos terapéuticos que pueden lograrse.

Siendo la esencia del ser humano el lenguaje y mundo simbólico en el que los proyectos, voluntad, decisiones, valores y acción concertada permiten construir realidades, materiales y de otro tipo, el sufrimiento emocional, tanto como el bienestar, pueden tener incontables formas y matices. Es difícil concebir la forma en que pudiera medirse, objetivamente, la “eficacia terapéutica” de aquello que hace posible superar difíciles y complejas situaciones de vida, afectivas, emocionales y psicosociales.

En el ingreso a un grupo de autoayuda, tanto como al “anexo” residencial del mismo, la identificación con otros, a quienes se escucha y reconoce íntimamente, es proceso que puede denominarse autodiagnóstico, cuando hace posible definir con mayor claridad la problemática propia. Al poderse nombrar lo que se vive y siente, se hace posible también entrar en la lógica de un discurso que promete explicarlo y, posiblemente luego ayude para hacerle frente.

El proceso aquí denominado autodiagnóstico hace posible el ingreso, voluntario, como producto de una búsqueda y decisión personal. Luego, la reiterada participación en una larga cadena de juntas, permite transitar un trayecto que pasa por  (1) la catarsis, "escupiendo y vomitando" en un torrente de palabras todo lo que se siente, reviviéndolo. En otras participaciones (2) se habla libremente, asociando una cosa con otra, repetidamente.

En la tranquilidad de un grupo de pares, hermanados por lo que consideran ser una comunidad de experiencia y sentir, junto con la cuidadosa escucha de las vivencias y sentimientos descritos, se suele (3) transitar a una situación de apertura. Con ella se hace posible que en un momento dado “caigan veintes”. Este es ya el efecto interpretante, resultado principal de esta tan especialmente normada forma de interacción.

La puesta en juego de la experiencia de quien participa, compartiéndola, como materia prima de trabajo, para su análisis, mediante la identificación con quien habla, hace además de posible, necesario e inevitable un incisivo efecto. Lo que se comparte interpela, llega a interpretar y así interviene a quien, sentado en la sala de juntas, escucha con toda atención y atentamente, permitiéndose ser intervenido.

Lo que otros dicen, y el proceso de participación, permiten (4) recordar, revivir y reconocer, especialmente aquello que estaba escondido, negado, inconsciente. Es entonces que se logra pasar al (5) análisis y resignificación de la propia experiencia, situación, sentimientos y constitución subjetiva. Finalmente, se hace posible así decidir y actuar, sin estar ya sujeto a la repetición.

La participación en un diálogo, basado en la narración alternada de equiparables y muy significativas experiencias de vida y sentimientos es un acto voluntario. Se origina con el deseo y necesidad de encontrar y aprender con otros que se encuentran en similares circunstancias, por la gran soledad y aislamiento que son resultado de múltiples fracasos y una aguda dificultad emocional.

El respeto se deriva de un pacto, explícito o inconsciente de mutua confianza, como resultado de una relación fincada en la justicia de un intercambio recíproco, entre iguales, basado en narraciones que se caracterizan por la honestidad y fidelidad a la verdad, respecto de las más difíciles experiencias y sentimientos de quien habla.

La sinceridad emana de una gran necesidad. Es menester poner en palabras lo que se vive, por la búsqueda de sentido, significado y salida o solución, al tratarse de una trampa en la que se encuentra el sujeto. Se trata de situaciones simbólica, social, afectivamente complejas, y difíciles de desentrañar.

Desde el primer encuentro, la compañía de quien se considera que vive lo mismo permite estar menos solo de forma muy especial. El compromiso con el proceso resulta de la calidad y sofisticación del marco grupal y social.

Conforme se logre un proceso de aprendizaje que haga posible transformar lo que ocasionaba sufrimiento, será posible el avance hacia la resolución de la difícil situación que a cada uno trajo al grupo y “anexo”. Se encuentran alternativas, caminos, lógicas y nuevas formas de ser y actuar. Todo se ensaya, imitando tentativamente e integrando eventualmente lo útil.

El grupo de autoayuda y su “anexo” residencial son recurso social, configurado para una particular forma de interacción en que al compartir experiencias, se hace posible un aprendizaje “experiencial”[8], relacionado con el saber personal y vivencia de agudos problemas y situaciones psicosociales y subjetivas.

Tratándose de un proceso frágil y difícil de lograr, como en todo ámbito social, se integran mecanismos de protección que lo cierran en distintas formas del exterior. Sin embargo, requiere también de flexibilidad y evolución, aunque bajo su propia lógica, para mejorar el logro de sus propios objetivos, tanto como para la resolución de aquello que obstaculiza su quehacer: Es menester del especialista coadyuvar a ello, comprendiendo y respetando profesionalmente sus características.

Los “anexos” residenciales de grupos de autoayuda son de gran importancia, más que únicamente como respuesta y alternativa social, para una crítica necesidad, por sus características.

En forma alguna son simplemente una opción barata, como tampoco lo es el trabajo terapéutico en grupo, sino una elección y alternativa cualitativamente distinta. Antes que ser una técnica, ofrecen la oportunidad de participación en un proceso social, complejo como otros, constituido y estructurado para la rehabilitación en adicciones.

 

Bibliografía, vínculos y notas


Adorno, Theodor W., “Acerca de la relación entre sociología y psicología” en Teoría critica del sujeto, Editorial Siglo XXI, D.F., México, 1986, p. 36‑77

Barley, Nigel El antropólogo inocente: notas desde una choza de barro, Barcelona, 1989, Editorial Anagrama

Borkman, Thomasina J., “Experiential, professional, and lay frames of reference” en Working With Self‑Help, Editorial National Association of Social Workers Press, Silver Spring, Maryland, EEUU, 1990, pp. 3‑29

De La Peza C., Ma. del Carmen, “Algunas consideraciones sobre el problema del sujeto y el lenguaje” en: Jáidar, Isabel (Comp.), Caleidoscopio de subjetividades, Edit. UAM-Xochimilco, México, 1993, pp. 71-80.

Goffman, Erving, Estigma: La identidad deteriorada, Edit.  Amorrortu, Buenos Aires, Argentina, 1970.

 

International Journal of Self-Help & Self-Care, Vol. 1, Edit. Baywood Publishing Co., Amityville, NY, EEUU, 2001-2002.

Klein,   Linda L., The Support Group Sourcebook, Edit. John Wiley & Sons, New York, NY, EEUU, 2000.

Kurtz, Linda Farris, Self-Help and Support Groups: A handbook for practitioners, Edit. Sage Publications, Thousand Oaks, Ca., EEUU, 1997.

Madara,   Eduard J. y Bárbara J. White, The Self-Help Group Sourcebook, 7a edición, Edit. Saint Clares Health Services, Cedar Knolls, NJ, EEUU, 2002.



[1] Anexo o anejo: “Agregado o unido a otra cosa, de la que depende o con la que tiene una estrecha relación: vive en un chalé anexo al nuestro.” En diccionarios de ElMundo.es http://diccionarios.elmundo.es/diccionarios/cgi/lee_diccionario.html?busca=anejo.

[2] Véase Goffman arriba y la noción de “estigma”: Wikipedia en español - http://es.wikipedia.org/wiki/Estigma_%28sociolog%C3%ADa%29 y en inglés - http://en.wikipedia.org/wiki/Social_stigma.

[3] Psicólogos clínicos, psicoterapeutas, psicoanalistas, psiquiatras, psicodramatistas, etc.

[4] En palabras de Bourdieu (1997:173) “la violencia simbólica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales, apoyándose en unas ‘expectativas colectivas’, en unas creencias socialmente inculcadas. Como la teoría de la magia, la teoría de la violencia simbólica se basa en una teoría de la creencia, o mejor dicho, en una teoría de la producción de la creencia, de la labor de socialización necesaria para producir unos agentes dotados de esquemas de percepción y de valoración que les permitirán percibir las conminaciones inscriptas en una situación o en un discurso y obedecerlas.” En http://www.unlz.edu.ar/catedras/s-pedagogia/modulo3.htm

[5] Alcohólicos Anónimos: Sección México http://www.aa.org.mx/ y Central Mexicana http://alcoholicos-anonimos.org.mx/

[6] Véase Barley arriba y también: http://www.anthroblogs.org/antropologia/archives/antropologia/antropologos/antropologos_britanicos/nigel_barley/el_antropologo_inocente/ y http://www.gandhi.com.mx/Gandhi/Libros/productDetail.cfm?prodId=221574.

[7] “El objetivo de la terapia ocupacional es lograr que la independencia sea una realidad” en Wikipedia en inglés - http://en.wikipedia.org/wiki/Occupational_therapy. Wikipedia en español - http://es.wikipedia.org/wiki/Terapia_ocupacional. Portal de terapia ocupacional - http://www.terapia-ocupacional.com/. Textos: Baum C., & Christiansen, C., (1997), The occupational therapy context: Philosophy - Principles - Practice. In C. Christiansen & C. Baum (Eds.), Occupational Therapy: Enabling Function and Well Being. p. 36. Thorofare, NJ: SLACK. American Journal of Occupational Therapy

[8] Véase Borkman en la bibliografía arriba.