Login
Register

Portada

Autoayuda

Psicología social

Investigación

Docencia

Presentaciones

Curriculum vitae

Vínculos

Bibliografía

El grupo anónimo y la familia

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

El grupo anónimo y la familia


Referencia bibliográfica: Montaño Fraire, Rolando, “El grupo anónimo y la familia” en Anuario de investigación 2001, Departamento de Educación y Comunicación,  editado por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, D.F., 2001.

Resumen

Características y modalidades de trabajo propias de grupos de ayuda mutua se discuten y se ilustran en citas, producto de entrevistas a integrantes, en diálogo con un texto clásico para el estudio de la dinámica y terapia familiar de Salvador Minuchin. Se aborda la manera en que el conflicto psíquico individual, emergente de una dinámica familiar en conflicto, se elabora en el proceso de participación en éstos grupos y también la manera en que lo aprendido en ellos influye en la propia dinámica familiar. El entorno social que constituyen dichos grupos se analiza como un medio social alternativo, normado para la socialización o re-socialización de los participantes y que ofrece la oportunidad de entrar en procesos de elaboración de la historia subjetiva, como medio para el cambio. Esto se hace aplicando conceptos propios del estudio de la familia y pertinentes a técnicas de terapia familiar.

Contenido

 

Resumen. 1

Abstract 2

Introducción. 3

El conflicto familiar y el grupo anónimo. 5

Difusión de los grupos anónimos. 6

La participación en un grupo anónimo. 6

El grupo anónimo y la familia. 7

El grupo anónimo como familia alterna. 12

El integrante de grupo anónimo y su familia. 13

El proceso de aprendizaje individual en el grupo anónimo; algunos ejemplos. 14

Conclusiones. 17

Bibliografía. 18

Abstract

Mutual aid group characteristics and modes of operation are discussed and illustrated by means of quotes from interviews, within the framework of a dialogue established with a classic text on the study of family therapy and dynamics by Salvador Minuchin.  The way in which individual conflict, stemming from family conflict is elaborated through participation in the group is discussed. The effect this process may have on the participants’ own family is also considered. Mutual aid groups are seen as an alternative social system, with rules that help participants in a process of socialization. This process involves working through personal histories as a means for change. The article offers a perspective on these matters through the use of concepts normally applied to the study of family dynamics and family therapy.

Introducción

Las variaciones de la dinámica familiar son efecto de cambios en otros aspectos de la cultura. Conforme la sociedad en general se transforma, se establecen valores culturales que modifican a la familia.

          Se puede decir que los grupos anónimos son una contracultura, o bien una cultura alternativa, en cuanto a ciertos patrones culturales y de valores. Un ejemplo de esto es la abstención total en el consumo de alcohol, contrario al habitual consumo y uso social de la bebida, que es un patrón generalizado en la cultura occidental. Esta abstención es un esquema de valores y por ende también un patrón de comportamiento individual, de entre los muchos que son propugnados por un conjunto numeroso de grupos de ayuda mutua que es Alcohólicos Anónimos.

          Los diversos tipos de grupo anónimo, de entre los cuales AA es solamente uno, tienen en común una misma forma de abordar los problemas de sus participantes. Algunos de los elementos esenciales de esta metodología son normas para el diálogo, diferido en el tiempo, entre los participantes, que se establece mediante el uso de una tribuna, que es el lugar de la palabra, a la que se accede por relevos y bajo diversas premisas. Otro principio básico es el de hablar de uno mismo, de la propia persona solamente, es decir, en primera persona, a partir de la experiencia personal. Esto se hace un medio, entre otras cosas, para limitar o contener los mecanismos proyectivos de las personas y también los que son habituales en grupos sociales particulares. Los anteriores son solamente algunos ejemplos de las distintas formas en que, en diversos grupos anónimos, se aplica parte de lo que se puede denominar una misma estrategia terapéutica. En realidad son normas y premisas avaladas y difundidas en el pequeño medio social que cada uno de éstos grupos constituye  por su utilidad y que pueden llegar a tener efectos que se pueden considerar terapéuticos, en algunos de los participantes.

          Cada grupo anónimo ofrece a sus participantes normas, valores, una ética y patrones de conducta que se han hecho parte de las sub-culturas que constituyen. Cuando un elemento se integra al modelo de trabajo grupal, es generalmente porque ha sido de utilidad, como medio para abordar una problemática específica, para la socialización o re-socialización de sus integrantes. Esto es debido a que, en muchos casos, para quienes acuden a un grupo anónimo, los patrones culturales  y de comportamiento originales han sido el origen de conformaciones subjetivas en conflicto (sea intra-subjetivo o del sujeto con su medio social, si es que esta es una diferenciación digna de hacerse).

          Es necesario, para la resolución de dichas problemáticas, que las personas puedan lograr alternativas a su conformación subjetiva en conflicto, viables para cada persona y medio social específicos.

          Dado que muchos de los conflictos de quienes acuden a un grupo anónimo son el resultado de una forma exacerbada de manifestar comportamientos generalmente aprendidos en el seno de sus familias, los cuales metafóricamente pueden ser considerados ‘lenguajes’, es necesario que cada persona logre una comprensión de su uso y aplicación específicos, en el caso de cada familia dada, para poder luego encontrar o aplicar alternativas viables para sí mismos. Esto es en realidad una manera de comprender lo que se les ofrece a los integrantes de cada grupo anónimo y lo que ahí se hace.

          La perspectiva del presente artículo, que se desprende del proyecto de investigación que lleva como título Características y modalidades de trabajo propias de entornos grupales autogestivos para la ayuda mutua, es la de estudiar estrategias de trabajo, premisas y conceptos aplicados en dichos grupos que se puedan reconocer como terapéuticas, en sus efectos, en un sentido psicológico del término, si se pueden reconocer como medios para la elaboración de conflictos psíquicos de los sujetos.

          Entablando un diálogo con un reconocido autor del el estudio y comprensión de la dinámica familiar, Salvador Minuchin, a partir de su clásico libro Familias y terapia familiar, exploraremos adelante algunos elementos del trabajo que se realiza en grupos de ayuda mutua y su relación con el entorno familiar de los participantes de grupo. Utilizando algunos conceptos comúnmente aplicados al estudio de la familia y otros correspondientes a la técnica aplicada en terapia familiar, buscaremos ilustrar algunas características de la dinámica que se presenta en grupos de ayuda mutua y su interrelación con el medio familiar de participantes de grupo. Para mejor ilustrar cada asunto se integran también citas a partir de lo manifestado por integrantes de grupos de ayuda mutua.

El conflicto familiar y el grupo anónimo

El individuo que vive en el seno de una familia es un miembro de un sistema social al que debe adaptarse. Sus acciones se encuentran regidas por las características del sistema, y estas características incluyen los efectos de sus propias acciones pasadas. (Minuchin, 30)

En una familia disfuncional, cada uno de sus integrantes puede hacer manifiesto, de diversas maneras, el conflicto subjetivo interno que resulta de la tensión familiar. Además de los desórdenes psicosomáticos, o las dificultades laborales o escolares, algunos integrantes pueden gradualmente exacerbar, como parte constitutiva de sus personas, algunos de los patrones de comportamiento social propios de sus familias.

          Los patrones de comportamiento de cada familia constituyen lo que podemos denominar un lenguaje propio de la misma. Tienen una función comunicativa, como medio para la interacción pero también establecen una estructura micro-social específica. Integran además valores y normas morales y éticas particulares. Muchos de los elementos de este lenguaje provienen del medio cultural, pero tienen en cada medio familiar particularidades específicas. Sus elementos son no solamente verbales, sino que son las propias formas de cocinar, comer, apreciar los alimentos, vestir, discutir, demostrar cariño, beber, saludar, etc. Estas modalidades particulares que toma la interacción social en un medio específico, en este caso los propios de cada familia, mediante los que se desenvuelve la dinámica familiar, al presentarse de manera exacerbada en algún integrante de la familia, llegan a hacerse el lugar en el que se hace visible el conflicto, sea el  familiar o el psíquico de cada sujeto (dependiendo la modalidad de observación y análisis).

          Lo anterior es el caso, por ejemplo, cuando de una persona se considera que ‘no sabe tomar’, o bien ‘no controla su forma de comer’ o ‘se la pasa peleando’, por poner algunos ejemplos. El componente del lenguaje y de las formas de socialización y comportamiento que esto representa, propios de la familia pero presentados de manera exacerbada en una persona, son lo que se manifiesta como conflicto subjetivo en un sujeto dado. Dicho patrón de comportamiento se hace, con el tiempo, parte de la conformación subjetiva de alguna persona en particular; se llega a asignar como “su” problema, desde el punto de vista del resto de la familia.

          El comportamiento que es llevado al extremo por uno o más miembros de la familia es, frecuentemente, aquel que es utilizado como válvula de escape de tensión, o como el medio mas común para la manifestación  de problemas en esa familia.

          Los mecanismos proyectivos, aplicados por individuos y también por el medio social que es la familia, de manera concertada (aunque sea inconscientemente) son la causa de que el conflicto del conjunto sea desplazado a uno o unos pocos de los integrantes de la misma por parte de la mayoría de sus integrantes. “Cuando existen situaciones de desequilibrio del sistema [familiar], es habitual que los miembros de la familia consideren que los otros miembros no cumplen con sus obligaciones. Aparecen entonces requerimientos de lealtad familiar y maniobras de inducción de culpabilidad” (p. 86).

          En palabras de un integrante de grupo anónimo:

Es más fácil culpar a alguien o a cualquier cosa exterior que admitir que en mi o en mi familia hay  un problema que hay que resolver.

Difusión de los grupos anónimos

Los grupos anónimos son conocidos tanto por la publicidad directa de algunos de ellos, como por la difusión que reciben en programas de radio y televisión, cuando se discuten las problemáticas que abordan, así como por la gran cantidad de personas que asisten o han asistido a ellos.

          La organización más numerosa de grupos anónimos, Alcohólicos Anónimos (AA) tenía en 1994 mas de 12,000 grupos en México. Otros grupos son menos numerosos, pero tienen también una cobertura importante. Cada conjunto de grupos de ayuda mutua aborda problemáticas específicas de sus integrantes y se define con base justamente en esa tarea. Sus modalidades de operación y particularidades difieren grandemente.

La participación en un grupo anónimo

Veamos un ejemplo, a partir de lo reseñado por una participante de grupo anónimo, de la forma en que, en un caso particular, una persona comenzó a asistir a un grupo:

Me sentía inconforme. No sabía que me pasaba. Me deprimía frecuentemente. Pasaban días y no me levantaba de la cama. Difícilmente me levantaba al baño. Me irritaba con facilidad de todo y de nada. Quería golpear a  cualquiera que se me pusiera enfrente. No perdía oportunidad de discutir. No sentía interés por nadie ni nada. Las peleas con mi familia cada vez eran más frecuentes y más crudas. No veía a nadie. Me angustiaba y me arañaba los brazos; me jalaba el cabello; me golpeaba en la cabeza; pateaba las puertas. Pensaba en la muerte constantemente. Con los psicólogos simplemente no me acoplaba; con ninguno de los cuatro con los que traté. Había oído mencionar un grupo. Tenía miedo, tal vez de que hubiera gente que hubiera cometido algún delito, pero no sabía que hacer. Me sentía terriblemente sola. Mi hermano decía ‘sólo los locos van a un grupo así’ y yo no estaba loca. Fui a un grupo cercano, cuidándome de que nadie me viera entrar.

          La participación en un grupo anónimo es el encuentro entre pares con similares problemáticas, en un entorno normado específicamente para la escucha mutua, en el que se configura un espacio social de contención emocional. El participante puede simplemente escuchar a otros, sin hablar, hasta que se sienta suficientemente cómodo para hacerlo. Es verdad también que, el que tarda mucho en participar con sus propias problemáticas ante el grupo, podrá llegar eventualmente a ser presionado socialmente para hacerlo. Estos grupos varían mucho entre si, pero igualmente comparten muchos elementos, por lo que se hace posible una discusión que los considere en su conjunto, tal como la que aquí presentamos.

          En la mayoría de los grupos existentes, que son los que operan con base en el modelo de Alcohólicos Anónimos (AA) existe un componente religioso importante. Sin embargo, esto tiene fuertes variaciones de grupo a grupo. Además existen numerosos grupos que en la práctica no operan con base en los textos de AA o bien que operan bajo modelos enteramente distintos. Por el énfasis y enfoque del presente artículo, no se discuten las características religiosas como tales o el uso del concepto dios en algunos de estos grupos.

El grupo anónimo y la familia

En los propios grupos anónimos se considera que la aceptación por parte de la familia de este sistema se logrará eventualmente, gracias a los cambios que realice el participante de grupo en su propia persona. Se considera que, conforme el participante logre una mayor tranquilidad y capacidad para hacer frente a situaciones diversas, el integrante de grupo se hará un ejemplo vivo de la aplicación de los principios aprendidos en el grupo y, de esa manera, podrá propiciar que otros participen, o bien beneficiar a su familia a partir de su propia participación en grupo y el cambio subjetivo resultante.

          Bajo la protección simbólica y en ocasiones real del anonimato (secreto interno de lo dicho en el grupo) y gracias a la regulación y encauce de la interacción que las normas, principios y mecanismos internos del grupo establecen, se configura un espacio con efectos terapéuticos. En él, cada persona presenta sus conflictos emocionales y su perspectiva sobre la dinámica y conflictos familiares y de pareja de los que es parte. Al ofrecer ante el grupo sus experiencias y sentimientos, particularmente aquellos que le ocasionan conflicto, y al escuchar a otros, puede contraponerlos con los que considere equiparables en otros participantes.

          El grupo se hace así un medio para que cada integrante pueda estudiar detalles de su propia colocación familiar y de pareja, sus fantasías y temores, los mitos y supuestos propios y de su medio, y en general todo lo que siente y vive, con base en lo visto y escuchado en el grupo y gracias a la estructura propia del grupo. Para un nuevo participante, al suceder esto al interior de un medio social configurado para recibirlo y valorarlo como persona se  cancela, por lo menos en ese momento y lugar, el estigma social y la culpabilización familiar a la que es o se siente sujeto.

          Intentamos ilustrar lo anterior con otro fragmento de una entrevista a un integrante de grupo de ayuda mutua:

Una vez que estuve en el grupo, fue como si me quitaran un gran peso de encima. Oí hablar a una persona; de momento pensé que alguien le había contado mi vida y le había descrito como me sentía; era tan parecido lo que decía a lo mío, que me di cuenta que no soy la única que sufre por esas cosas, que no soy rara ni nada por el estilo. Un  homosexual habló de sus sentimientos abiertamente y con eso sentí que yo  podía hablar de cualquier cosa y que nadie se iba a espantar, ni me iban a rechazar ni a tratar de dar consejos. Sentí bonito que la gente en el grupo me saludaba y me sonreía. Me preguntaban mi nombre y eran muy amables. Traté de escuchar. Me dijeron que pusiera atención a lo que decía el compañero que estaba en la tribuna. A algunos no los podía ni ver; sentía un rechazo fenomenal. Me dijeron que era porque o les tenía envidia, o era igualita a esa persona. Después de que estuve en una o dos juntas me fui a mi casa, sin sentir esas agujas calientes en la cabeza. Me sentí tranquila

Mi hermana se sorprende de como mi agresividad ha bajado; ya no estallo a la menor provocación, ni busco pelearme con cualquiera y en dónde quiera. Dice que mi cara ya no parece de sargento mal pagado. Cada que me ve, me pregunta del grupo. Luego no sé si contarle o no, por eso del anonimato.

          Es frecuente encontrar a varios integrantes de una misma familia en un grupo. En otros casos, varios familiares asisten a grupos y tipos de grupo anónimo distintos. AA tiene grupos específicamente para familiares de personas alcohólicas, que se denominan AlAnon. Similarmente, no es poco frecuente que una persona con algún familiar en Neuróticos Anónimos acuda más fácilmente a un grupo de Comedores Compulsivos, si siente que esa es o puede ser su problemática.

          El diálogo mediado por la tribuna, los principios difundidos en consignas tales como no soy culpable, pero sí responsable; vive y deja vivir; poco a poco se llega lejos y las diversas normas de cada grupo específico, así como las que son comunes a los diversos tipos y agrupaciones de grupos anónimos, establecen esquemas de acción y pautas de interacción, o pautas transaccionales, que cada participante hace propias, es decir que internaliza, a lo largo de su participación en uno o varios grupos.

          Al escuchar las experiencias que otros presentan ante el grupo se suscitan recuerdos o sentimientos, que configuran una temática general de las subsecuentes participaciones. Con base en ello, otros integrantes ofrecen en sus participaciones ante el grupo lo que puede considerarse que son respuestas, o hasta recomendaciones, presentadas sutilmente, con base en el principio de hablar de sí mismos, relativas a las diversas formas de abordar y resolver situaciones de vida que consideran equiparables a las situaciones presentadas ante el grupo previamente en la misma reunión. (Se dice en ocasiones que ‘el grupo es una fábrica de chalecos; te lo pones si te queda’. Esta frase puede ser ilustrativa del mecanismo social que se establece bajo el encuadre.)

          El grupo, se puede decir, es un centro de integración de experiencias y estrategias de vida, muchas de ellas específicas a problemáticas o conformaciones subjetivas particulares. Algunos de éstos principios, que inicialmente son aplicados por participantes específicos, se hacen parte de las estrategias difundidas sistemáticamente en un grupo (generalmente mediante frases y consignas que se difunden en el grupo) e inclusive llegan a ser gradualmente asimiladas por las propias familias de los integrantes.

          No solamente son divulgados principios tales como la abstención en el consumo de alcohol y otras drogas, para problemáticas de adicción, sino otros muchos principios, propios de problemáticas y modalidades subjetivas particulares.

          Al respecto, otra participante de grupo nos da algunos ejemplos:

A veces siento que voy a paso de tortuga. Me dicen en el grupo que poco a poco se va lejos y que viva el día de hoy. Creo que tienen razón. Si me pongo a recordar las ocasiones en las que me permití sentirme ofendida por mi pareja, entonces empiezo a buscarle pleito y todo el asunto termina en situaciones super tensas. No me gusta; mejor voy al grupo a desahogarme, por mi propio bienestar, pues el vivir peleando y a disgusto por todo y con todos me mantiene en el círculo vicioso de pelear, deprimirme, no hacer mis cosas y luego enojarme por estar perdiendo el tiempo.

Hoy me dijeron que antes de señalar los defectos de mi pareja, notara que tres dedos  estaban apuntando hacia mí. Entendí que ya estaba bien de resentimientos, que ahora era tiempo de hablar de mi misma, tratar de ver qué es lo que yo siento en las situaciones en las que hay conflicto y como colaboro para que se dé.

          La participación de un integrante de la familia en un grupo anónimo frecuentemente implica cancelar alianzas y pactos que existían en la familia. El familiar, que hasta ese momento había cargado con mucha de la responsabilidad por las diversas situaciones de tensión, conflicto o fracaso que se presentaban, ahora, con el apoyo del entorno de contención que representa su grupo, y gracias a algunas de las recomendaciones que en el mismo recibe, puede no estar ya tan dispuesto a cargar con la responsabilidad y la culpa que la dinámica y estructura familiares le colocaban previamente.

          Para poder verdaderamente abordar su propio conflicto subjetivo interno, el participante de un grupo anónimo necesita lograr discernir la naturaleza de su posición en su familia y, en su caso, desentenderse o hacer caso omiso de aquellas situaciones de las cuales se le hace y se hace erróneamente responsable.

          Lograr una comprensión de los ámbitos en los que cada persona es responsable y los asuntos que en la realidad puede abordar y modificar, de aquellos que no le conciernen realmente, o que están mas allá de su esfera de acción, es un proceso difícil y largo. Esto es verdad particularmente en aquellos casos en los que hacerlo implica hacerle frente al sistema familiar, que “ofrece resistencias al cambio más allá de cierto nivel y conserva las pautas preferidas durante tanto tiempo como puede hacerlo.” (Minuchin, 87)

          El apoyo de los recursos que el grupo anónimo ofrece, bajo estas circunstancias, es fundamental. Al respecto, algunas citas de participantes de grupo pueden ser ilustrativas:

· Cuando llegué a la casa noté que entre mis padres había algún problema. Antes de empezar a enojarme y tomar partido de lado de mi madre, recordé que no es mi asunto y, como me han dicho en el grupo, es una relación que a mí no me corresponde y que sus motivos tendrán. Nada gano con salirme lanzándole una mirada de puñal a mi padre y pensando que toda la culpa es de él y que mi madre es una santa y todo ese tipo de cosas.

· Hoy mi hermano anuncio que se iría a vivir con su novia. Estoy convencido de que no resultará; que será una relación desastrosa; que la novia es una comodina. Mil cosas más pasan por mi cabeza. Sin embargo, comprendo que yo no puedo hacer nada y que no puedo evitar el sufrimiento de mis seres queridos: Deja que vivan su propia experiencia y que cada quien viva lo que tenga que vivir.

· Hoy mi pareja estaba en un plan verdaderamente insoportable. Pude respetar su estado de ánimo y no subirme a su carrusel, sólo escuchándolo y comprendiendo que no era el momento de hacerlo ver nada. Es igualito a mi. Cuando se le pasó lo abracé y le dije que lo quiero, porque eso es lo que a mi me gustaría cuando estoy irritada, deprimida o angustiada, no que me estén recalcando mis errores. En el grupo he aprendido que en la medida que me acepto a mi misma, con mis defectos, me doy el chance de poder aceptar con sus defectos a los que me rodean.

          Los cambios en la forma de relacionarse, al interior de la familia de la persona que participa en un grupo anónimo, pueden desencadenar modificaciones en la dinámica familiar. El participante de grupo aprende, por ejemplo, a poner límites. En términos de las frases y de la terminología difundida sistemáticamente en grupos anónimos, aprende a no ponerse de tapete; saber escuchar; saber pedir las cosas; ser tolerante; entender que el mundo no esta en tu contra; verte a ti mismo; no subirte a su carrusel. En cada caso, cuando las recomendaciones o principios aprendidos en el grupo son aplicados en la práctica, esto puede modificar la forma de interactuar al interior de la familia y las características de la colocación del sujeto al interior de la misma. Es posible que esto tenga efectos en la estructura familiar. “Cuando se  transforma la estructura del grupo familiar, se modifican consecuentemente las posiciones de los miembros en ese grupo. Como resultado de ello, se modifican las experiencias de cada individuo” (Minuchin, 20). El entorno social y terapéutico de los grupos anónimos, en asociación con el o los integrantes de una familia que participan en él, produce cambios “a través del proceso de asociación con la familia y la reestructuración de ésta [...] para poder transformar así las pautas transaccionales disfuncionales”  (p. 141).

          Un integrante de grupo nos muestra cómo funciona esto, mediante principios aprendidos en su grupo, que utiliza para definir y establecer lineamientos para su comportamiento en relación con otros, por ejemplo sus familiares:

Las cosas se dan gracias a que doy el paso inicial, cambiando mis actitudes, sin importar si el otro está correspondiendo o no. Empezar por esforzarme yo en cambiar lo que no me gusta, antes de culpar a cualquiera. Seguiré obstaculizando mi camino hacía la tranquilidad mientras insista en que los otros son los culpables de todo, o que yo soy el responsable de todos los problemas de mi familia. El saberme corresponsable, no culpable, de lo que sucede en mi familia me aliviana y entonces funciono mejor. Todo poco a poco se va acomodando, como rompecabezas, en la medida en que yo cambio.

El grupo anónimo como familia alterna

“El sentido de identidad de cada individuo es influido por su sentido de pertenencia a diferentes grupos” (Minuchin, 81). “El hombre no es un ser aislado, sino un miembro activo y reactivo de grupos sociales. Lo que experimenta como real depende de elementos tanto internos como externos” (p. 20). Como la familia, el grupo anónimo llega a ser para muchos el lugar social en el que se puede estar tranquilo y en el que se puede lograr una mayor seguridad, confianza interna y valor para hacer frente a los requerimientos o riesgos de otros medios, en los que sean preponderantes la competencia, el estigma y otras dinámicas sociales naturalmente estresantes para la persona.

          Se puede considerar que el grupo anónimo, como lo son muchas familias, es un gimnasio o laboratorio para que, al interior de un medio social tolerante, cada participante ensaye en su persona nuevas formas de relacionarse o de actuar. Las distintas actividades prácticas, como servir té o café, asear la sala de juntas, coordinar las sesiones y otras, son responsabilidad que cada participante asume, en algún momento o de acuerdo a un rol. Las actividades mismas se hacen el lugar en el que la persona se muestra a sí misma en el grupo. En el desempeño de cada función el/la participante hace visibles ante los otros su forma de actuar y sus aciertos o errores. Simultáneamente, o en consecuencia de su actuación, se le hacen también claros al propio participante aspectos de su forma de actuar y personalidad ante otros, ya que, en este medio, toda situación que se haga problemática es a su vez integrada, por principio, a las participaciones de cada uno ante el grupo (en la tribuna); los otros participantes hablan de lo que sienten, sus disgustos, su enojo, su reacción ante el desempeño en el propio grupo de los compañeros y compañeras. De esta manera, inclusive las actividades o responsabilidades asumidas en el propio grupo se hacen parte de los elementos útiles al proceso terapéutico de cada participante.

          Un ejemplo de lo anterior puede ser el siguiente fragmento de una participación en la tribuna de un grupo anónimo, que amablemente nos fue repetido posteriormente por la propia participante:

Me acaban de poner rayitos en el cabello. Una compañera de mi oficina hizo algún comentario negativo acerca de mi nuevo arreglo; yo me lo creí y me resentí. En el metro alguien me miraba insistentemente a mis ojos. Me sentí ofendida porque pensé que ese hombre estaría observando lo mal que lucia mi cabello. Me volteé disgustada dándole la espalda. Mi madrina me dio sugerencia de hablarlo en la tribuna. Otro día alguien en el grupo me hizo notar que con esos rayitos mis ojos lucían más bonitos, pues acentuaban que el color de los ojos con mi cabello eran iguales. En el metro otro tipo me observaba, pero está vez pensé que le agradaba la combinación de mis ojos y cabello. Me sentí contenta. Si trabajas las cosas en la tribuna te sientes mejor.

El integrante de grupo anónimo y su familia

El integrante de un grupo anónimo analiza su situación familiar al escuchar las participaciones de otros y repasar las suyas propias. Logra un mejor entendimiento de sí, de sus limitaciones y problemática personal y también de su sistema familiar como una totalidad. Recordemos que “el individuo que vive en el seno de una familia es un miembro de un sistema social al que debe adaptarse” (Minuchin, 27) y que, para lograrlo, necesita tener una comprensión de lo que está en juego, aunque ese entendimiento no sea nunca completo y sea además en parte consciente y en parte inconsciente.

          Otro fragmento de una participación en grupo puede ser ilustrativa al respecto:

No me gusta lo que vivo con mi familia, pero tampoco sé decir qué es lo que sí me gustaría. Primero es conocerme a mi misma; qué es lo que me gusta y lo qué no me gusta; qué es lo que quiero. Entonces decido e intento cambiar mi forma de vida. Si no logro sanear mi relación con mi pareja actual, entonces balanceo y veo si ese es el tipo de vida que quiero llevar; o si son mis miedos los que me mantienen en esa relación en la que no soy feliz. Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que si puedo y sabiduría para discernir la diferencia. En la medida que dejo de pedir y exigir toda la atención de mi pareja y me pongo a hacer algo para mí, él solito se va acercando y empieza a ser más cariñoso.

          Mediante el familiar que participa, el entorno del grupo anónimo “y la familia forman en conjunto un nuevo sistema terapéutico, en este caso, que gobierna la conducta de sus miembros” (p. 27) que “se asocia con la familia con el objetivo de cambiar la organización de la familia de tal modo que la experiencia de sus miembros se modifique” (p. 37). Aunque estos resultados no sean el fruto de una técnica previamente teorizada, sino el resultado de un proceso evolutivo de un sistema social de ayuda mutua grupal, en el que lo que mejores efectos logra para los participantes permanece, es sin embargo equiparable a las técnicas aplicadas por profesionales, con las que se abordan éstas problemáticas. (Intentar teorizar el saber ahí acumulado es, justamente, el objetivo de este artículo y del proyecto del que se desprende.)

          La forma en que esto sucede se ilustra con algunas recomendaciones hechas a una participante en su grupo:

Una gota de miel desarma al león más furioso; el inteligente cede. [...] Escúchalos; trata de recodar que quien tiene grupo eres tu. [...] Toléralo como si fuera una nuevita, vendada y con resistencia a verse a sí misma, cometiendo los mismos errores una y otra vez, porque todavía está en la inconsciencia. [...] Tu pareja te quiere y aporta a su capacidad. [...] No sabe como hacer las cosas.

          Cada una de las anteriores recomendaciones, casi sistemáticamente hechas a los participantes de diversos grupos, si bien con variantes de caso a caso, de grupo a grupo y de una corriente de grupos anónimos a otra, incide, cuando y si es que es aplicada, en la dinámica familiar del participante. Se puede decir que es la forma en que se llevan los principios básicos de la metodología con efectos terapéuticos de cada grupo al interior del núcleo familiar de cada participante. En la medida en que esto sucede, podemos decir que el grupo anónimo incide en la familia.

El proceso de aprendizaje individual en el grupo anónimo; algunos ejemplos

A lo largo de su participación en uno o varios grupos anónimos, cada integrante trabaja diversos aspectos de su conflicto interno; elabora el conflicto o dinámica predominante en su propia familia; el propio de su colocación familiar, laboral o social y los motivos de las mismas; analiza y modifica en la acción sus principios morales o éticos y re-elabora su propia historia personal. Este trabajo gradual y recapitulación de la propia historia personal, hechas con base en los mecanismos para la moderación del diálogo y la presentación de la persona que el grupo ofrece, se hacen un proceso social que llega a tener enormes efectos terapéuticos.

          En los varios ejemplos que presentamos a continuación se ilustran formas en las que algunos participantes trabajan aspectos particulares de las problemáticas antes indicadas.

          Sabemos que “el hombre tiene memoria; es el producto de su pasado. Al mismo tiempo, sus interacciones en sus circunstancias actuales apoyan, califican o modifican su experiencia” (p. 37). Para llevar a cabo un proceso de cambio subjetivo, las experiencias pasadas deben de poder ser transformadas en medios útiles para el aprendizaje, en lugar de resultar en simples repeticiones y estancamiento.

          En el siguiente ejemplo se ilustra la forma en que la compulsión a la repetición se le ha hecho presente a un participante:

Cuando vivo una experiencia similar a otra, de la cual tengo malos recuerdos, siento que mi esposa va a reaccionar igual que en esa ocasión. Ahora me doy cuenta que muchas veces yo provoco lo que temo. Me ha funcionado hablarlo en el grupo, cuando me estoy sintiendo mal por algo que en realidad sólo está en mi imaginación.

          En el siguiente ejemplo se ilustra como un participante se ha hecho atento a algunos de los efectos de su fantasía:

Constantemente me cacho; ya puedo detectar mis actitudes cuando estoy a punto de dar rienda suelta a mis fantasías; ya puedo detener mi mente, ocupándome en algo, o viniendo al grupo a decir lo que siento. Así puedo distinguir y quitar las telarañas y entonces tranquilamente hablar acerca de lo que no estoy de acuerdo con quien necesito hablarlo.

          La necesidad de elaborar y recapitular sobre la propia historia subjetiva, para encaminarse a la resolución del conflicto psíquico, se ilustra en este ejemplo, en el que además se integran preceptos básicos del grupo que apoyan este trabajo:

Para sanear las heridas, hay que abrirlas y restregarlas hasta deshacerse de lo infectado una y otra vez, las veces que sea necesario. Pretender que no existen o negarlas me estanca más: Para poder entender porqué reacciono de alguna manera, que no me gusta o me acarrea problemas. Al hablar de una experiencia traumante varias veces me doy cuenta que no soy culpable, aunque tal vez yo contribuí a que me sucediera ... puedo rescatar el lado positivo de la experiencia. Finalmente soy responsable de mi bienestar ahora.

          Con el siguiente ejemplo se ilustran algunas estrategias que son difundidas en los grupo anónimos para propiciar la mutua tolerancia y así posibilitar la escucha entre participantes:

El crecimiento en cualquier relación es consecuencia de primero haber saneado yo la relación conmigo mismo. No necesariamente es cierto lo que yo siento, que la gente está para agredirme, que me están diciendo cosas negativas. Primero debo ver qué me estoy diciendo a mi mismo. Cuando escucho a los compañeros con el corazón, entonces comprendo el porqué de sus actitudes, que me provocaban un rechazo hacia ellos y se borra cualquier sentimiento negativo. Al aceptar a otros, me acepto a mi mismo.

En el grupo pienso que se estimula primero a ver las cosas positivamente. Si el otro actúa mal, pensar que no lo hace con el afán de molestarme, que yo soy el que tiene un grupo, por lo tanto debo ser paciente y tolerarme primero que nada conmigo mismo. Sí uno está a gusto consigo mismo, entonces lo está con los demás. O sea, es una manera de adaptarse, encontrando la salida positiva; me ayuda pensar que el que puedo cambiar soy yo, en lugar de estar siempre tratando de cambiar a los demás.

          Los valores y propuestas difundidos en cada grupo son frecuentemente adecuados al medio social de los participantes y la problemática y conformación subjetiva particular de las personas que comparten una particular situación de vida. Es así que en cada grupo se llegan a difundir patrones morales y éticos particulares, que los participantes pueden o no asumir y que pueden llegar a parecer ajenos a personas que tienen una mirada desde fuera de la situación de vida que en el grupo se aborda y de las respuestas o soluciones que en el grupo se difunden.

          Finalmente, como un ejemplo de la forma en la que son aplicadas las distintas herramientas y técnicas que se pueden aprender en los grupos anónimos, algunas de las cuales fueron reseñadas en los anteriores ejemplos, veamos ahora la narración del proceso de superación de algunos conflictos:

... Yo no soporto que me mire en forma desaprobadora. Me entra la histeria el tan sólo pensar que hice algo mal; reacciono en forma agresiva y todo termina en una pelea. Después de trabajarlo en la tribuna, me di cuenta que la mirada desaprobadora estaba ligada a una paliza que me dio mi padre, cuando era niña. De ahí en adelante, para evitar problemas, trataba siempre de agradar y seguir al pie de la letra lo que pedía mi padre, buscando su aprobación, porque de lo contrario me entraba pánico de ser golpeada. De adulta el miedo se manifestó como agresión, cada que me encontraba con esa mirada dura en cualquiera con quien me relacionaba.

          “El sentido de la identidad de cada miembro se encuentra influido por su sentido de pertenencia a una familia específica. [...] El sentido de separación y de individuación se logra a través de la participación en diferentes subsistemas familiares en diferentes contextos familiares” (Minuchin, 80). Similarmente, para muchos de sus integrantes en distintos sentidos el grupo anónimo asume la función de un nuevo sistema familiar, en él que completan o llevan a cabo procesos de subjetivación y socialización que no han logrado en otros lados:

Llegué completamente antisocial, incapaz de saludar a la gente, mucho menos de mirarlos a los ojos. Gracias a que, al terminar cada junta en mi grupo las compañeras se abrazan me di cuenta, poco a poco, que no importaba de qué había hablado en la tribuna; ¡igual me abrazaban! Nunca sentí el rechazo de su parte. Conforme me sentí aceptada pude ir venciendo el miedo a tomar yo la iniciativa y sentirme segura al hablar con una recién llegada al grupo. Antes me sentía rechazada, porque yo misma no me aceptaba, porque consideraba algunas cosas pasadas incorrectas: No me sentía digna de nada.

Conclusiones

Uno de los objetivos de un entorno que pueda denominarse terapéutico, para el aprendizaje y la ubicación social del sujeto, es que en el mismo una persona pueda llegar a aprender y aplicar estrategias, actitudes y colocaciones nuevas para sí misma. Que pueda lograr vencer la repetición, para arribar a modos de actuar, “formas de ser”, una configuración subjetiva tal que la propia persona asuma en sí misma por considerarlas mejores. Este es el caso especialmente cuando los problemas a resolver son de índole emocional, que no hayan podido ser conscientemente analizados, por ser pertinentes a cuestiones inconscientes en el sujeto, o bien por ser ocultados por la propia dinámica social de la familia (y frecuentemente por ambos motivos en mancuerna).

          El grupo anónimo se hace un medio social con efectos terapéuticos para muchos de sus integrantes. Un medio para el aprendizaje y el cambio, ya que ofrece diversos recursos específicos que han permanecido y son utilizados, precisamente porque son útiles para abordar problemáticas emocionales, o bien problemáticas referentes a hábitos y conformaciones subjetivas de sus participantes, tales como las adicciones.

          El grupo anónimo se hace “la otra familia” de muchos de sus participantes. Como la familia, ofrece normas y valores validados en su interior. Es también un  lugar hecho para la socialización de las personas, es decir, para el cambio subjetivo ubicado social y culturalmente, de personas con problemáticas, configuraciones y características o colocaciones sociales específicas de los participantes de un mismo grupo. Es un espacio de contención y para el apoyo emocional mutuo, entre personas en similar situación, pares que se consideran a sí mismos hermanos “con un mismo problema común” (sic). Como la familia, el grupo anónimo “es un sistema que opera a través de pautas transaccionales” (p. 86) que definen nuevos modos de actuar y, eventualmente, formas de ser de los participantes, acordes a un entorno social y cultural dados.

          En los grupos anónimos se ofrecen alternativas a patrones de consumo y comportamiento tales como las formas de consumir alcohol y otras drogas, o de comer y en general de interactuar con otros, que se hicieron dañinas o perjudiciales para las personas que asisten a ellos y para sus familias.

          En dichos grupos no sólo se ofrecen algunas respuestas específicas, que sus integrantes han encontrado útiles. Lo más importante es que se ofrece a cada participante un entorno social y grupal idóneo para que, en colaboración con sus pares, realice un análisis detallado de su problemática y situación, para así eventualmente lograr modificaciones en su forma de ser, de actuar, o de percibir las cosas y también de colocarse o manejarse socialmente. Muchos de los problemas de los participantes son efecto de dinámicas disfuncionales, propias de sus entornos familiares y de colocaciones desventajosas que ellos asumieron al interior de las mismas, situaciones en las que se constituyeron como sujetos.

          Además de lo anterior, cada grupo anónimo es parte integral y producto del entorno social más amplio en el que está inserto, por lo que asume características religiosas, culturales y políticas particulares.

Bibliografía

Ajuriaguerra, J., “El niño y su familia” en Manual de psiquiatría infantil, pp. 765-808, Edit. Masson, 1983.

Alegria, Margarita; Bird, Hector; Bravo, Milagros, “Children of Alcoholic Parents in the Community” en Journal of Studies on Alcohol, pp. 78-88, E.E.U.U, 1991.

Barragán, Mariano, “Interacción entre desarrollo individual y desarrollo familiar” en Nuevos títulos de CBS, pp. 174-205, UAM-X, México.

Bauleo, Armando, “Grupo familiar” en Ideología, grupo y familia, pp. 57-105, Edit. Kargieman, Buenos Aires, Argentina, 1970.

Enciclopaedia Británica, edición en disco compacto, Edit. Enciclopaedia Británica, Gran Bretaña, 1998.

Guinsberg, Enrique, “Familia y tele en la estructuración del sujeto y su realidad” en Revista Subjetividad y Cultura, pp. 23-37, México, D.F., 1995.

Levi-Strauss, Claude, “La familia” en Polémica sobre el origen y la universalidad de la familia, pp. 7-49, Edit. Anagrama, México, D.F., 1974.

Minuchin, Salvador, Familias y Terapia familiar, Edit. Gedisa.