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El grupo de ayuda mutua como configurador de subjetividades

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El grupo de ayuda mutua como configurador de subjetividades

Intervención en comunidad mediante la promoción y gestión de grupos de ayuda mutua (autoayuda)

Mtro. Rolando Montaño Fraire

La promoción de grupos de autoayuda y el trabajo profesional para su gestión son un medio importante para la intervención en comunidad. Este trabajo apunta al apoyo de procesos sociales que se encaminan a la autonomía de grupos que se reúnen regularmente. Para llegar a ello, es primero necesario conocer conceptualmente lo que es un grupo de autoayuda, cabalmente de ayuda mutua, ya que es un trabajo grupal.

Los entornos grupales para la ayuda mutua que se presentan en la comunidad, comúnmente conocidos como grupos de autoayuda, tienen una serie de características comunes. Para abordar las necesidades sociales de las personas que los forman y sostienen y hacerse medios de sostén, información y socialización, éstos grupos tienden a hacerse espacios autogestionados con una serie de elementos particulares que los configuran como dispositivos grupales con un carácter específico.

La ayuda mutua es una idea que nos permite concebir algunas formas de relación social. Ayuda mutua es toda relación en la que unos y otros se apoyan recíprocamente para superar una situación o problemática.

Ayudar a otro puede ser el reconocer un problema o situación de vida desde fuera, más objetivamente, menos emocionalmente; ver las necesidades de otros. Cuando una persona tiene dificultad para abordar una situación sólo, para confrontar un problema o tarea de manera individual, la colaboración es la forma natural y necesaria de llevar adelante el proyecto que se defina como necesario de emprender.

Si uno está atorado, la ayuda es lo que se recibe en colaboración con otros, para adelantar un proceso. El que ayuda reconoce una necesidad y se reconoce en la posibilidad  de colaborar. Pero esto no implica necesariamente un conocimiento especializado ni una destreza profesional. La noción de que  la ayuda sea mutua implica una situación en la que los participantes son personas comunes, sin un saber o forma de hacer las cosas que implique un estudio formal o sistematizado. La noción de la ayuda mutua implica una situación horizontal, entre iguales, entre pares. Personas que cooperan; que colaboran, generalmente con una búsqueda de formas democráticas, pacíficas y concertadas de la acción conjunta.

En la ayuda mutua el apoyo pasa por procesos de identificación. La idea de ayuda mutua es otra forma de denominar a la sociedad civil y el vínculo entre personas que comparten similares valores, situación de vida; momentos; procesos de transición. Hablar de sociedad implica grupalidad. La forma en que las personas se conjuntan por diversos motivos. En realidad toda acción humana es inmediatamente una acción colaborativa, que se lleva a cabo entre varios (aún en el mundo imaginario al interior de cada sujeto social). Y esos varios tienden a agruparse en pequeños núcleos. Unos pocos. Unas cuantas personas que emprenden una actividad conjuntamente. Se distribuyen las tareas necesarias para llevar a término un proyecto, sea pequeño o grande, para abordar una situación y problemática que les reúne.

Ese es el carácter fundamental de la socialidad. Funcionamos en colaboración con otros. Nos reunimos porque esto nos hace sentir bien. Disfrutamos la compañía porque la posibilidad conjunta de afrontar situaciones y empresas nos brinda seguridad y el sentimiento de que somos alguien que vale para la colaboración y para los otros. Somos o nos hacemos una persona significativa o importante. Nos reunimos con otros, primero y antes que nada por el valor humano o personal que nos hacen sentir de nosotros mismos y que nosotros reconocemos en otros, gracias a la acción y los efectos de la misma en nuestra realidad y vida.

Buscamos aprender de otros y valoramos cuando aprenden de nosotros. Gracias a la acción común en la que participamos, reconocemos lo que hay de valioso en nosotros mismos. Buscamos a otros porque buscamos ser quien más desearíamos. A través de conocer a la otra persona y aquello que nos puede brindar de sí mismo, encontramos lo que desearíamos adoptar y hacer nuestro. Queremos platicar con otros, desahogar o sacar una serie de cosas. Pronto aprendemos que si las hablamos, se aclaran. Esto nos permite reconocer situaciones y vivencias. Comprenderlas y con ello hacerlas más amables, menos difíciles. Transformarlas en algo distinto de lo que originalmente eran en el momento de tensión y conflicto de sentido.

Buscamos convertir las experiencias en algo que pueda ser contado y hacerse así valioso, antes que continuar siendo un momento o conflicto propio y de otros. Tal vez una tensión personal. Queremos decir a otros lo que sentimos y vivimos para irlo superando, transformando, resolviendo, cambiando de significado y signo. Es por esto que platicamos y hablamos. Queremos llevar lo vivido más allá de lo que actualmente es para ir haciendo un cambio. Platicamos con otros para avanzar; para movernos. Buscamos salirnos del estancamiento que impone el valor actual que asignamos a los acontecimientos, vivencias y lugares que ocupamos. Nos reunimos por diversión; por conocer; por salirnos de nosotros mismos. Para superar aquello en lo que estamos atorados. Avanzar y transformar lo dramático en comedia y humor. Con otros, bajo ciertos marcos de relación, podemos ir reconstruyéndonos.

Es reconfortante saber que uno es importante para otros. Nos hace sentir más tranquilos el que nosotros seamos algo y alguien para otros. Es reconfortante poder pedir ayuda (aunque sepamos que la responsabilidad final es nuestra). Igualmente saber  que uno también puede ofrecerla y sentirse en una situación en la que hay entendimiento afectivo, o una aceptación mutua tal que podemos relajadamente y sin temores recibir y ofrecer palabras y saberes como apoyo. Por muy mínimo o aparentemente intrascendente que parezca lo que logramos ofrecer, refrendamos la importancia de unos para otros y de unos y de otros en lo personal. Fortalecemos nuestra misma identidad, simplemente como seres humanos. Personas que por ello son, se hacen y se sienten valiosas.

En la relación hay chispa, hay química. Hay elementos comunes, racionales, conscientes o inconscientes. Procesos identificatorios en los que unos y otros se reconocen en sus historias, sus vidas, sus lugares, sus valores. Tal vez en sus momentos de debilidad. También en situaciones y posiciones. Unos pueden verse y reconocerse en otros. Sentirse similares en algún sentido. Entrar en procesos en los que, cuando algo del otro me gusta, automáticamente estoy valorándome también personalmente. Hay también erotismo y sensualidad, sea sutil, sublimada o directa. Elementos que le dan un valor a la relación, más allá de la información que se comparte y la ayuda que se intercambia.

Deseamos trabajar, colaborar, convivir. Buscamos hacer grupo, “familia” y equipo con quienes son sinceros cuando existe una situación en la que esta menos presente la mentira, hipocresía e información velada. Ahí donde el otro y cada uno sienta que puede hablar con franqueza. Entonces automáticamente comienzan las actividades y trabajos; los juegos; las tareas; los viajes y los cambios que emprendemos juntos. Buscamos colaborar en un ambiente de confianza, tranquilidad y armonía. Esto es así porque sabemos que para la colaboración son necesarias el menor número de máscaras. Buscamos una situación que no sea superficial. Que no sea sólo lo aparente o supuesto que marca la relación de fuerzas y la lucha estratégica por el poder, sino lo tangible y lo real, como posibilidad de colaboración. Esto sea para emprender una tarea, para conversar un tema o para aprender.

Cuando la tarea es el asunto primordial para los que colaboran y hay un entendido de reconocimiento recíproco en el que unos no son percibidos como distintos, superiores o inferiores, el asunto central se hace avanzar en los objetivos de conjunto. Se hace equipo. Se hace grupo de trabajo. Se define tarea. Es así que la colaboración social pasa a ser el establecimiento de un grupo, una pequeña sociedad para la colaboración.

El apoyo mutuo es un concepto que permite pensar sobre lo que es necesario para establecer una situación de trabajo conjunto. Aquello que sirve para configurar un medio social que permita a cada uno ser valioso como persona, para sí y para otros. Esto al menos en un sentido imaginario y simbólico, útil primeramente para afrontar y superar los elementos que en el camino hay que abordar, tanto en lo personal como en la empresa común que se defina. Se conjuntan los elementos subjetivos a un proyecto y organización social que se materializa en lo grupal. Y el trabajo implica desanudar tanto lo subjetivo como lo colectivo, para lograr el avance en ambos planos. Así se integra la tarea de superación personal con la de consolidación de equipo y grupo. Se establece y hace necesario en sus varios niveles el medio social y cultural propicio para este tipo de proceso.

La colaboración se establece porque diversas personas se ven reunidas coyunturalmente por una situación que necesitan resolver. Se detienen a hablar. Sea en una familia como en un equipo; un conjunto de amigos; entre personas que estudian en común o en un grupo de trabajo, se discuten los asuntos que hay que resolver. Se distribuyen tareas. Se reconocen y se asignan actividades, conforme a lo que cada uno es capaz de llevar  a cabo o bien decide y elige intentar. Se habla; se acuerda; se entra en acción. Luego nuevamente se suele detener todo, para considerar aquellos elementos que hay que cambiar. Cuando se hace posible una comunicación constante que facilita la colaboración y permite el avance de la tarea, es porque todos comparten una similar noción de los objetivos y la empresa.

El hablar en común es también el negociar y decidir qué es lo que se está haciendo. Para qué es. Que todos puedan ubicar un lugar para si mismos en la actividad a cada momento. Pero también que puedan reconocer, mediante un esquema similar, la importancia simbólica y práctica de la empresa, tanto en lo personal como en cuanto a un compromiso social. Que cada quien identifique su valor como sujeto social y el de su acción, para proyectos más allá de la propia persona.

Los participantes hablan y acuerdan para lograr un ensamble entre sus esferas de acción. Entre sus esferas de sentido. Para el conjunto de la actividad común que se integra en la tarea de grupo. El grupo de trabajo jala a cada participante. En cada momento se toman lugares y emprenden acciones relativas al proceso subjetivo y colaboración en la empresa colectiva. El trabajo grupal acelera el trabajo personal y de proyecto, porque la actividad se hace parte de una colaboración en la que el propio ritmo de conjunto permite comprender los procesos y emprender de mejor forma cada actividad. Estando solos es común avanzar menos; trabajar, actuar, desenvolvernos, cambiar y superarnos a un ritmo menor. También irnos deteniendo hasta el paro total. En grupo en cambio, nos vemos acompañados por la acción conjunta y el sostén social; también por el ritmo.

La colaboración nos lleva a dejar a un lado lo superfluo, los temores o el ensimismamiento en una reflexión poco productiva. Nos permite abordar la acción, el cambio y el movimiento necesarios. Sea un cambio simbólico, subjetivo o un asunto de información y destrezas para la acción. ¿Cuál es la columna vertebral, eje, o motor del equipo? ¿El vínculo emocional? ¿La importancia de los otros para nosotros? O bien ¿la tarea y empresa personal y colectiva? Permiten hacerse y ser parte de un equipo el objetivo personal vinculado al grupal y a la empresa o proyecto, así como el lugar social que ocupamos y el valor personal y significado que nos ofrecen aquellos otros que se hacen valiosos para nosotros. En el medio de un grupo de ayuda mutua se propone que además, se hace posible encaminarse a ser la persona que se desea y se puede llegar a ser. Esto gracias al sentido simbólico de un lugar, posición y acción en un grupo y en los varios otros que configuran a cada persona como sujeto social.

Las personas hacemos grupos en distintas situaciones. Esos grupos son tan naturales y surgen tan espontáneamente que virtualmente no son reconocidos. El equipo de trabajo; la familia; el grupo de amigos en el club social o deportivo. Pero hay otras ocasiones en las que nos agrupamos con otros. En momentos de crisis. Con cambios importantes en la vida, enfermedad, agudo conflicto, desarraigo, extranjería. En situaciones críticas en las que nos sentimos solos, por una enfermedad irremediable y progresiva. Porque nuestro cuerpo ha sufrido una transformación importante; porque nuestra situación de vida, económica o familiarmente se ha visto impactada grandemente por muertes, problemas económicos, catástrofes. En aquellas situaciones en las que nos sentimos, tal vez desamparados, rechazados, con gran dificultad para abordar una problemática; un reto; un cambio. Solemos también quedarnos cruzados de brazos, sufrir, irnos deteniendo, entrar en la depresión. Pero también solemos buscar a otros. Reconocernos en otros.

Solemos unirnos a quienes sentimos que nos pueden apoyar, sea porque viven una similar situación o tienen interés y deseo de colaborar. Esa forma de asociarnos, esa forma de agruparnos es un proceso social común. Es una dinámica que se presenta frecuentemente de manera casi imperceptible, pero que con el tiempo y la acción va consolidando grupos, asociaciones, saberes específicos y formas de organización y acción. Cada una de ellas tiene que ver y se adecua precisamente a esas situaciones de vida y problemáticas que reúnen a las personas. Son el producto de la acción de esas personas, que en algún momento buscaron unirse o terminaron juntándose por los más diversos y específicos motivos.

En su momento buscamos o nos encontramos con otros que viven algo similar a nosotros. Sentimos que es lo mismo, sea clara y directamente reconocible como igual o porque un simple sentimiento e imagen nos hace reconocernos en otros. Esto sucede en un grado y a un nivel que se hace posible para nosotros verdaderamente escuchar. Tal vez también ser escuchados. Se dispara una interacción que suele comenzar por un gran desahogo y una gran narración, lágrimas, momentos que se necesitaban expresar. Cosas que para comenzar había que describir a otros que estuviesen receptivos, abiertos. Al encontrar ese espacio, especialmente cuando es social y está estructurado para ello, puede arrancar un proceso y un trayecto que con la acción conjunta pueda llevar a transiciones en las que el proceso subjetivo se haga además parte de un proyecto grupal y social.

La manera en que éstas formas de asociación estructuran formas de trabajo grupal que se hace regular y sistemático es el tema que nos atañe, porque su comprensión puede llevarnos a conocer algo más sobre la socialidad y las formas en que personal y colectivamente se hace frente a diversas situaciones.

Éstos grupos, mismos que proponemos denominar de ayuda mutua, son entendidos como una modalidad de red comunitaria.

Desde el inicio del proyecto de investigación “Entornos grupales autogestivos para la ayuda mutua” se buscó analizar aquellos elementos que constituyen la base para la configuración y sostenimiento del encuadre de trabajo de un grupo de ayuda mutua, tales como por ejemplo los que constituyen una función de coordinación. Las observaciones fueron hechas con un enfoque específico. Se trabajó con base en la premisa de que los grupos de ayuda mutua pueden ser considerados como grupos terapéuticos, tal como rutinariamente los definen sus propios integrantes. Hoy sabemos que solamente tienen un efecto terapéutico, para algunos de sus participantes. (La cuestión finalmente radica principalmente en la definición de lo que se considera terapéutico y lo que se define como grupo terapéutico.) En este sentido queda claro que no se adoptaron enfoques utilizados por otros investigadores, tales como los que conciben a los grupos en su conjunto como sectas religiosas aisladas; como una cultura, o con el fin de obtener un análisis netamente sociológico. Esto por considerarlos enfoques poco adecuados para los objetivos del proyecto.

Los resultados obtenidos mediante observaciones se han contrapuesto con modelos de trabajo grupal de ayuda mutua distintos al hegemónico en México, que es el conocido como de “12 pasos” de Alcohólicos Anónimos (AA). Tras un estudio detallado de ese modelo, que desembocó en una tesis de maestría, se construyó luego una propuesta de modelo de trabajo grupal para la ayuda mutua que integra las distintas hipótesis y conceptualizaciones logradas en el trabajo de indagación. Simultáneamente se definió una estrategia de trabajo profesional para la gestión y fomento de grupos de ayuda mutua.

En términos generales, se observó que el tipo de trabajo realizado por los integrantes de los grupos de ayuda mutua con los que se trabajó se asemeja a la labor que se lleva a cabo en un grupo terapéutico coordinado por profesionales en algunos aspectos. En otros casos se observaron características y particularidades específicas de las modalidades de trabajo de ayuda mutua, que si bien no son equiparables a las de un grupo terapéutico coordinado profesionalmente, son factores que tienen una importancia y una razón de ser que corresponden a la constitución y sostén de un dispositivo de trabajo grupal de ayuda mutua.

Parte de los resultados de trabajo han permitido reconocer estos procesos sociales como algo distinto y específico, pero con modalidades y características comunes que surgen como respuesta y forma de abordar conflictos psicosociales de manera grupal y en las que los participantes se centran en buena medida en procesos de elaboración subjetiva. Esto implica que de alguna forma se aborda el conflicto psíquico. Y esto ¿cómo se logra?

El lenguaje entre el niño y quien lo tiene a su cuidado comienza por ser un ‘lenguaje privado’, un uso privado del lenguaje; incluso se instaura necesariamente como ‘lenguaje privado’ desde el primer momento [...] Y también son privadas las ‘significaciones’ que lleva consigo y el seudo-mundo al que se refieren (Castoriadis, 1975:233)

Se puede decir que el conflicto psíquico, en todas las edades, constituye un regreso a un lenguaje privado, como el de la temprana infancia, frecuentemente no compartido ya por un otro o grupo emocionalmente significativos.

El grupo de ayuda mutua constituye un entorno que trabaja para la integración del sujeto a un entorno simbólico y de lenguaje específicos, con características que han permanecido en cada tipo de grupo por su utilidad, como apoyos para este tipo de proceso de contención y reorganización de sus participantes. Como la madre, el grupo comienza por una acogida tolerante, amable, casi incondicional del nuevo integrante, independientemente de sus actitudes (en los mejores casos y en menor grado en otros). El proceso subsecuente es el de entrada en el lenguaje, sentido y entorno de trabajo en el grupo.

Cuadro de texto: De lo dicho en un grupo . . . Aquí nadie te va a dar consejos. Imagínate si alguien te da un consejo y la cosa te sale mal, pues le echas la culpa a quien te aconsejó. Además cuando alguien habla de su vida, de su experiencia, es la forma como te daría el mejor consejo, desde su experiencia. Ahí tú si lo tomas o no.Mediante la normatividad puesta en sitio y acordada por los integrantes del grupo, se establece también que las narraciones que el participante escucha serán pertinentes a las emociones y problemática actual del que habla (aunque para trabajarlas sea reconocida la necesidad de una extensa exploración del el pasado subjetivo). Así, cada participante de grupo pierde el control autónomo de las significaciones y por tanto entra en el lenguaje y medio social, al integrarse en el flujo de sentido propio del grupo.

“Únicamente es posible destituir al otro de su omnipotencia imaginaria si se lo destituye de su poder sobre las ‘significaciones’” (Castoriadis, 1975:233) Y esta es una forma de describir lo que sucede en la escucha de un sin número de narraciones, con cada una de las cuales el participante se identifica en algún grado y aspecto. Este proceso es apoyado por el presupuesto básico de ser parte de un grupo de pares, así como por la dinámica de un pequeño grupo social que ofrece pertenencia e identidad.

Si consideramos que lo terapéutico es también lo que nos permite aprender a desenvolvernos de acuerdo a un entorno social específico, entonces un medio que dispone para y ofrece la posibilidad de escuchar, reconocer y observar formas de operar y estructuraciones subjetivas -como el que acabamos de describir- puede considerarse un medio social con un carácter terapéutico.

Para ser terapéutico, un entorno social tendrá que ser propicio para el cambio subjetivo, con respecto de la transformación de una conformación en conflicto con el entorno social, hacia una forma de apreciación de sí mismo de la persona, valoración interna de su lugar actual, consideración de las posibilidades reales a futuro y aprendizaje de formas de respuesta y acción. Aunque en parte se tendrá que transformar o amoldar el propio deseo, realidad para cualquier sujeto social, las acciones serán acordes al entorno específico y situación (Mier, 1998).

Al mismo tiempo, el grupo de ayuda mutua es adecuado a las necesidades que tienen las personas que lo utilizan, como medio para lograr un aprendizaje sobre ese entorno y ubicación personal en el mismo. Su campo normativo puede ser antagónico, pero al mismo tiempo tener una aceptación social paralela. En esos casos, permite ir en contra de la norma común.

(Por ejemplo, en grupos en los que se aborda el consumo de substancias psicoactivas legales y las consecuentes adicciones a ellas que se presentan en algunos sujetos, se aplica la abstención total en el consumo, misma que es contraria al uso social no sólo aceptado, sino incluso en una medida importante constitutivo del medio social y formas de relación comunes al mismo. Similarmente para otras situaciones manejadas en grupos, como lo son las relaciones de pareja, con esquemas frecuentemente muy distintos a los de la familia de origen y medio social ofertados como alternativas a los sujetos integrantes del grupo.)

Cada grupo ofrece y fija formas de tolerar lo antes intolerable, transformando en recurso y saber lo que antes ocasionaba conflicto en una conformación subjetiva dada, por ejemplo con respecto a comer en exceso, sufrir arranques de ira, o no haber logrado las metas deseadas. Una narración distinta de la propia historia personal permite transformar el sentido de lo antes intolerable, ofreciendo así el acceso a una colocación social viable para el sujeto. Esto a su vez puede tener un impacto importante en el grupo próximo de las personas con quienes se convive, sobre todo por la forma y lógica de la transformación subjetiva lograda y la movilidad que esto introduce en el sistema micro-social mismo.

Como ya se mencionó el grupo de ayuda mutua ofrece no sólo una normatividad alterna adicional a la del medio social en el que está inserto, sino también una situación específicamente constituida para intercambiar información sobre las normas del medio social y ejemplos de formas de manejarse en él. Siendo que la norma se implementa de distintas formas y en distintos grados en cada circunstancia, conocer múltiples ejemplos específicos de su aplicación, infracción y manejo puede ser fundamental, para conocer mejor la dinámica social y vislumbrar las necesidades que cubre en ese entorno social.

Las acciones y características que organizan el trabajo de un grupo de ayuda mutua, y que le dan un sustento ritual y normativo al mismo son:

·        el compartir una problemática considerada “común” a todos sus integrantes;

·        el concebirse todos “iguales”, compañeros y pares en un camino y proceso común;

·        el considerar, en principio, que los problemas o situación de vida,  por los que cada integrante está atravesando son similares;

·        la ideología de independencia y separación del “mundo exterior” al grupo;

·        el respeto mutuo.

Específicamente, en lo que respecta a la organización de cada una de las sesiones, cumplen análoga función:

·        la definición de un tema y plan de trabajo para la reunión;

·        el establecimiento de una lista de los integrantes que hablarán;

·        en su caso, el descanso intermedio en una reunión y la conversación normada que en él se lleva a cabo; 

·        el hecho de tomar café o té;

·        los rituales que dan fin a la reunión;

·        los saludos y despedidas en momentos específicos de la junta de trabajo.

Este sustento permite la construcción de la identidad de cada integrante de grupo, como consecuencia de su participación en un trabajo que está en una medida importante ritualizado y, como consecuencia, también de su integración de los presupuestos que en el grupo circulan.

 

Con el proyecto de investigación del que esta ponencia se desprende, Entornos grupales autogestivos para la ayuda mutua (Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Xochimilco – Posgrado de Sociales – Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones y Doctorado en Ciencias Sociales, México, D.F.) se han elaborado una serie de materiales y estrategias para el trabajo profesional de fomento y gestión de grupos de ayuda mutua (autayuda) en la comunidad. Esta modalidad de intervención, que apunta al fortalecimiento de redes sociales autónomas, ofrece una forma de intervención importante para lo que se puede denominar la clínica del psicólogo social.

Un recurso que se ofrece para apoyar este trabajo es la información disponible en la siguiente página web en Internet:

www.ayudamutua.org

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