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Subjetividad e investigación

Aproximaciones teóricas y analíticas a las redes normativas e institucionales que conforman la subjetividad. Métodos de trabajo de campo e interpretación orientados a las expresiones sociales y políticas de estos procesos.

Dr. Rolando Montaño Fraire

Referencia bibliográfica: Montaño Fraire, Rolando, Subjetividad e investigación: Aproximaciones teóricas y analíticas a las redes normativas e institucionales que conforman la subjetividad. Métodos de trabajo de campo e interpretación orientados a las expresiones sociales y políticas de estos procesos., artículo entregado para concurso de oposición CO.X.CSH.a.011.03, Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Xochimilco, 12 de abril de 2004, México, DF.

 
Contenido

Introducción. 3

Procesos de subjetivación. 4

Constitución de la identidad subjetiva. 6

La normatividad y sus modalidades. 8

Algunas propuestas y perspectivas en psicología. 9

Subjetividad e interacción social 11

Procesos sociales y subjetividad. 11

Acción y proyecto en la producción social y subjetiva. 13

Análisis y producción teórica en psicología. 14

Subjetividad y metodología. 15

Observación analítica e interpretación. 16

El trabajo de campo: Escucha, observación y participación. 17

Teoría y compromiso social 18

Investigación y trabajo de campo: ¿Intervención o participación?. 19

Reflexiones finales. 21

Bibliografía. 22

Introducción

Con el presente ensayo se aborda una breve reflexión general y abierta sobre psicología, procesos de subjetivación e investigación en el campo de la subjetividad.

Aunque cualquiera de los temas propuestos en la convocatoria implicaría para su tratamiento extensos tratados, se intentó abordar en una limitada medida las principales vertientes del Tema 2. Para ayudar a este fin, se buscó un eje articulador que pudiera reunir algunos de los asuntos propuestos, decidiéndose así el título de Subjetividad e investigación.

Era menester decidir formas de acotar y articular la reflexión, para abordar algunas aproximaciones teóricas y analíticas aplicables al estudio de las redes normativas e institucionales, que constituyen a los procesos sociales de subjetivación. Considerando la importancia del trabajo de campo y la interpretación en estos ámbitos, parecía natural intentar una reflexión alrededor del tema de la investigación en procesos de subjetivación.

El ensayo inicia con una reflexión sobre procesos de producción de subjetividad, misma que abarca casi la mitad del texto, para luego pasar a otra más breve sobre expresiones de la subjetividad colectiva. Luego de considerar una serie de elementos, concernientes al análisis y la producción teórica, se tocan aspectos relativos al trabajo de campo, considerado como una interacción entre ámbitos sociales y de saber, propios de procesos en los que se configuran modalidades de subjetividad, y el medio también social de la investigación científica en ciencias sociales. Se termina con algunas breves reflexiones finales, con las que se recapitula y aborda la importancia de una perspectiva de investigación, esencial en el ámbito científico, pero útil también para procesos de formación, tanto como en el trabajo profesional.

El objetivo es reunir algunas consideraciones que puedan ser tomadas en cuenta, para la reflexión con respecto a procesos de investigación en el campo de la subjetividad.


Procesos de subjetivación

El ser humano se constituye en y por el lenguaje. Siendo el lenguaje medio para la institución, difusión y perpetuación de los símbolos, es con él que se construyen simultáneamente sujetos y vínculos intersubjetivos. Es en este medio que se gesta la urdimbre del tejido social. Al ser lo humano y lo social un entramado irreductible de sentido y relaciones que se desenvuelven permanentemente en el lenguaje, ¿cómo pudiera entonces hablarse de una psicología que no fuera social?

En la estructura psíquica del sujeto, son los vínculos con otros que nos constituyen, lenguaje de por medio. Desde la díada con la madre (Caruso, 1979) y pasando por el complejo de Edipo, nos hacemos humanos al entrar en el lenguaje y relacionarnos así con otros, en un medio familiar, cultural e institucional específico. El campo de la psicología (social) es precisamente ese espacio simbólico y proceso de subjetivación. Son los múltiples elementos por los que este entramado de relaciones, interacciones y sentido se constituyen en motor del proceso subjetivo, interno de la psique en cada sujeto, tanto en cuanto pensamiento consciente e inconsciente, como en cuanto a estructura y esquemas para conocer, comprender y desenvolvernos en el mundo natural y en el social. Lo que se aborda es “la interdependencia entre procesos sociales y la experiencia [vital] de sujetos situados en condiciones históricas particulares” (Baz, 2001:22).

 

El campo de una disciplina es también la esfera en la que se aplica profesionalmente un conocimiento específico. Es el ámbito de la realidad social que corresponde a una división específica de la investigación en ciencias sociales. Es el tema o área de interés y especialización académica, y el terreno del ejercicio profesional o quehacer, provincia y territorio de actividad, pensamiento y estudio.

La psicología social aborda el lenguaje y el sentido, como medios por los que lo social opera en el pensamiento y lo configura, con elementos que se hacen también parte del proceso inconsciente y afectivo. Trata de la estructura y formas de relación social, que son modelo de los procesos al interior de la psique. (El inconsciente está estructurado como un grupo nos dicen tanto Pichón-Riviére como Kaës. Como un lenguaje, indica Lacan.) Aborda los discursos instituidos y los procesos instituyentes de creación (poiesis, producción) que son el proceso de acción en el que el sujeto participa. Aborda aquello a lo que afectivamente nos adherimos y aquello contra lo que luchamos, a partir de los vínculos intersubjetivos significativos que nos constituyen. Trata de proyectos y modos de actuar; esquemas de comprensión del mundo que le dan sentido a la experiencia y a lo conocido y que nos hacen sujetos sociales y nos guían en la acción. Por tanto, debe abordar también la ética y la moral en las que nos encontramos inscritos, involuntariamente o bien por elección.

El campo de la psicología social es ese proceso de relaciones, vínculos y sentido, acción e inscripción que nos brinda identidad. Pero “el asunto clave es el significado que la realidad tiene para los sujetos y la manera en que esos significados se hacen la base de conductas y acciones específicas” (Arano, 2001:27).

 

Como diría Pichón-Riviére, el objetivo de la acción profesional en psicología social es “operar en lo subjetivo-social de modo tal que los sujetos [sean] cada vez menos víctimas y más artífices de su propio destino” (Jasiner, 1992:13). Es abocarse a “la relación entre estructura social y configuración del mundo interno del sujeto” (p. 22). Implica abordar la relación entre los discursos imperantes del mundo en el que el sujeto participa, y la constitución de su mundo interno y forma de ser. Por tanto, requiere de la atención a la relación entre lo instituido, la normatividad del medio y la configuración subjetiva en acción.

“Ser sujeto es ser autónomo, siendo al mismo tiempo dependiente.” (Morin, 1994:97). Para una “adaptación activa a la realidad” (Pichón-Riviére, 1975:11) que es criterio de bienestar para los sujetos, pero también del medio social que constituyen, la participación en un grupo es una forma de hacer posible ese carácter activo de la adaptación. Y esto implica todo tipo de grupos. Se trata de los diversos medios microsociales que pueden hacer posible arribar a una perspectiva y sentido crítico, contestatario de la adecuación a una situación, por parte de un sujeto que lucha en contra de posicionamientos que se le han impuesto o en los que ha entrado, circunstancialmente, ya sea desde su nacimiento o en los momentos de su inserción en entornos familiares, de estudio, de trabajo, de amistades. Esa conciliación activa con la realidad, antes que conflicto, implica aceptar y tomar en cuenta elementos que difícilmente pueden ser transformados radicalmente. Al mismo tiempo implica valor, coraje, fuerza moral y empuje para luchar, contra aquellos elementos que se busca transformar en alguna medida, para adecuarse en protesta y alterándolos.

 

En la medida en que la palabra es comprendida por otro y toma el carácter de una promesa, es que cobra fuerza y se hace significante. Se constituye en el medio y la forma de convenir y contratar todo aquello que se imagina y que se construye, como potencial a futuro. Se hace entonces parte de una permanente anticipación, tomando en cuenta lo posible y lo operativo, e integrando a los otros en la comprensión de las situaciones. El acto de hablar con otros cobra valor en la planeación estratégica e integración de intereses y objetivos de unos y otros. El diálogo fluye a la par de la metáfora y la capacidad creativa de la imaginación que se pone en acción entre sujetos. En esta interacción activa, constituida antes que mediada por el lenguaje y la fuerza de las palabras, radica la posibilidad de futuro, hecha posible por el valor de compromiso y promesa en la que se fundan, continua y cada vez más sólidamente los vínculos intersubjetivos.

En el lenguaje, la construcción de sentido opera en circularidad y proceso continuo. Lo simbólico es producto directo de la construcción imaginaria. A su vez, tiene una fuerza y eficacia constituida y sustentada por mecanismos de regulación, que se desprenden de la ilusión misma que con lo imaginario se establece.

El acto relevante es producto y parte del vínculo. La metáfora es en realidad una promesa de sentido. Es un acto lingüístico con fuerza imperativa, constructora de vínculos. Para constituirse como potencia, la metáfora tiene que ser parte de un vínculo. El otro es garante de la fuerza metafórica. Sustenta la “verdad” y la fuerza imperativa de la metáfora como potencia. En la metáfora se origina la fuerza creadora de la interacción, con la capacidad de invención, siempre y cuando ésta se vincule a lo social. Sin ello, la imaginación es ilusión subjetiva, propia del mundo exclusivamente interno de un sujeto, antes que potencial vinculante y de construcción social.

 

Todo proceso social o subjetivo supone un desarrollo concatenado de acontecimientos o hechos. Es un devenir y derivación a partir de sus principios. Se puede entender como el desarrollo interno de una realidad o serie de acontecimientos, mediante la superación de contradicciones inmanentes, y como un modo de obrar, método o desarrollo, propio de la operación y el razonamiento.

Las teorías procesuales, como el marxismo, la concepción psicodinámica de los procesos psicológicos, las propuestas de evolución social y las concepciones históricas suelen ser contrarias a las nociones de sustancialidad o inmanencia. Este asunto es fundamental para la materia que aquí nos ocupa, porque las propuestas que se postulan como pertinentes en este ensayo, para aproximaciones teóricas y analíticas propias de procesos de subjetivación, implican un carácter fundamentalmente histórico, antes que sustancialista de todo lo psicológico-social.

Subjetividad es condición de lo subjetivo que pertenece y es inherente al sujeto. También se utiliza como sinónimo de la “autoconciencia” o “conciencia de sí” mismo, por la cual cada persona se percibe como unidad, imaginariamente siempre idéntica y posible de diferenciarse, respecto de los demás seres u objetos del mundo. Mediante esta conciencia de sí, el hombre es sujeto en un mundo de objetos. El sujeto establece de un modo consciente relaciones y finalidades. Pero aun los datos inmediatos de la conciencia deben interpretarse, y esto sucede al interior de una relación intersubjetiva con otros.

Toda teoría sobre la intersubjetividad supone una relación dialéctica entre varios sujetos (Fichte, 1975). La racionalidad de todo sujeto, lo mismo que su libertad, encuentra su expresión en la contraposición, afirmación y negación, con otro. Se trata de una interacción o mediación dialéctica: El yo es reconocimiento mutuo (Hegel, 1977). Exige  reconocerse como persona en la persona del otro y en el ámbito del lenguaje; las relaciones e interacción; el trabajo y diversos grupos sociales. Nada puede considerarse objetivo, a menos que forme parte por igual de la conciencia intencional de otros (Cortés, 1996).

Constitución de la identidad subjetiva

Para entrar en el juego creativo y fantástico de los procesos de subjetivación, que hacen de cada persona un ser social, es necesaria la libertad de imaginar y moverse en ese mar de posibilidades que es el lenguaje, y los mundos que su potencia metafórica permite y obliga a ir creando. Como el bailarín, que cobra libertad en la medida en que domina por completo el lenguaje corporal de la técnica y escuela de danza en la que se inscribe, es solamente en el momento en que el uso del lenguaje al que se entra se hace automático, que se logra libertad de movimiento y capacidad creativa y productiva. Es entonces que se construye, siempre de manera acotada, sostenida y hecha posible por la técnica y la disciplina, correspondientes a un esquema que es originalmente, y se hace continuamente producción, asequible de ser y hacerse social.

Sin estar la imaginación, creación y expresión de cada sujeto particular acotada a los límites de un lenguaje social, los desvíos creativos se harán parte de una  locura cada vez mayor. La medida del distanciamiento del lenguaje social, con la construcción de un lenguaje personal y aislado, es también la medida del distanciamiento del medio social y vínculos subjetivos de un sujeto específico. Es así que mientras menos vinculados estamos a otros, y a la urdimbre del lenguaje y lo social, menos humanos se puede decir que somos. Esta separación e imaginación, fuera de la trama intersubjetiva y social, puede llevarnos en direcciones insospechadas.

Cuando se llega a estar relativa o enteramente fuera del proceso colectivo de construcción de sentido, para una acción simultáneamente social y subjetiva, marginados del proceso social de significado, este estado de cosas puede hacerse origen de una desbordada producción imaginaria. Es con ella que se pueden generar problemáticas graves para un sujeto dado, porque en la imaginación desvinculada de los otros y de la acción colectiva se genera el delirio y el conflicto psíquico, así como muy diversas formas de operar y responder, producto de la dificultad en el vínculo con otros, el aislamiento social y simbólico, así como todos los productos de estas circunstancias. Aunque esto sea parte de procesos de búsqueda de identidad y sentido, para quien se ha quedado varado en los intersticios de la producción social de sentido y proyecto, se puede en casos quedar también excluido y expulsado por entero del entramado y la acción social.

Pero al vivir una marginación subjetiva específica, se puede también encontrar a otros en similares circunstancias, para hacer grupo y construir específicos esquemas de comprensión del mundo e identidades. Es así que en la exclusión se puede también generar cultura, y con ello espacios de subjetivación, si bien esto sea mediante una contracultura, al margen de la hegemónica.

 

Conformar es ajustar o concordar una cosa con otra, al darse o adquirir una forma o característica determinada. Se trataría tal vez preferentemente de convenir, pero es también la adecuación desprevenida o inconsciente y sin protesta a lo que pudiera considerarse indeseable. Es así que el conformarse sería tal vez indicativo de sujeción y heteronimia. Pero los procesos de constitución de subjetividad involucran un proceso dinámico, difícil de valorar en el presente, sino primordialmente a partir de la reflexión histórica.

Conformar aquí es también constituir, moldear, marcar, impactar e incidir socialmente en la subjetividad. Y esto es también necesario y buscado, en el deseo de ser y de inscribirse, tanto en proyectos como en modelos de identidad y posibilidades, potencialidades y modalidades de subjetividad. Es así que se desarrollan los procesos en los que la subjetividad se conforma, a partir de estructuras sociales y normativas, propuestas y discursos que hacen posible la constitución de identidades subjetivas. Son todos proyectos sociales y políticos que inciden en la configuración de subjetividades.

En su faceta negativa, el proceso es también sometimiento y sujeción, mismos que simultáneamente producen incertidumbre, con respecto de la propia identidad y posición social. Se genera con ello una falta de capacidad de acción. Dejar de acatar la norma, e incluso de cumplir la acción comprometida con otros, puede también hacerse un riesgo, primeramente para saber quien se es, y también cual sería el propio futuro y lugar. La potencia de la acción de otros puede revertirse, con un efecto de violencia simbólica y sujeción, que limita o cancela la capacidad de construcción de identidad, acción subjetiva y autonomía. En la medida en que se cancela la capacidad de una acción subjetiva, vinculada a proyectos sociales, se reduce también la posibilidad de autonomía. En este proceso, la heteronimia y la violencia simbólica se constituyen además en causas de conflicto psíquico. En las luchas de poder y esquemas de asimetría, incluso en los más pequeños espacios sociales, el registro de lo simbólico y los procesos inconscientes, junto con aquellos que son propios del ejercicio y ocultamiento del poder, se hacen también lugar de la acción simbólica de la imaginación colectiva.

La potencia de la negación, vuelta sobre la identidad y la memoria de los sujetos, con incidencia en la posibilidad de un lugar propio y capacidad de vínculo de los propios proyectos a los establecidos socialmente, es cancelación de la posibilidad de vínculo social y valoración subjetiva. Desde la “baja autoestima,” hasta el quedar instalado en la depresión, la marginación simbólica tiene profundos efectos. Con el transcurrir de la historia subjetiva y la conformación psíquica de cada sujeto, la disolución de la capacidad de construir identidad es producto de vínculos rotos, e historias desarmadas en el valor asignado a cada actor, dentro de la narración de su vida y lugar social.

El interjuego entre la posibilidad creativa y constructiva de subjetividades, identidades, proyectos y vínculos es siempre un vaivén, tal vez riesgoso. La apuesta de cada sujeto y su permanente lucha por construirse y hacerse de un lugar y proyecto es el proceso dinámico de subjetivación. Es así que la identidad se juega y constituye permanentemente.

La normatividad y sus modalidades

En la libertad de movimiento disponible en las fronteras del sentido se produce la desviación de la normatividad establecida, proceso que se hace posibilidad instituyente. Este es el imaginario radical que indica Castoriadis (1975) y que hace posible que la expresión y la producción e imaginación subjetiva, cuando se apega a las reglas del lenguaje social y se vincula a la producción colectiva, se haga potencial para la acción. Toda nueva normatividad y movimiento instituyente es producto de la fuerza creadora de la imaginación, hecha posible por la potencia metafórica, propia del lenguaje y emanada de la interacción social, que en los compromisos y promesas habladas y acordadas se materializa.

Anomia sería la condición en que se halla la sociedad que no ha regulado con leyes una situación concreta, especialmente cuando las normas son contradictorias (Durkheim, 1994). Es un fallo o ruptura de una sociedad en tránsito de la “solidaridad mecánica,” “por semejanzas” a la “solidaridad orgánica,” propia de las instituciones y característica de sociedades-Estado. Representa un desajuste entre la estructura social y la conciencia cultural, por la cual las normas escritas y los patrones sociales se contraponen. Genera situaciones propicias para el conflicto y desviación social, con los que se producen también modelos de conducta marginales.

El proceso social en su aspecto regulador implica la necesidad de que se acaten las normas. Como sucede en el cumplimiento de la ley, aunque sea difícil o imposible reconocer o comprender la norma, es imperativo respetarla. Esto es similar para la promesa y los compromisos que en la construcción de futuro y proyecto social, partiendo de la imaginación y creación colectiva, se generan con el lenguaje y la interacción hablada. La fuerza estructurante de lo simbólico se encuentra presente tanto en los discursos hegemónicos y los proyectos sociales establecidos, como en los emergentes.

El asunto de la norma es tal vez propio fundamentalmente de lo sociológico. Pero tanto aquella como el tema de la institución son psicológicos, tanto como sociológicos. Basta pensar en Castoriadis (1975) para reconocer el carácter psicosociológico de todo este ámbito. Es en el rechazo de la estructuración política y normatividad que proceda de arriba que se desarrollan distintas formas de protesta y resistencia. Pero en el ideal de cambio social se funda también la transformación de subjetividades. En los procesos de cambio subjetivo, surgidos de la protesta que representa el conflicto interno y microsocial, se genera también el cambio social. Los procesos son interactivos e interdependientes.

 

Como en otros ámbitos, en la interacción social interrelación supone interdependencia que genera alguna forma de totalidad. Según el tipo de elementos en interacción se arribará a una forma de organización que configure sistema. Una teoría científica; una población; una cultura; la enseñanza y hasta la misma sociedad y sus valores pueden considerarse sistemas.

Las creencias, símbolos y ritualidad marcan las diferencias entre acontecimientos. Es así que penetra el control que ejerce la sociedad y la cultura en la conciencia de cada uno de sus integrantes (Durkheim, 1994). La dependencia del individuo respecto de la sociedad se finca entonces simbólicamente, mediante el temor y la reverencia integrados a la norma y renovados ritualmente.

El sistema social se constituye mediante reglas que se tienen en cuenta al actuar y que regulan desde su interior mismo a los sujetos en las acciones sociales que emprenden. Esta normatividad se constituye en un conjunto de elementos interconectados e interdependientes que hacen red.

 

Las creencias, actitudes morales y normas compartidas por los integrantes de una sociedad son conciencia colectiva. Constituyen parte fundamental de las representaciones que los individuos interiorizan (Durkheim, 1994). Pero el proceso de transformación y consolidación institucional de la sociedad debilita dicha “conciencia” colectiva y el tipo de vínculos que la caracteriza.

Las formas de asociación propias de las sociedades democráticas son la forma concreta, regulada por derecho de poner en práctica la sociabilidad humana. Hablamos de asociaciones voluntarias o relaciones comunitarias, pero también otras mayormente formalizadas. Pueden también dar lugar a movimientos sociales y de protesta, ante una autoridad pública desvinculada de necesidades y procesos sociales.

Es en el compromiso mutuo y social donde se expresa la determinación moral de los sujetos que se encuentran en una situación social y política concreta. Se toma partido por quienes comparten una situación vital. El compromiso supone el abandono de una perspectiva meramente individualista, para adherirse a otra en la que domina la condición común. Las repercusiones sociopolíticas de este posicionamiento implican la negación del subjetivismo.

La acción social y colectiva se funda en el momento en que se toma partido por una causa común. Es así que se finca la solidaridad, elemento fundamental de lo social, tanto como de lo subjetivo.

Algunas propuestas y perspectivas en psicología

Juntos somos historia y cada uno es producto de una particular historia de vida. Nos desenvolvemos en la trama de imágenes e imaginación subjetiva y socializada. Incluso en nuestro más profundo interior, somos siempre uno y todos juntos a la vez. Es imposible ser humanos de otro modo. Vamos siendo lo que somos como resultado de acciones y decisiones, marcadas por pasiones conscientes e inconscientes y batallas entre proyectos y discursos, de los que solamente en algunos casos somos sabedores, pero en los que sin embargo somos parte activa. Nos desenvolvemos en el sentido, significado y valor para otros de los sucesos y de nuestros actos. Esto es lo que define aquello que nos constituye. Nos hacemos realmente humanos solamente cuando entramos al lenguaje puesto en acción socialmente. Es en el lenguaje que se construyen los discursos que nos permiten comprender el mundo. Con él que se desarrollan las tramas de las narraciones que constituyen el teatro de lo humano.

Nuestra vida es poesía, construcción y creación de sentido y significado, luchas y batallas, angustias y temores, pasiones y arrebatos, todos fincados en los deseos que se articulan con aquello que aprendemos que puede llegar a ser y en lo que debe ser anhelado. Era una psicología muy simple aquella que proponía que lo fundamental eran los instintos que nos “condicionaban” y que nuestra conducta podía ser estudiada con los mismos principios que en los otros animales. Siendo uno de ellos, esta larga evolución nos ha hecho simios con un cuerpo y funciones muy especialmente construidas, para que se inscriba en nosotros el lenguaje y la condición social humana. Esto nos convierte en algo tan radicalmente distinto, que sería absurdo pensar hoy que por nuestra constitución animal estaríamos obligados al comportamiento genéticamente condicionado. En su caso más patente, por ejemplo en una supuesta necesidad de tener hijos o el instinto de supervivencia. Cómo explicarnos a quienes deciden actuar distinto, viviendo sin tener hijos, pero también a sociedades enteras, como la espartana o la azteca, en las que la búsqueda de la muerte sea un valor primordial de la cultura, con la cual una proporción importante de los más fuertes y saludables individuos la habrán encontrado activamente, muy temprano en su vida. Siendo humanos, vamos permanente e intencionalmente contra los dictados de lo biológico y genético.

Historicidad antes que inmanencia es el carácter de nuestra constitución, misma que es social tal vez incluso más que biológica. La identidad es una ilusión en permanente construcción. Se hace parte de la lucha por el predominio, en las tramas narrativas y los discursos que definen mundos de sentido y la lógica de las acciones, cada una de las cuales son el motivo fundamental de nuestro actuar, sentir y existir. Con esas tramas y discursos se establecen, sostienen y rompen los vínculos que nos motivan, y el significado de lo que se hace, para cada uno de nosotros junto con otros, lo que llegamos a considerar éxito o fracaso. Son éstos los que en realidad nos hacen vivir o morir.

Una gran actividad llena de intención, cuidadosamente calculada y estratégicamente diseñada, contrasta con otros momentos de vida, incluso vidas enteras, trabadas en el sinsentido y las trampas de significado, que nuestras acciones y los lugares que ocupamos llegan a tener, como efecto de las lógicas y narraciones promovidas por otros. Con las verdades aceptadas que asumimos se definen realidades. En ellas armamos proyectos propios, que inscribimos en otros más amplios. Nosotros mismos llegaremos a sabotearnos en lo que sí era posible y a lograr lo que parecía imposible, frente a distintas visiones y a los callejones sin salida que nos presentan los discursos que nos preceden y constituyen. Cada uno de ellos es resultado de las acciones e intereses de otros, sea en lo individual, grupal e institucional. La capacidad de avanzar, pero también la disposición a detenernos e inclusive retroceder, es producto de nuestra muy particular historia subjetiva, especialmente por la disposición afectiva que de ella se deriva. Nos permite o impide aplicar nuestra aguda y bastante generalizada inteligencia a la invención y construcción de soluciones, entre las que solemos en ocasiones optar por detenernos en menos peligrosas posiciones.

Se puede decir que la psicología busca dar cuenta del proceso mediante el cual se constituye el sujeto, como efecto de su entrada en el lenguaje e inmersión en la cultura, con su participación en procesos grupales e institucionales, porque ahí es donde se disponen esquemas de comprensión y representaciones simbólicas, que se asimilan y constituyen en componentes de la propia identidad. Esto se desenvuelve en procesos que son tanto conscientes como inconscientes, pero también visibles u ocultos y propios de lo aparente y lo latente. Todo esto se hace parte de propuestas, discursos, proyectos e intereses. En ellos se manifiesta continuamente la resistencia, tanto como la lucha por obtener la primacía, beneficios concretos, poder y hasta hegemonía.

La imaginación y la emoción constituyen formas y modalidades de representarse y relacionarse con el mundo. En el reconocimiento de esas modalidades fantasiosas y emotivas de abordar las cosas por parte de los otros es que experimentamos angustia, al sentirnos objeto de su atenta mirada. Es a partir de esa mirada que somos un ser para otros. Surgimos por el reconocimiento del otro del que somos objeto y que a su vez es objeto nuestro. La angustia y la ambigüedad que esa imaginación y emoción creativa generan son características de las interacciones y vínculos que nos constituyen.

Es además a partir de la libertad para construir el propio mundo que se genera también la posibilidad de elección. Se finca así una sucesión de enfrentamientos, entre libertad y necesidad, acciones estratégicas y condiciones materiales.

Subjetividad e interacción social

Entre sujetos que establecen vínculos y relaciones recíprocas se configuran también modalidades de interacción estables. Sociedad es la agrupación de quienes participan de una misma cultura e instituciones, en interacción para el desarrollo de intereses comunes y la consecución de fines que tienen componentes personales.

Cada formación social posee una entidad propia y distinta de la de los sujetos que agrupa. Se caracteriza por el hecho y la acción social, para los cuales cada integrante es actor, especialmente con su participación en los procesos de organización del trabajo, producción y consumo. Es ahí donde se transforman las relaciones sociales que se hacen interdependencia.

Más que una suma de individuos, somos un conjunto de seres que interactúan. Estas interacciones son la expresión de lo social, cuyo sujeto es la sociedad y se entiende básicamente como acción (Weber) y hecho (Durkheim, 1994). La acción social, tanto en su sentido subjetivo (acción) como objetivo (hecho) permite interpretar a la sociedad como un sistema. Sus unidades son las interacciones, organizadas y estructuradas según esquemas, valores, normas, roles y sanciones, en estricta interdependencia y equilibrio dinámico (Cortés, 1996).

Procesos sociales y subjetividad

El proceso social genera cultura e implica un aprendizaje subjetivo de información por imitación, métodos educativos para la enseñanza y otras formas de asimilación. Cada sujeto social sería entonces un campo cultivado, mediante un constante esfuerzo aplicado por cada uno a la propia persona, para todo lo que se añade a la naturaleza y hace a lo humano. Se trata de la acción consciente, frente a lo simbólico, los procesos sociales y consecuentemente también las formas de abordar incluso las necesidades más primarias.

Con la acción subjetiva en la colectividad se cristalizan los bienes culturales en conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres, hábitos y capacidades adquiridas, propias de cada integrante de una sociedad específica. El producto de una sociedad es herencia, que en términos de normatividad implica valores, mismos que serían los componentes más característicos de una cultura. Esta herencia social es fundamentalmente opuesta a lo instintivo, y se hace una segunda naturaleza, enteramente humana y social.

Los discursos y proyectos sociales, políticos y económicos son parte de procesos colectivos. Con ellos se originan modalidades específicas de subjetividad. El carácter histórico de las formas de ser sujeto que se establecen y son posibles, en un momento dado, se hacen parte de procesos sociales, culturales y económicos en continuo desarrollo. Pero es en el carácter de las formas de subjetividad y los valores propios de las mismas que se delimita el rumbo y modalidades de cambio posibles, para los procesos sociales, políticos y económicos.

En un permanente flujo, reflujo, balance y tenso vínculo, las características subjetivas de cada época y población condicionan también los procesos colectivos. Es imposible desvincular estas tramas, porque están articuladas desde su misma gestación. Pensar que los procesos sociales son producto de la subjetividad es similar a considerar lo inverso. Aunque el énfasis, por ejemplo en el ámbito de la sociología, esté en uno de los aspectos y en la psicología en el otro, todas las ciencias sociales se encuentran profundamente entretejidas. La investigación en cualquiera de sus vertientes es al mismo tiempo y necesariamente un estudio multidisciplinario.

 

En cada cultura podemos encontrar implícita una visión del mundo que ofrece sentido para comprender el entorno circundante, a los otros y a la propia persona. Cada orden social requiere formas de subjetividad, porque implica una particular noción de las acciones viables y válidas para el marco de valores, que corresponden a proyectos políticos y sociales específicos. En cada caso, los procesos de subjetivación integran anhelos y deseos acordes con las propuestas y visión propias de los discursos que configuran al medio social.

Cada sociedad presenta una cultura dominante, en las normas y valores que regulan las relaciones. Pero no obstante ser sujetos sociales, somos también y en cada caso actores sociales. La subjetividad se constituye a través de interacciones con la estructura social e implica movimiento, creación y procesos, en cada uno de los cuales se tiene o se logra un rol activo. Se trata de procesos colectivos de creación de sentido que son parte de la acción conjunta en que cada sujeto se inscribe, y con los que avanza además sus propios proyectos personales. Es en y con los acontecimientos grupales e institucionales que nos hacemos sujetos, como parte de un proceso histórico que nos rebasa. El lugar que ocupa el sujeto en el entramado de relaciones va a determinar su proceso de subjetivación, para una particular forma de ser, pensar y actuar.

Todo dispositivo que se implanta en una sociedad lleva implícita una suerte de guerra, en la que las propuestas y discursos que cobran hegemonía se imponen violentamente sobre otras. Es así también que se instituye un esquema productivo y económico, y con ello gradualmente una cultura que domina, y para la cual los sujetos son favorecidos de manera desigual y claramente diferenciada. Toda sociedad implica esta batalla infinita entre propuestas y grupos, misma que se desenvuelve en un proceso aparentemente pacífico. Las propuestas, discursos y esquemas culturales que se hacen hegemónicos propician el surgimiento de representaciones simbólicas; propuestas; proyectos; acciones comunitarias e incluso culturas alternativas.

Con el lenguaje, la creación imaginaria funda un potencial metafórico y la posibilidad de generar futuros objetivamente posibles, que se materializan permanente y activamente en las acciones que el valor del vínculo intersubjetivo hace posibles, deseables y luego reales. La calidad del vínculo, reconocible en la capacidad de fundar y avanzar proyectos conjuntos, en los cuales cada sujeto se inscribe, es lo que hace viable la construcción de identidad.

En las producciones colectivas de sujetos, que interactúan mediante la fuerza imaginaria de la significación compartida y construida en común, el vínculo se hace potencia creadora, pero también destructora y avasalladora. La acción se hace parte del entramado de lo discursivo. Los vínculos dinámicos permiten construir identidades y lugares, como parte de procesos sociales que se hacen simultáneamente de subjetivación, porque en ellos lo personal y lo social quedan íntimamente entrelazados.

Acción y proyecto en la producción social y subjetiva

Las acciones de cada sujeto son antes que solamente reacción o respuesta, pasos emprendidos hacia fines y objetivos específicos. Se hacen parte de proyectos. En cada caso, la acción social y los proyectos comunes implican un actuar que puede decirse político. Se opera para el logro de objetivos.

Lo político es el modo de ejercer la autoridad de una sociedad y también la conducta seguida en asuntos particulares. Es un asunto político la forma en que se decide actuar, incluso para el asunto aparentemente más trivial, y en el microcosmos de un pequeño grupo o relación intersubjetiva. Implica un comportamiento prudente y hábil, para lograr un determinado fin. Ser político es actuar estratégicamente, pero también diplomáticamente, y tener habilidad y prudencia en el trato o manejo de cada asunto.

En cualquier organización social, las formas de ejercer de la autoridad tienen que ver con lo político. Cada proyecto es un asunto político. Y en procesos de investigación, lo que orienta la acción son las finalidades, mismas que implican en una u otra forma posturas y posicionamientos, que tienen en alguna medida un carácter político. Esto es verdad incluso en aquellos casos en que es insistentemente negada esta cualidad, cuando se propone o supone una imaginaria objetividad y neutralidad, antaño considerada necesaria y activamente buscada para la ciencia.

Cuando se pretende que los sujetos recuperen su capacidad de reflexión, análisis crítico y revelación del sentido y significado de lo que se encuentra latente, oculto, inconsciente incluso, simplemente sin haber sido explicado en otros casos, los objetivos tienen también un sentido político. La búsqueda de procesos y espacios para la transformación social y subjetiva, en el ámbito de lo psicológico, implica apoyar procesos que puedan hacer viable el logro de un nivel mayor de autonomía y autodeterminación.

Definidas estratégicamente, con base en un proyecto personal, cada acción individual y su vinculación con la acción colectiva, pero particularmente su significado y valor subjetivo, como todas las implicaciones de esto, son ámbito propio de la psicología. Esto es así tanto en el trabajo profesional como en investigación. Al decir que en psicología se trabaja con procesos de subjetivación, se trata también del potencial de la acción subjetiva en lo social. Se trata de lo emocional, por ejemplo en las limitaciones que impone a la definición y logro de finalidades, siempre vinculadas a proyectos sociales. Se trata de la acción eficaz y la relación entre heteronomía y autonomía, en procesos sociales y de subjetivación que son objeto de interés para la investigación en este campo.

Análisis y producción teórica en psicología

Las ciencias son sistemas de teorías, y la epistemología es el estudio de dichas teorías. La filosofía de la ciencia o teoría del conocimiento científico es una reflexión sobre teorías. La teoría se puede describir como un sistema de conjeturas y refutaciones. Son redes de mallas cada vez más finas, con las que se intenta captar, comprender y en algunos ámbitos dominar la realidad.

La postura propia de la teoría tradicional confía a la razón la tarea de concordar fines y medios. Implica una racionalidad que a la larga se muestra destructora de sí misma, como efecto de su carácter instrumental. Históricamente derivada de un concepto de razón como instrumento, buscando el dominio primeramente de la naturaleza, ha terminado por dominarnos.

Lo irracional de esta razón se ha mostrado en fascismos y totalitarismos  sociales, teóricos, políticos y conceptuales. Frente a ella, formulaciones críticas de teoría plantean la racionalidad como un cuestionamiento ponderado, para explorar cada objeto de estudio, pero especialmente en ciencias sociales también y simultáneamente las diversas formas de ideología y dominio que aparecen en la sociedad y la ciencia (Horkheimer, 1974) (Cortés, 1996).

En psicología, cada teoría se finca en una concepción de lo humano y lo social, y aborda desde una perspectiva específica el campo de estudio. Se funda en una concepción que hace posible reconocer de maneras particulares lo psicológico. Permite reconocer aspectos particulares. Simultáneamente, cada especialidad produce con la práctica conceptos y nociones que llegan a fundar nuevas líneas de indagación y perspectivas, que pueden incluso constituirse eventualmente en teorías.

La reflexión con respecto a la forma en que se aborda el campo de estudio, y cada objeto en lo particular, implica en cada caso una concepción de lo social y de lo humano. Los distintos cuerpos teóricos permiten abordar el trabajo en procesos de investigación para temas propios de la psicología y simultáneamente, al menos en alguna limitada medida, también propios de las ciencias sociales en su conjunto. Antes que perder especificidad, con esto se gana en la posibilidad de reconocer y articular elementos que  permiten considerar el campo de estudio y cada objeto en su complejidad.

El vínculo entre ámbitos distintos en ciencias sociales permite enriquecer la reflexión. La perspectiva histórica nutre a la sociológica que alimenta a la antropología y así consecutivamente. El campo de la psicología es también uno que se encuentra en construcción, movimiento y permanente actividad. En relación con los otros ámbitos de especialidad, se organiza una trama compleja de relaciones y vínculos conceptuales, teóricos y metodológicos entreverados. El ámbito de las ciencias sociales es un mundo complejo en que lo inter, pluri y multidisciplinario son constitutivos y consustanciales.

Hablar de subjetividad es tener en cuenta la necesidad de una convergencia de lo antropológico, lingüístico, filosófico, sociológico, psicológico, histórico, político y económico. Conlleva traer a la reflexión conceptos y elementos de otros campos. Implica aprovechar aproximaciones y conceptos, sin abandonar la especificidad del campo de estudios. Esto se logra primeramente mediante con un claro vínculo en el trabajo de campo con el objeto específico en estudio para cada caso. Las diversas modalidades de observación y recopilación de información implican además colaboración y trabajo con los sujetos y colectividades que se hacen parte del estudio.

Subjetividad y metodología

Abordar cada objeto de estudio en psicología implica un vínculo directo con la experiencia en el trabajo de campo, sea esto en lo social, individual, grupal, institucional y otras esferas. Pero la reflexión y conceptuación es en última instancia de esencial significación para todo lo humano. En distinta forma y medida, las más importantes propuestas son parte de los recursos propios de la ciencia social en general.

Hacer teoría es lograr aportes para un conocimiento más allá de lo observado, superando la conjetura meramente especulativa. En principio, todo el conocimiento humano es teórico, porque va más allá de los simples hechos conocidos en un momento dado. La teoría es el aspecto sustancial del conocimiento. En la ciencia actual, el interés se centra en las teorías, antes que en la experiencia por sí misma. Datos y observaciones se obtienen en función de la teoría. Esto ha supuesto una importancia peculiar de la noción de metodología para la producción teórica en ciencias sociales. Pero consideremos con atención la noción de metodología.

¿Cuál ha sido el método seguido para obtener los más importantes resultados científicos? Se sigue un patrón solamente cuando se depuran propuestas, propias de hipótesis y propuestas pertenecientes a una teoría y paradigma definidos, incluso cuando se trata de ciencias naturales o exactas. Cuando se trata de producir, antes que de refinar hallazgos, lo cual es generalmente el caso en ciencias sociales, la descripción del método implica un recuento en retrospectiva, propio de la presentación de resultados y clarificación de la argumentación y argumentos, para consolidar y defender la propuesta presentada.

Es importante tener en cuenta ejemplos de la construcción de las principales propuestas científicas. ¿Qué método se siguió para el descubrimiento de la penicilina? ¿Cuál para la construcción (originaria) de la teoría psicoanalítica? En cada caso, aunque el rigor conceptual y aquel aplicado al trabajo realizado sean lo característico, así como una particular noción de lo que se hace en la búsqueda científica, pensar en el método como mecánica predeterminada a seguir para un hallazgo o exploración dificulta el proceso, especialmente en ciencias sociales. Si se tratara de métodos a seguir para producir soluciones a problemas todavía sin solución, la ciencia sería una industria, antes que un ámbito tan creativo, apasionante, humano y vivo como lo es.

Método es buscar de manera racional, para lograr un fin determinado, escogiendo los medios convenientes y poniéndolos en práctica, según un orden razonado, adecuado y consecuente, mediante reglas o normas. Siendo científico el fin u objetivo que se desea lograr, se supone que habría un conocimiento metodológico que aplicar. Desgraciadamente este frecuentemente no es el caso, a menos que se trate de procesos de depuración al interior de un paradigma (Kuhn, 1996). Por lo general, los métodos se aplican a actividades susceptibles de ser divididas en etapas o momentos diferenciados.

Antes que fórmulas, para la investigación con respecto a procesos de subjetivación, método es aplicar la racionalidad, asunto que luego puede reseñarse detallada y sistemáticamente. La racionalidad misma puede definirse como el método de plantear razonadamente toda propuesta e idea, para evitar en lo posible errores. Esta puede ser una racionalidad teórica, pero también en cuanto a los medios que se adoptan, por su adecuación a los fines perseguidos, independientemente de los resultados que finalmente se logren o hayan logrado.

La cuestión fundamental que plantea todo método es que no se trata simplemente de una manera útil y razonable de averiguar o conseguir algo, sino que determina lo que puede averiguarse o lograrse. Lo mismo que se afirma del conocimiento en general, se aplica al método: Modifica aquello que intenta conocerse. En el caso de las ciencias sociales y muy especialmente la psicología, es lo cualitativo que priva en la producción de los más importantes resultados, actualmente y también en el pasado, incluso cuando se hayan aplicado métodos cuantitativos.

Observación analítica e interpretación

Tesis, antítesis y síntesis son los momentos de la dialéctica. El análisis es lo necesario para llegar a ellas, con el fin de lograr la comprensión mediante la descomposición en elementos, que bien pueden ser partes reales o meramente conceptuales. Metodológicamente, lo opuesto del análisis es la síntesis. El campo se aborda analíticamente, y las nociones sobre él con base en las que se trabaja son la teoría y concepción desde la que se parte.

Como procedimiento, el análisis consiste en la descomposición de un todo (fenómeno, problema, texto) en sus partes, con la intención de comprenderlo. Originalmente se entiende por análisis el aspecto deductivo de un procedimiento, que va de los principios a las consecuencias. La síntesis sería el contrario inductivo, que va de las consecuencias a los principios. Antiguamente se hablaba también de composición o síntesis, y resolución o análisis. Desde Newton se dice que los procesos deductivos e inductivos son el método del análisis y síntesis científico. Cuando hace pasar la luz blanca por un prisma, para descomponerla en todos sus colores, ofrece un ejemplo de análisis o resolutio. En realidad nada puede ser abordado sin una síntesis previa del entendimiento, que lo haya hecho objeto de análisis. Es el caso tanto del análisis político, sociológico, cultural, el psicoanálisis y otros (Cortés, 1996).

 

Afirmar lo inconsciente como estructurante del sujeto hace necesario un proceso de interpretación de lo manifiesto, para lograr reconocer aquello que lo origina. Similarmente para todo aquello que se encuentra oculto o simplemente latente y subyacente, en distintos ámbitos de lo social y subjetivo, sea el pensamiento y proceso psíquico, las dinámicas sociales y de ejercicio del poder, o los procesos sociales mismos. Cuando se busca lograr su comprensión, se hace necesaria en cada caso una labor para el reconocimiento de los motivos, lógica y sentido, desentrañando el carácter fundamental de cada asunto. Es así que la interpretación es lo que priva, cuando la perspectiva sobre los procesos psicosociales es de su desarrollo histórico.

Aunque queden fuera las nociones de esencia o inmanencia, se manifiestan en distintos momentos características que se configuran como estructuras que perduran, incluso por largos períodos, como parte de procesos propios de la subjetividad y lo social. Sin embargo, incluso en estos casos, su análisis será fruto de pensar al sujeto social en sentido histórico, como producto de condiciones sociopolíticas específicas. (Gadamer, 1988.)

La interpretación hermenéutica implica una traducción que busca la reconstrucción de la génesis y comprensión de un texto, mediante un proceso en el que quien interroga se identifica con el autor. Al ser necesario tomar en cuenta el todo, implica articular datos históricos y biográficos, propios de un ámbito específico de sentido. Para la comprensión se hace necesaria también la mayor medida posible de elucidación de las propias implicaciones, compromisos y vínculos del sujeto interpretante.

Marx, Nietzsche y Freud, los denominados maestros de la sospecha, señalan en cada caso el carácter oculto y disfrazado con el que se presenta la realidad, con una tergiversación del sentido que solamente mediante la comprensión que brinda la interpretación puede llegar a reconocerse como algo que funda y es originario, estructural y esencial en cada caso y cuestión. Sería así para la ideología, la circulación del poder y la resistencia, pero también para la represión de las pulsiones. En distintos asuntos, la verdad aparece invertida o disfrazada. Es por esto que puede decirse que antes que con hechos, contamos con interpretaciones (Nietzsche, 1972). Sabiendo esto, se puede desarrollar una postura para la interpretación crítica, sea de las ideologías, como de la constitución del psiquismo, y en todos los ámbitos de lo psicosocial.

 

El choque cultural y epistemológico con el objeto en estudio, especialmente en investigaciones psicosociales, genera condiciones que un análisis de las implicaciones y compromisos del investigador, por muy cuidado que sea, solamente puede ayudar a moderar, para avanzar en el proceso de interpretación (Devereux, 1977). Es así que el prejuicio, la autoridad y la tradición se hacen parte de todo proceso de interpretación, con el que se circula al interior y también para salir de esquemas preexistentes, propios del saber establecido.

Un asunto clave en este ámbito de estudios es la interpretación. Pero en ello es menester tener presente la estrecha relación entre lenguaje1, experiencia2 y comprensión3 del mundo en los procesos de subjetivación. En el lenguaje1 se asienta la significación, elemento propio de lo humano y se fundan los vínculos propios de la experiencia.2 Pero es solamente en la comprensión3 con la  que los propios sujetos cuentan, a partir de su propio esquema del mundo que se configura un todo, propio de la subjetividad y lo psicológico. Es así que la investigación en el campo de la subjetividad se hace un asunto complejo, pues implica la interpretación necesaria para lograr la comprensión en asuntos donde existen otras formas de reconocer, entender e interpretar. Se hace necesaria entonces una interacción, entre sujetos y conceptos, teorías y propuestas, para una permanente construcción social y subjetiva producto del proceso.

El trabajo de campo: Escucha, observación y participación

El trabajo de campo es el fundamento práctico de la investigación en psicología. Mediante la atenta observación y una afinada capacidad de escucha, con base en un claro posicionamiento tanto teórico, como personal y subjetivo, inclusive político en el sentido amplio antes planteado, la observación, actividad en comunidad, trabajo clínico, etnográfico y otras modalidades de la labor psicosocial hacen posible la exploración. Se puede así pasar a la sistematización de lo encontrado para su análisis. En cada caso lo generado estará directamente referido a objetos concretos, propios de este ámbito de investigación.

Es fundamental que la producción de conocimiento tenga una vinculación directa, mediante cualquier combinación de modalidades de trabajo, con su campo y objeto de estudio. Es en ese vínculo con el campo que la producción más importante llega a tener trascendencia. Los más importantes productos de la investigación científica en psicología, así como también los más modestos, son fruto de este vínculo.

 

Si definimos el término en el sentido en que se aplicaría a una clínica de carpintería o para sistemas de inyección de combustible para motores, pudiéramos considerar a la clínica psicosocial como el trabajo práctico, con procesos subjetivos y psicosociales, propios de la investigación en psicología. En la práctica profesional estas modalidades de trabajo comúnmente se denominarían procesos de intervención.

En términos de la operación de procesos de investigación científica, las diversas formas de trabajo profesional se hacen también propias de las diversas metodologías para el trabajo de campo. La observación y la obtención de datos en este campo se hacen parte de acciones que generalmente implican, primeramente, atender los intereses y necesidades propios de los sujetos que son objeto de estudio.

Tal vez solamente cuando los objetivos de investigación sean directamente lo que los sujetos requieren, se pudiera entonces hablar sin más de trabajo de campo. Este sería el caso cuando estuvieran empatados los procesos sociales y subjetivos, con los objetivos y el proceso de investigación en curso. En otros casos, el trabajo práctico, con sujetos o grupos y en instituciones o medios sociales, tiene casi siempre al mismo tiempo un carácter profesional y se hace parte también de un proceso de investigación.

Entre los más importantes autores, es generalizada la práctica y actividad directa en la materia propia de sus ámbitos de reflexión y producción científica, con sujetos específicos y en atención a ellos. Para Freud, el activo y permanente trabajo en la clínica individual era esencial. Similarmente, Piaget tuvo un constante vínculo con el trabajo con niños. Otros ejemplos sobran, porque intervención o trabajo e interacción en comunidad son en realidad propios del trabajo de campo.

Teoría y compromiso social

En ciencias sociales ninguna teoría es neutral. Sea profesional o de investigación, en psicología la práctica involucra decisiones y acciones que implican compromisos sociales. El posicionamiento profesional implica inscripciones en proyectos específicos. La participación en cada proyecto social implica una trayectoria y objetivos para la acción, tanto en el ejercicio profesional como en la investigación. Es así tanto para el investigador, como para el psicólogo que trabaja en selección de personal para una empresa.

El investigador y el profesional son sujetos sociales. Los atraviesan discursos y lógicas. Con el tiempo, serán aquellas de quienes se hacen más significativos y con quienes hay vínculo y compromiso, sean personas o instituciones, las que condicionarán su actuar, e incluso su comprensión de los sucesos, así como las interpretaciones de las acciones de otros que se formulen, sean clientes o sujetos de estudio.

Tanto como el diseño de estrategias para el trabajo en comunidad, la investigación implica la necesidad de claros compromisos y posturas. Es necesario pensar en cada momento y caso sobre las implicaciones de cada propuesta, para el análisis y comprensión de los fenómenos subjetivos y sociales tratados. Solamente así será posible generar la reflexión, y tener en cuenta consideraciones que nos permitan avanzar en la comprensión del objeto en estudio, pero también considerar todo aquello que se pueda integrar a propuestas y proyectos de atención o trabajo, para abordar problemáticas sociales.

 

La investigación es medio para la resolución de problemas y el avance en todo lo concerniente a necesidades sociales concretas. Es una herramienta excelente para encontrar alternativas y soluciones para las más diversas e importantes problemáticas. Sería tal vez importante que los temas abordados puedan también prometer la posibilidad de su aplicación. La investigación teórica y conceptual puede ser esencial, pero tal vez preferentemente como desenlace de un proceso aterrizado en problemas concretos.

Estudiar y analizar los procesos mediante los cuales se abordan socialmente problemáticas subjetivas y psicosociales puede también ser un recurso, para formular nuevas propuestas y medios para la difusión de saber actualizado, propio de la psicología. Se pueden incluso difundir modalidades de acción social y subjetiva, aplicables a situaciones específicas, como contribución para la evolución de nuevas perspectivas, especialmente en asuntos de importancia social. Mediante la investigación es posible apoyar el avance tanto social, como subjetivo hacia formas menos violentas, conflictivas y problemáticas de relación e interacción social, sin por ello desvirtuar su carácter o ejercer un imperialismo cultural ajeno.

Trabajar para la producción de conocimiento psicológico directamente aplicable es una propuesta a ser tomada en cuenta. Desde el diseño es posible buscar temas y resultados de investigación trascendentes socialmente, e incluso hacerlos más fáciles de divulgar, para la generación colectiva de alternativas que permitan comprender, y también abordar situaciones y necesidades concretas. En un país con las agudas circunstancias y necesidades que es el México actual, esta es tal vez una perspectiva ética y responsable para el trabajo científico en psicología.

Investigación y trabajo de campo: ¿Intervención o participación?

Un problema de investigación bien definido; una guía de observación coherente con las premisas, marco teórico e hipótesis con las que se trabaja, son lo que hace posible ya sea recuperar para el análisis los materiales producidos socialmente, o bien elegir modalidades de trabajo de campo pertinentes. Es a partir de la construcción del objeto de estudio por parte del investigador, luego de procesos de observación y análisis iniciales, que se puede definir con mayor claridad el dispositivo idóneo para la exploración del tema específico de que se trate.

En la construcción de su objeto de estudio, el psicosociólogo ofrece también un potencial de cambio social, mediante los discursos explicativos y las propuestas de organización y acción que de ellos se desprenden. Un dispositivo particular puede ser una herramienta privilegiada para la investigación, pero también un producto directamente aplicable como instrumento, para el trabajo en el campo de la psicología social.

Una buena teoría es lo más práctico que existe diría Lenin, y desgraciadamente “es una vieja y perniciosa tradición el separar la teoría de la práctica” (Baz, 1996:36). En psicología social, la investigación es un proceso de acción en la comunidad. La exploración del objeto de estudio casi necesariamente implica alguna forma o nivel de participación por parte del investigador, debido a la necesidad de conocer y reconocer íntimamente los múltiples elementos en juego.

Es necesario decidir lo que se va a observar, pero también cómo se va a observar, además de la manera en que las observaciones, el material, texto y anotaciones producidas se utilizarán. Las categorías para el análisis de cada texto y proceso se definirán mediante la construcción de un esquema analítico para la interpretación (Baz, 2001:18). Además, en el proceso de observación y en el análisis se toma en consideración el contexto; la situación específica en la que se desenvuelve cada sujeto o grupo; la concepción de dispositivo con la que se trabaja; y la forma de registrar la producción. Se debe decidir también si se realizará una observación y análisis únicamente de los procesos observables y manifiestos, o bien del plano latente y los mecanismos inconscientes.

Es sencillo reconocer la íntima relación entre todo lo que es necesario definir y hacer en un proceso de investigación en el campo de la subjetividad y lo que se necesita para el trabajo en comunidad. Se puede decir que la clínica en psico-sociología o trabajo comunitario con grupos e instituciones es, precisamente, el trabajo que se realiza a través de la implementación comunitaria. El trabajo con comunidad es un diálogo entre saberes y entre medios sociales, cada uno con dinámicas y objetivos distintos, pero complementarios. Y este trabajo es también el que es necesario realizar en un proceso de investigación en este campo. de dispositivos para la intervención

Es en su uso social, por parte de grupos y comunidades específicas, donde adquiere mayor relevancia el conocimiento sistematizado y teorizado producto de la sociología, la psicología social y disciplinas afines. Antes que a una ingeniería social, se alude aquí a los medios por los cuales el proceso histórico de evolución y aprendizaje, propio de cualquier comunidad, puede y debe ser complementado y apoyado en sus transformaciones, con los frutos del estudio sistemático y los resultados de la investigación psicosocial.

Lo que se ofrece mediante la intervención comunitaria, sea para investigación o en el trabajo profesional, con los dispositivos que se diseñan e implementan en cada caso, es también una transmisión de conocimiento científico generado en ciencias sociales. Se puede decir que es una modalidad de divulgación científica, hacia las estructuras comunitarias y con ello hacia los procesos de subjetivación que les son propios. Es una manera de dar vida al conocimiento asequible de ser implementado, por parte de grupos en la comunidad. Es así que en su momento, las herramientas ofrecidas pueden llegar a hacerse parte de la dinámica social de una comunidad.

Ayudar a poner en práctica mecanismos que hagan posible aprovechar el conocimiento científico, para coadyuvar al avance en los procesos históricos propios del desarrollo social, es también un objetivo propio de procesos de investigación socialmente comprometidos. Antes que una acción que se ejerce sobre una comunidad, la producción y aplicación del conocimiento propio de las ciencias sociales es también una oferta y propuesta o invitación que se hace a la comunidad. Es importante reconocer que tales acciones conllevan una interacción entre las ciencias sociales y sus campos de estudio. En el trabajo conjunto de unos sujetos con otros, la investigación implica comunicación entre ámbitos sociales, para la producción y aplicación de saberes en interacción con otros. Es una complementariedad recíproca en la que las dos partes se ven modificadas, idealmente incluso transformadas.


 

Reflexiones finales

 

Se puede decir que la subjetividad y los procesos de subjetivación son la materia de trabajo propia de la psicología. Siguiendo la lógica y formas de operar de la investigación en este campo, puede bien abordarse tanto su estudio universitario, como también el trabajo profesional. Sea para la producción conceptual y teórica en ciencias sociales, como sistema en el que se apoyen procesos de formación académica, pero también como estrategia para afrontar problemas que se presentan en la práctica, aplicar una perspectiva de investigación es una estrategia valiosa.

En la docencia, abordar el objeto de estudio mediante la formulación de breves y limitados procesos de exploración, que se formulen como una pequeña investigación, permite rescatar la creatividad, curiosidad e iniciativa, incluso en asuntos que  hayan sido resueltos tiempo atrás. En el trabajo profesional, abordar los problemas a resolver con un espíritu crítico, mediante una problematización analítica, puede hacer posible desentrañar con mayor facilidad el carácter subyacente de cada cuestión, para hacer posible aplicar recursos nuevos, luego de abordar la búsqueda bibliográfica y de información pertinente. La investigación en ciencias sociales, particularmente en el ámbito de la psicología y abordando procesos sociales, generadores de diversas modalidades de subjetividad, es tanto el medio para la producción teórica y conceptual, como también y fundamentalmente un proceso de aprendizaje. Generalmente implica además trabajo directo con núcleos sociales y sujetos específicos.

Para un tratamiento más extenso en la reflexión sobre psicología, procesos de subjetivación, e investigación en este terreno, sin duda sería fundamental también tratar temas tales como el de lo institucional; las demandas; los encargos; el diagnóstico. Son importantes muchos asuntos, y necesarias distintas perspectivas y enfoques, tal vez en algunos casos con menor énfasis en lo social, y que pudieran ayudarnos a reconocer con mayor detalle lo intrasubjetivo.

Con esta reflexión, teniendo claras las limitaciones de su alcance, se ofrece un breve ejercicio y ejemplo de la reflexión previa, posible y tal vez necesaria de emprenderse al iniciar alguna investigación en el campo de la subjetividad, antes de pasar a lo específico del caso particular.


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