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Entornos grupales autogestivos para la ayuda mutua

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Entornos Grupales Autogestivos para la Ayuda Mutua: Reseña de algunos resultados de investigación

Rolando Montaño Fraire, Profesor Asociado, UAM-X.

Referencia bibliográfica: Montaño Fraire, Rolando, “Entornos grupales autogestivos para la ayuda mutua” en Psicología Iberoamericana – Nueva Época, Vol. 8, No. 3-4, septiembre-diciembre del 2000, editado por la Universidad Iberoamericana, México, D.F., 2000

Resumen

Se reseña un proceso de investigación que cursa su sexto año, con respecto a las características y elementos que definen y sostienen un entorno para el trabajo grupal de ayuda mutua en grupos que trabajan con base en el modelo de Alcohólicos Anónimos. Los resultados de investigación son aplicables a la integración de otros modelos de trabajo grupal para la ayuda mutua. Conciernen especialmente al establecimiento de una función de coordinación, equiparable al trabajo de un coordinador profesional en un grupo terapéutico dirigido profesionalmente, en ordenamientos sociales complejos, que se sostienen mediante una cultura e ideología propias de cada grupo. Se describe brevemente la manera en que se constituye una denominada ‘terapia de reflejo’, mediante una normatividad de lo decible, un trabajo enfocado a una situación de vida o configuración subjetiva particulares y el efecto interpretante del trabajo de los participantes. Mecanismos democráticos, tales como el logro de consensos relativos y la rotación de roles, complementan estos medios autogestivos para el trabajo en grupo de situaciones de vida y problemáticas específicas con impacto, para algunos de los participantes, sobre el conflicto psíquico subyacente.


Contenido

Resumen. 2

Abstract 2

Resumen curricular. 3

Introducción. 4

Ubicación institucional 4

Características, metodología y etapas del proyecto. 4

Premisas y marco teórico. 6

Algunos resultados. 6

Función de coordinación. 7

Terapia de reflejo. 7

Configuración de un entorno de contención. 10

Mecanismos democráticos. 11

Conclusiones. 12

Modelos para el trabajo grupal de ayuda mutua. 13

Bibliografía. 14

Abstract

A research project concerning the essential elements that define and sustain mutual aid groups, which operate on the basis of the model instated by Alcoholics Anonymous, is described. The results of this research project, started six years ago, are applicable to the design of diverse models for work in mutual aid groups. They concern the establishment of a coordination function, which takes the place of the group leader in professionally run groups, in these complex social systems, which are sustained through a group culture and ideology. It is briefly described how this ‘therapy through reflection’ is instated, by means of rules that define what can be said, in work focused on a life situation or specific subjective configuration of participants and thanks to the interpretive effect of participation in the group. Democratic mechanisms, such as relative consensus building and the rotation of roles and tasks, are shown to be complementary means for the establishment of a self administered group system, by means of which problems related to specific social and life situations are worked through, with an effect on the underlying psychic conflict, in at least some of the participants.

Resumen curricular

Rolando Montaño Fraire es maestro en psicología social de grupos e instituciones por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Se encuentra preparando una tesis para obtener el grado de doctor en ciencias sociales en esta misma área de especialidad. Es uno de los principales investigadores en el tema de grupos de ayuda mutua en México. Es profesor asociado en la UAM-X, específicamente en la Maestría indicada, de la cual es integrante de su comité académico. Capacita y asesora a profesionales en la gestión y fomento de grupos de ayuda mutua. Se le puede localizar por correo electrónico con la dirección Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o bien al teléfono 5483-7409 de la UAM en México, D.F.


Introducción

Adelante presento al lector una breve reseña de algunos de los hallazgos y conclusiones de una investigación, misma que vengo realizando desde hace poco menos de seis años, en el posgrado de Psicología Social de Grupos e Instituciones de la UAM-Xochimilco. Esta investigación se basa en un proceso de investigación participativa y recopilación etnográfica para el análisis de los elementos que se puede considerar que configuran un espacio grupal para el trabajo subjetivo de los participantes, encaminado a una elaboración del conflicto subjetivo de los participantes, en cuanto a lo relacionado a configuraciones subjetivas pertinentes a situaciones de vida y colocaciones sociales particulares. El fenómeno social que se estudia es aquél que configuran los grupos anónimos de ayuda mutua que operan bajo el modelo de Alcohólicos Anónimos.

Ubicación institucional

El posgrado en Psicología Social de Grupos e Instituciones esta constituido por una Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones y un Área de Especialidad en Psicología Social de Grupos e Instituciones en el Doctorado en Ciencias Sociales de la UAM. Lo reseñado adelante es representativo de diversos proyectos de investigación que en este posgrado han brindado resultados directamente aplicables al trabajo encaminado al fomento del bienestar social y desarrollo comunitario. El tema y la aplicabilidad comunitaria de lo reseñado es un ejemplo de lo que se lleva a cabo en este posgrado, habiendo otros proyectos que abordan problemáticas distintas, con base en la psicología social de grupos e instituciones que se desarrolla en la UAM-Xochimilco. Algunos de esos otros proyectos abordan temas tales como el de la vida en la calle; las organizaciones comunitarias, como la de la Colonia Miravalle en la Delegación Iztapalapa del Distrito Federal; el trabajo con organizaciones civiles y una variedad de asuntos a los que se aplican la tradición, el enfoque teórico y analítico así como las metodologías de investigación propias de este posgrado.

Características, metodología y etapas del proyecto

Veremos adelante que, los que en lenguaje común se conocen como grupos de autoayuda, no pueden ser denominados cabalmente sino grupos de ayuda mutua. Igualmente veremos que el tema a tratar no se basa en los conceptos y métodos para el desarrollo de redes comunitarias, sino en los propios para la constitución de grupos de ayuda mutua. Sin embargo, éstos son una modalidad específica de red comunitaria.

El tema eje del proyecto de investigación que reseño son las características y elementos discretos que, en conjunto, definen y sostienen el trabajo grupal de ayuda mutua, sin recurrir a profesionales, tal como se lleva a cabo en multiplicidad de grupos de existentes en nuestra sociedad.

La primera etapa de este proyecto se realizó en el transcurso de estudios de Maestría y la segunda en los de Doctorado, ambos propios del posgrado en Psicología Social de Grupos e Instituciones antes mencionado.

En la primera etapa nos enfocamos a analizar algunas características concretas de los grupos anónimos, que operan con base en el modelo que se originó con Alcohólicos Anónimos (AA), un modelo que es también conocido como de “12 pasos” o Minessota. De éste modelo y forma de operar se tomaron en cuenta solamente aquellos elementos que hacen posible un trabajo grupal, que para algunos de los participantes puede llegar a tener efectos terapéuticos, mismos que pueden ser equiparables al trabajo realizado mediante grupos terapéuticos coordinados profesionalmente. Con el objeto de hacer esta contraposición, se hicieron un sinnúmero de observaciones participantes, con una modalidad etnográfica de investigación específicamente diseñada para el medio social que constituyen los grupos anónimos de ayuda mutua, misma que fue explicitada en cada caso ante los integrantes de cada grupo que se observó como participante. Se realizaron también series de entrevistas a informantes calificados, sobre asuntos específicos. Continuamente se ha llevado a cabo una revisión de bibliografía especializada, tanto sobre el tema de grupos de ayuda mutua, como sobre elaboraciones conceptuales del trabajo terapéutico grupal, psicología de grupos y análisis de instituciones.

A lo largo de este proceso arribamos a una serie de conceptos, los cuales hoy consideramos elementales para el establecimiento de Entornos grupales autogestivos para la ayuda mutua, que es el título de la segunda etapa de este proyecto. Hoy continuamos estudiando éstos conceptos y elementos, apoyándonos en textos especializados, pero ahora contraponiéndolos con modelos de trabajo grupal de ayuda mutua distintos al modelo imperante en México (que es el originado en AA). Simultáneamente, estamos hoy formando a profesionales para el trabajo de gestión y fomento de grupos de ayuda mutua. Los objetivos de esta segunda etapa del trabajo son la divulgación de resultados, la capacitación de profesionales para el apoyo a la formación de grupos laicos de ayuda mutua pero también, con fines de investigación, la contraposición del trabajo en grupos de ayuda mutua laicos con los grupos ‘naturales’ existentes, como medio para la contrastación de hipótesis.

Premisas y marco teórico

Desde el inicio del proyecto se buscó analizar aquellos elementos concretos que constituyen la base social para la configuración y sostenimiento del encuadre de trabajo de un grupo de ayuda mutua, tales como los que constituyen una función de coordinación. Las observaciones fueron hechas con un enfoque específico. No se consideraron los grupos ni los conjuntos de grupos como una cultura, para obtener con ello un análisis sociológico de la misma. Tampoco se consideraron como una religión en su conjunto, ni como sectas aisladas. Todos estos enfoques, que son aplicados por otros investigadores, eran poco adecuados para los objetivos del proyecto. Desde un inicio trabajamos con base en la premisa de que son grupos terapéuticos, que de hecho es como rutinariamente los definen sus propios participantes. Hoy sabemos que solamente tienen un efecto terapéutico, para algunos de sus participantes.

Los conceptos aplicados para la comprensión provienen de un marco teórico psicodinámico del proceso de elaboración subjetiva de sujetos que se encuentran en entornos de terapia grupal coordinada por profesionales, así como con base en la teoría de grupo operativo de Pichón Riviére (1971) y el análisis institucional francés, básicamente.

Los resultados obtenidos mediante observaciones se han contrapuesto con modelos de trabajo grupal de ayuda mutua distintos al Minessota. Con base en este trabajo se está integrando una propuesta de modelo de trabajo grupal para la ayuda mutua que integra las hipótesis y conceptualizaciones logradas, así como una estrategia de trabajo profesional para la gestión y fomento de grupos de ayuda mutua. Los resultados del proyecto pueden integrarse a múltiples modelos de trabajo grupal, así como a estrategias para el apoyo profesional a personas que en la comunidad puedan o deseen constituir grupos de ayuda mutua con fines específicos.

Algunos resultados

Lo que finalmente encontramos sólo se asemeja a lo que se lleva a cabo en un grupo terapéutico coordinado por profesionales en algunos aspectos. En otros casos se observan características y particularidades especificas, que si bien no son equiparables a las de un grupo terapéutico coordinado profesionalmente, sí son factores que tienen una importancia y una razón de ser que corresponden a la constitución y sostén de un dispositivo de trabajo grupal de ayuda mutua.

Función de coordinación

Encontramos que el trabajo grupal de ayuda mutua se basa, entre otras cosas, en elementos que, en la acción grupal, tienen muchos de los efectos y resultados de las funciones propias de un coordinador profesional, en un grupo terapéutico profesionalmente constituido. Este conjunto de elementos constituyen lo que denominamos una función de coordinación. Estos mecanismos se encuentran integrados a lo que se puede denominar una ‘cultura’, propia de cada grupo. Esta función de coordinación se basa en consignas, premisas, modalidades de operación y características que se integran a lo que podemos denominar una ideología, misma que es difundida por los participantes de cada grupo. Este conjunto de premisas y  formas de operar sustentan lo que en psicología de grupos se denomina el encuadre de trabajo grupal y la tarea del grupo. Los elementos para la configuración y sostén de un encuadre de trabajo grupal, algunos de los cuales reseñaré brevemente adelante, se llegan a explicitar en normas escritas y en los usos y costumbres de cada grupo. El hecho de que esto opere no implica que exista una cabal comprensión de los elementos que hacen posible o eficaz, en algunos casos y terapéuticamente hablando, el trabajo que se realiza en cada grupo. Es más común que los participantes de un grupo de ayuda mutua propongan motivos místico religiosos, incluso del orden del pensamiento mágico, para la eficacia que llega a tener su participación en el grupo. (El motivo de este estado de cosas puede ser histórico y cultural y no es tema de estudio de este proyecto.)

Terapia de reflejo

Otro de los elementos observables en estos grupos es la declaración de que la terapia ahí realizada  es una terapia de reflejo. Tomando nuevamente esta declaración como hipótesis, realizamos una larga serie de observaciones que nos ofrecieron los siguientes elementos.

La manera en que se configura el espacio, en un grupo de ayuda mutua, que trabaje con base en el modelo de AA, genera una situación que dispone a los participantes para la escucha. Se establece (a) un tiempo máximo para cada participación, frecuentemente (b) un lugar físico específico, desde el cual una persona puede participar, expresando y reseñando, (c) en primera persona, solamente sus experiencias y vivencias personales frente al grupo. La forma en que  se dispone tanto el tiempo máximo para cada participación, como los asientos y el lugar de la intervención, genera una situación tal que el resto de los asistentes se encuentra dispuesto única y exclusivamente a escuchar a quien se encuentra hablando, cuando un integrante de grupo toma su turno para  una participación personal. Ésta situación, de obligada escucha, por parte del resto de los participantes, es el primer elemento fundamental para la constitución de ésta denominada terapia de reflejo.

Un elemento importante de lo indicado antes, con respecto a este formato para la escucha de los integrantes de grupo, es la forma en que las participaciones de cada persona  son normadas y acotadas. Existe una normatividad de lo decible. Solamente se admite reseñar experiencias personales. Mediante una tradición bien establecida dentro de los grupos, se ha definido que las participaciones deben ser siempre vivencias propias que, además, son vistas a la luz de una problemática, conflicto o situación de vida específica, misma que en el grupo se trabaja. El caso más conocido es, obviamente, el del alcoholismo, para el caso de los  grupos de AA. Sin embargo, cada uno de los otros grupos que aplican ese modelo se abocan a una problemática particular que define a cada uno de los participantes como integrantes de una comunidad de pares. Se establece así un conjunto de personas que se asumen como iguales y que se encuentran dentro del grupo en una comunidad que se constituye simbólicamente, con base en una situación de vida específica.

Esta situación de vida común define muchas de las vivencias propias de cada uno de los participantes como equiparables o similares a las de sus compañeros de grupo. Muchos de los grupos definen la situación de vida que abordan como una enfermedad, incluso cuando en el ámbito profesional, y socialmente, éstas situaciones de vida, vivencias o colocaciones no son vistas como enfermedades. Es el caso, por ejemplo, de neuróticos, comedores o codependientes anónimos. La codependencia, o las relaciones destructivas, por ejemplo, son desórdenes, si se le puede llamar así, que no tienen una tipificación tan clara como algunos desordenes fisiológicos, como puede ser la diabetes, que puedan decirse con toda contundencia ‘enfermedades’.

En cada grupo se define una problemática, situación de vida o colocación social con un valor simbólico fundamental; hace de los integrantes del grupo una comunidad de pares. Esta problemática es con base en la cual se establece lo que es valido como participación ante el grupo. Define lo que se puede decir, la forma en que se describen las vivencias personales ante el grupo; le da un sentido especifico a cada una de las participaciones y va constituyendo, cada vez más fuertemente, al interior de cada uno de los integrantes de grupo, esa comunidad de pares, que son iguales en el grupo, similares entre sí, en un sentido simbólico, que es fundamental para el trabajo que en el grupo se lleva a cabo y para la supervivencia del grupo en el tiempo. Si bien esta similaridad puede ser, en algunos casos, enteramente construida, simbólicamente, no por ello es menos importante.

Al escuchar las participaciones  de otras personas frente al grupo, mismas que son formuladas y seleccionadas con base en las premisas antes descritas, que provienen de la experiencia personal y que se enfocan hacia lo que cada uno considera crucial y emocionalmente crítico, quienes escuchan se encuentran bajo circunstancias que configuran un espacio en el que es casi inevitable verse identificado con lo expresado por la persona que habla. Este proceso de identificación constante, que se establece con cada uno de los otros participantes a quienes se escucha en el grupo, tiene, entre otros, un efecto  interpretante de las vivencias propias de los integrantes que escuchan. Esto especialmente en aquellos casos en los que la persona que escucha se ve fuerte y especialmente identificada con la persona a la que esta escuchando. Este proceso es disparador de otros procesos, inconscientes y conscientes, que condicionan las futuras participaciones de quien escucha, así como sus apreciaciones y valoración de vivencias propias y el trabajo de las mismas a lo largo de su participación en el grupo.

Esto se lleva a cabo en cada momento con base en experiencias que están encuadradas en la situación de vida, colocación social y configuración subjetiva asumida como propia por cada uno de los integrantes. Puesto que el grupo de ayuda mutua se configura con base en una situación de vida o configuración específica, común a los integrantes de un grupo, se esablece una comunidad de pares, iguales en un sentido simbólico. Gracias a lo anterior se hace posible la escucha, tanto en su nivel consciente como en el inconsciente, lo cual a su vez se hace el medio que posibilita el análisis y la elaboración subjetiva. Mediante un trabajo de largo plazo, en un entorno social normado de manera particular, se llega a lograr un trabajo de elaboración del conflicto psíquico subyacente, en algunos de los participantes.

En este proceso, la cadena de participaciones, escuchadas por un integrante dado, se hacen el disparador de la propia participación frente al grupo y en muchos casos llegan a tener un carácter meramente catártico. Esto es fuertemente enfatizado por algunos profesionales con exclusión del proceso  complejo y de largo plazo, del cual esta catarsis es una parte. Si bien muchas participaciones frente al grupo pueden tener este carácter catártico, en algunos momentos de la participación ante el grupo, es también verdad que hay otras muchas participaciones que tienen otro carácter; analítico, en un nivel consciente, o bien participaciones en las cuales los elementos escuchados, al ser puestos en palabras, en una situación en la cual se establece una participación con carácter de libre asociación, genera cadenas de asociaciones en el integrante que habla ante el grupo que, en su momento y gracias al trabajo continuo, llegan a tener un efecto interpretante para el participante en cuestión, en un sentido psicoanalítico. Este proceso llega a ser equiparable a lo que se puede llevar a cabo con base en una terapia profesional con enfoque psicoanalítico.

Es por estos medios por los que se logra llegar a un trabajo de elaboración del conflicto subjetivo subyacente a la situación de vida, comportamiento compulsivo o configuración subjetiva en conflicto de algunos de los participantes. Sin embargo, por ser cada grupo de ayuda mutua un medio social alterno, en el que se lleva a cabo un proceso de socialización específico de los sujetos, con base en una cultura específica propia del grupo de y la problemática que en él se aborda, muchas veces contraria a la cultura imperante en el medio social circundante, por ejemplo que avala el uso del alcohol, es también un medio para el aprendizaje de alternativas de colocación social, modalidades de operación ante situaciones laborales, familiares, escolares y de ejercicio del poder.

Es este proceso al que los participantes denominan una terapia de reflejo, debido a que se logra gracias a procesos de identificación que son el resultado de la conjunción, tanto de un lenguaje normado, como de los elementos que establecen una función de coordinación y un grupo de pares.

Configuración de un entorno de contención

Otro elemento común a todos los grupos de ayuda mutua observados y equiparable a las características de un grupo terapéutico coordinado profesionalmente, es el establecimiento de un equivalente al secreto profesional, que establece que lo dicho en un proceso terapéutico es material exclusivo y privativo del ‘cliente’ y su ‘terapeuta’. En los grupos de ayuda mutua este compromiso se establece mediante un contrato entre los participantes, integrado a la premisa del anonimato. Complementariamente, al hablar cada participante con toda sinceridad de sus vivencias personales, además de expresarse en asociación libre y en procesos catárticos ante los otros integrantes del grupo, se establece también un pacto inconsciente de secreto interno entre los participantes del grupo, de la manera descrita por Rene Käes (1993). Además existe un acuerdo sobre lo decible, respetado por los integrantes del grupo, que establece como secreto interno aquellas experiencias presentadas en momentos críticos o de ‘insight’, con respecto de asuntos personales de cada participante que por su mismo contenido se reconoce sería incorrecto divulgar. El sostenimiento de este secreto interno, por estos variados contratos y pactos, conscientes e inconscientes, es un elemento importante para la integración grupal.

La mayor utilidad del secreto interno que en cada grupo de ayuda mutua se establece es la configuración de un entorno de contención. Esta es una situación de compromiso entre los integrantes del grupo que protege a cada participante, específicamente en lo concerniente a su situación afectiva, así como su colocación social, familiar, laboral al el exterior del grupo. Se establece socialmente, en la cultura propia de cada grupo, la importancia de este pacto para el sostenimiento de un secreto interno, dado el estigma social que acompaña a la definición de sí mismos como personas que viven una cierta situación de vida en conflicto, misma que no es socialmente aceptada o valorada. Es precisamente esta característica  del grupo de pares una de las mayores fuerzas de este método de trabajo grupal de ayuda mutua.

Mecanismos democráticos

Otros componentes fundamentales para el trabajo de ayuda mutua grupal son los pertinentes a la replicación de los grupos y sus mecanismos de operación. Estos son elementos que van en contra del encumbramiento de líderes que se apropien del saber o las responsabilidades necesarias para la operación de cada grupo. Son mecanismos que van en contra de la acumulación de poder. Estos elementos se pueden agrupar conceptualmente como aquellos que son necesarios para el establecimiento de un trabajo grupal democrático.

Con base en observaciones y resultados de otros investigadores (Silverman, 1988:23), hemos encontrado que el desarrollo histórico de este formato de trabajo grupal de ayuda mutua ha establecido como un elemento fundamental el que, en cada grupo, la mayoría de las decisiones se lleven a cabo mediante  consensos relativos o, en el peor de los casos, mediante votaciones que cuentan con la validación y reconocimiento de todos los integrantes estables del grupo. Esto no obstante la gran cantidad de tiempo y esfuerzo que esto conlleva.

Además de las modalidades para la toma de decisiones descritas, probablemente el otro elemento de mayor importancia para la constitución de estas características democráticas del trabajo grupal de ayuda mutua es la rotación de roles. Cada un de los integrantes del grupo, en algún momento, asumirá la  responsabilidad de cada una de las actividades necesarias para la operación del mismo. Éstas son subdivididas, para su asignación a los distintos participantes del grupo, de manera rotatoria, de tal forma que la operación del grupo se lleve a cabo con la colaboración del mayor número de integrantes posible. Es así como, en cualquier momento dado, cada participante se hará responsable de actividades tales como acomodar los asientos; marcar el inicio de la reunión; abrir la puerta; moderar una reunión; marcar el tiempo límite de cada participación; contestar el teléfono; servir café; recibir a nuevos integrantes; representar al grupo ante organizaciones o personalidades externas; colaborar en proyectos acordados tales como la elaboración de volantes; presentación de pláticas con respecto a la situación o problemática que el grupo aborda y un sin número de actividades que en cada grupo se llevan acabo.

La responsabilidad o rol  a desempeñar se asume durante una reunión, una semana, quince días, un mes dependiendo el caso. Cada integrante llegará, en un momento dado,  a desempeñar cada una de las actividades requeridas para el funcionamiento del grupo, que van desde moderadar una reunión, recibir a una persona  nueva y explicarle la forma en que se opera, logrando con ello también una mayor comprensión  y asimilación de las normas, usos y costumbres que se definen en el grupo para su operación, etc. La rotación de responsabilidades va en contra del proceso de especialización o profesionalización, tan común en nuestra cultura y que redunda en una acumulación de poder en solamente algunos sujetos.

Conclusiones

Hasta el momento hemos encontrado que los grupos que operan bajo el modelo de AA aplican normas distintas. Tienen usos y costumbres diversos. Interpretan de distinta forma los textos de AA. Sin embargo, todos trabajan con la base común de los elementos arriba descritos, todos ellos fundamentales para la constitución de grupos de ayuda mutua. Esos elementos dan como resultado una función de coordinación, norman el  lenguaje y lo decible en el grupo y operan junto con los límites de tiempo para las participaciones, la disposición física de los participantes y los elementos para la colaboración democrática en el grupo.

Como efecto de los elementos aquí descritos y de otros que por falta de espacio no se mencionan, se llega a lograr un trabajo que brinda efectos terapéuticos para algunos de los integrantes del grupo. Este entorno grupal, sostenido por todos los participantes, se replica al interior de cada integrante, conforme cada uno asimila, asume y trabaja activamente para sostener el encuadre de trabajo del grupo y colabora en la operación del mismo. Estos elementos, simultáneamente, apoyan la constitución simbólica de una comunidad de pares y el sostenimiento de un entorno de contención, necesario para participantes que se abocan a un proceso de cambio subjetivo y en cuanto a su colocación social. Cada grupo de ayuda mutua puede también ser considerado un entorno para la socialización de los participantes, dado que los integrantes gradualmente internalizan, entre otras cosas, la normatividad y modalidades de operación social autogestiva y democrática imperantes en estos medios sociales.

 

En ningún caso son consustanciales al trabajo grupal de ayuda mutua elementos místicos o religiosos, per sí lo son un conjunto de normas, consignas, usos y costumbres. Como efecto de este conjunto de premisas se establece un dispositivo de trabajo grupal  para la ayuda mutua de un conjunto de personas, que trabajan alrededor de una tarea continuamente definida por ellos mismos, para la modificación de configuraciones subjetivas percibidas como comunes por los propios participantes de cada grupo, con base en una situación de vida que se constituye en elemento simbólico, que puede ser tanto construido como real y que los define como pares.

Este conjunto de características comunes a los grupos de ayuda mutua que operan autogestivamente, sin recurso a profesionales, constituyen un dispositivo de trabajo grupal con efectos terapéuticos para algunos de sus participantes. El sostenimiento de un tal trabajo grupal se logra con base en todos los elementos reseñados y muchos más. Como todas las estructuras sociales, este es un ordenamiento social complejo. La propuesta de este proyecto es que estos fenómenos sociales se constituyen en un método de organización social en pequeños grupos que opera, en buena medida, como un grupo terapéutico.

Modelos para el trabajo grupal de ayuda mutua

Para el establecimiento de un grupo de ayuda mutua se pueden definir distintos modelos de trabajo. En la segunda parte de la investigación que aquí reseño en algunos de sus componentes, se ha hecho un estudio de distintos modelos de trabajo grupal de ayuda mutua. Como parte del proyecto se propone un modelo que integra un conjunto de normas y lineamientos para el establecimiento de grupos, así como información para los profesionales que desean apoyar a personas interesadas en la formación de grupos de ayuda mutua. Una de las actividades que puede apoyar el profesional es la definición del proceso de convocatoria y las características y objetivos del grupo a ser formado. En todo momento, el profesional que desea apoyar la formación de grupos de ayuda mutua debe ser solamente un asesor de los participantes interesados en fundarlos. Son siempre las personas  que participaran en el grupo y que viven personalmente la situación de vida o problemática que aborda, quienes deciden sus características y definen al grupo. Hemos encontrado que uno de los elementos más difíciles del trabajo del profesional para la gestión y fomento de estos grupos es  lograr su descolocación, como dueño de un supuesto saber, que las personas y en general socialmente se les atribuye. Su operación como mero asesor de las personas que definirán y constituirán el grupo radica en la claridad de su rol y los límites del mismo.

 

Como parte del trabajo de investigación que les reseño y que continúa activo, en conjunto con mi equipo de trabajo, hoy llevamos a cabo labores de formación de profesionales, para la gestión y fomento de grupos de ayuda mutua, en colaboración  con Servicios Comunitarios Integrados del  Gobierno del Distrito Federal. En este caso aplicando el modelo que he desarrollado en el proyecto antes reseñado.


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