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Sin techo, sin nada

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Sin techo, sin nada

Un ensayo analítico desde la psicología social sobre marginación y pobreza, considerando al Instituto de Asistencia e Integración Social del Distrito Federal como ejemplo de política pública para la atención social

Dr. Rolando Montaño Fraire

Referencia bibliográfica: Montaño Fraire, Rolando, "Sin texcho, sin nada: Un ensayo analítico desde la psicología social sobre marginación y pobreza, considerando al Instituto de Asistencia e Integración Social del Distrito Federal como ejemplo de política pública para la atención social", artículo entregado para concurso de oposición CO.I.CSH.d.01.03, 1 de abril de 2004, Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Xochimilco, México, DF.

 

Contenido

Introducción. 3

Psicología social 4

¿De qué psicología social estamos hablando?. 4

Procesos de subjetivación. 5

Perspectivas sobre psicología. 7

Teoría y compromiso social 9

Pobreza e indigencia. 9

La teoría económica. 10

Una cultura de la pobreza. 11

Los pobres surgen como extranjeros en su propio territorio. 11

La atención y promoción social 13

El asistencialismo. 13

El Instituto de Asistencia e Integración Social 14

Ley y decreto. 14

Centros y población atendida. 15

El IASIS - Un recuento desde la práctica. 15

Conclusiones. 17

Bibliografía. 20


Introducción

El 26% de la población en México se encuentra en condiciones de pobreza extrema. Tenemos alrededor de 4.2 millones de hogares en esas condiciones, con casi 24 millones de personas que representan ese 26% de población en 1.7 millones de hogares en zonas urbanas y 2.5 rurales (Gordon, 1997).

Quienes son excluidos en un inicio rápidamente se ven alterados, tanto interna como socialmente y tienden luego a hacerse aún más vulnerables y marginados. Es así que podemos decir como Bourdieu (1970) que las desigualdades sociales dependen de un conjunto de factores, mismos que en un momento dado pueden bien resumirse y describirse como una diferencia cultural. Los pobres manifiestan diferencias en normas y valores, así como en formas de interacción e intercambio y construyen códigos específicos de significación. Podemos decir que aquello que hace imposible para los sujetos obtener acceso a las instituciones sociales más fundamentales, por ejemplo de salud o educación, es de carácter cultural y subjetivo.

En su estudio “Voces de los pobres” el Banco Mundial (2004) indica que para estos grupos sociales el bienestar involucra lo psicológico, tanto como lo material. Implica comida; seguridad; libertad de elección y de acción; y confianza, además de una fuente de ingresos.

Es en la comprensión y reconocimiento del proceso social y subjetivo de la marginación y la pobreza que lleva incluso hasta la indigencia donde se hace posible reconocer aquello que puede ser necesario y apropiado para atender los principales problemas que representa y poder así promover acciones transformadoras. Solamente con el análisis y comprensión de todo el proceso, y también los componentes intrasubjetivos del mismo, que se hará posible formular propuestas con vistas a la recuperación de las fortalezas y abordaje de las carencias que conlleva. Es en este sentido que se hace necesario estudiar lo que la atención social a población marginada y en extrema pobreza engloba.

En este ensayo se discute primeramente el carácter de lo psicológico y social, para poder pasar después a una discusión sobre la marginación, la pobreza y la indigencia. Con una breve reseña de documentos legales y una reflexión a partir de una entrevista con funcionarios del Instituto de Asistencia e Integración Social, se integra lo visto, para cerrar la reflexión. Tomando como ejemplo una agencia de gobierno y su acción, desde un punto de vista específico y propio de la psicología social descrito y discutido, se aborda el tema de la marginación y pobreza y la atención ofrecida por parte de una agencia que implementa acciones específicas.


Psicología social

¿De qué psicología social estamos hablando?

¿Existe una psicología que no sea social? El ser humano se constituye en y por el lenguaje. Siendo el lenguaje medio para la institución, difusión y perpetuación de los símbolos, es con él que se construyen simultáneamente sujetos y vínculos intersubjetivos. Es en este medio que se gesta la urdimbre del tejido social. Al ser lo humano y lo social un entramado irreductible de sentido y relaciones que se desenvuelven permanentemente en el lenguaje ¿cómo pudiera entonces hablarse de una psicología que no fuera social?

En la estructura psíquica del sujeto, son los vínculos con otros que nos constituyen, lenguaje de por medio. Desde la díada con la madre (Caruso, 1979) y pasando por el complejo de Edipo, nos hacemos humanos al entrar en el lenguaje y relacionarnos así con otros, en un medio familiar, social e institucional específico. El campo de la psicología social es precisamente ese espacio simbólico y proceso de subjetivación. Son los múltiples elementos por los que este entramado de relaciones, interacciones y sentido se constituyen en motor del proceso subjetivo interno de la psique en cada sujeto, tanto en cuanto pensamiento consciente e inconsciente, como en cuánto estructura y esquemas para conocer, comprender y desenvolvernos en el mundo natural y en el social. Lo que se aborda es “la interdependencia entre procesos sociales y la experiencia de sujetos situados en condiciones históricas particulares” (Baz, 2001:22).

El campo de una disciplina es también la esfera en la que se aplica profesionalmente un conocimiento específico. Es el ámbito de la realidad social que corresponde a una división específica de la investigación en ciencias sociales. Es el tema o área de interés y especialización académica y el terreno del ejercicio profesional o quehacer, provincia y territorio de actividad, pensamiento, y estudio.

La psicología social aborda el lenguaje y el sentido, como medios por los que lo social opera en el pensamiento y lo configura, pero también como elementos del proceso inconsciente y afectivo. Trata de la estructura y formas de relación social que son modelo de los procesos al interior de la psique. (El inconsciente está estructurado como un grupo nos dicen tanto Pichón-Riviére como Kaës.) Trata de los discursos instituidos y los procesos instituyentes de creación (póiesis, producción) que son el proceso de acción en el que el sujeto participa. Aborda aquello a lo que afectivamente nos adherimos y aquello contra lo que luchamos, a partir de los vínculos intersubjetivos significativos que nos constituyen. Trata de proyectos y modos de actuar; esquemas de comprensión del mundo que le dan sentido a la experiencia y a lo conocido y que nos hacen sujetos sociales y nos guían en la acción. Por tanto, debe abordar también la ética y la moral en las que nos encontramos inscritos, involuntariamente o bien por elección. El campo de la psicología social es ese proceso de relaciones, vínculos y sentido, acción e inscripción que nos brinda identidad. “El asunto clave es el significado que la realidad tiene para los sujetos y la manera en que esos significados se hacen la base de conductas y acciones específicas” (Arano, 2001:27).

Como diría Pichón-Riviére, el objetivo de la acción profesional en psicología social es “operar en lo subjetivo-social de modo tal que los sujetos fuesen cada vez menos víctimas y más artífices de su propio destino” (Jasiner, 1992:13). Es abocarse a “la relación entre estructura social y configuración del mundo interno del sujeto” (p. 22). Implica abordar la relación entre los discursos imperantes del mundo en el que el sujeto participa y la constitución de su mundo interno y forma de ser. Por tanto requiere de la atención a la relación entre lo instituido, la normatividad del medio y la configuración subjetiva en acción.

“Ser sujeto es ser autónomo siendo, al mismo tiempo, dependiente.” (Morin, 1994:97). Para una “adaptación activa a la realidad” (Pichón-Riviére, 1975:11) que es criterio de bienestar de los sujetos, la participación en un grupo es una forma de hacer posible ese carácter activo de la adaptación. Y esto implica todo tipo de grupos. Se trata de medios microsociales que pueden hacer posible arribar a una perspectiva y sentido crítico, contestatario de la adecuación a una situación, por parte de un sujeto que lucha en contra de posicionamientos que se le han impuesto o en los que ha entrado, circunstancialmente, ya sea desde su nacimiento o en los momentos de su inserción en entornos familiares, de estudio, de trabajo, de amistades. Esa adecuación o adaptación activa a la realidad, antes que conflicto, implica aceptar y tomar en cuenta elementos que difícilmente pueden ser transformados radicalmente, pero al mismo tiempo implica valor, coraje, fuerza moral y empuje para luchar contra aquellos elementos que se busca transformar en alguna medida, para adecuarse en protesta y alterándolos.

En estos procesos precisamente es que la participación en grupos hace posible la transformación de una adaptación pasiva a la realidad en una que sea activa, mediante dispositivos y formas de organización social o bien técnicas profesionales adecuadas a estos procesos.

Procesos de subjetivación[1]

En la medida en que la palabra es comprendida por otro y toma el carácter de una promesa es que cobra fuerza y se hace significante. Se constituye en el medio y la forma de convenir y contratar todo aquello que se imagina y que se construye como potencial a futuro. Se hace entonces parte de una permanente anticipación, que toma en cuenta lo posible y lo operativo, integrando a los otros en la comprensión de las situaciones. El acto de hablar con otros cobra valor en la planeación estratégica e integración de intereses y objetivos de unos y otros. El diálogo fluye a la par de la metáfora y la capacidad creativa de la imaginación que se pone en acción entre sujetos. En esta interacción activa, constituida antes que mediada por el lenguaje y la fuerza de las palabras, radica la posibilidad de futuro, hecha posible por el valor de compromiso y promesa en la que se fundan continuamente y cada vez más sólidamente los vínculos intersubjetivos.

En el lenguaje, la construcción de sentido opera en una circularidad y proceso continuo. Lo simbólico es producto directo de la construcción imaginaria. A su vez, tiene una fuerza y eficacia constituida y sustentada por mecanismos de regulación que se desprenden de la ilusión misma que con lo imaginario se establece.

El acto relevante es producto y parte del vínculo. La metáfora es en realidad una promesa de sentido; es un acto lingüístico con fuerza imperativa constructora de vínculos. Para constituirse como potencia, la metáfora tiene que ser parte medular de un vínculo. Y para ello el otro es garante de la fuerza metafórica. Sustenta la verdad y la fuerza imperativa de la metáfora como potencia. Esta es la calidad de la metáfora. Es así que se funda la fuerza creadora de la interacción en la capacidad de invención, siempre y cuando ésta se vincule a lo social. Sin ello, la imaginación es ilusión subjetiva en el mundo interno de un sujeto, antes que potencial vinculante y de construcción social.

El ejercicio regulador implica el cumplimiento de las normas. Como sucede en el cumplimiento de la ley, aunque sea difícil o imposible reconocer o comprender la norma, es imperativo cumplirla. Esto es similar para la promesa y los compromisos que en la construcción de futuro y proyecto social por medio de la imaginación y creación colectiva se generan, con el lenguaje y la interacción hablada. Es la fuerza estructurante de lo simbólico, presente también en los discursos hegemónicos y los proyectos sociales establecidos.

Estos son los procesos de subjetivación que hacen de cada persona un ser social. Pero para entrar en este juego creativo y fantástico, es necesaria también la libertad de imaginar y moverse en ese mar de posibilidades que es el lenguaje y los mundos que su potencia metafórica permite y obliga a ir creando. Como el bailarín que cobra libertad en la medida en que domina por completo el lenguaje corporal de la técnica y escuela de danza en la que se inscribe, es solamente en el momento en que el uso del lenguaje al que se entra se hace automático que se logra libertad de movimiento y capacidad creativa y productiva. Es entonces que se construye, siempre de manera acotada, sostenida y hecha posible por la técnica y la disciplina correspondientes a un esquema que hace de esa producción algo asequible de ser y hacerse social.

Sin estar la imaginación, creación y expresión de cada sujeto particular acotada a los límites de un lenguaje social, los desvíos creativos se harán parte de una  locura cada vez mayor. La medida del distanciamiento del lenguaje social, con la construcción de un lenguaje personal y aislado, es también la medida del distanciamiento del medio social y vínculos subjetivos de un sujeto específico. Es así que mientras menos vinculados estamos a otros y a la urdimbre del lenguaje y lo social, menos humanos somos. Y esta separación e imaginación fuera de la trama puede llevarnos en direcciones insospechadas.

Cuando se llega a estar relativa o enteramente fuera del proceso colectivo de construcción de sentido para la acción social y subjetiva, marginados del proceso social de significado, este estado de cosas también puede hacerse origen de una desbordada producción imaginaria que genere enormes problemáticas para un sujeto dado. Es en la imaginación desvinculada de los otros y de la acción colectiva que se genera el delirio y el conflicto psíquico. Aunque esto sea parte de procesos de búsqueda de identidad y sentido, para quien se ha quedada varado en los intersticios de la producción social de sentido y proyecto, se puede en casos quedar también excluido y expulsado por entero del entramado y la acción social.

Al vivir una marginación subjetiva específica, se puede también encontrar a otros en similares circunstancias, para hacer grupo y construir específicos esquemas de comprensión del mundo. Es así que en la exclusión se puede también generar cultura, si bien esta sea una contracultura o cultura al margen de la hegemónica.

En la libertad de movimiento disponible en las fronteras del sentido, se logra la desviación de la normatividad que se hace posibilidad instituyente. Este es el imaginario radical que indica Castoriadis (1975) y que hace posible que la expresión y la producción e imaginación subjetiva que se apega a las reglas del lenguaje social y se vincula a discursos establecidos se haga potencial para la acción. Toda nueva normatividad y movimiento instituyente es producto de la fuerza creadora de la imaginación, hecha posible por la potencia metafórica propia del lenguaje y emanada de la interacción social que en los compromisos y promesas habladas y acordadas se materializa.

En su faceta negativa, el proceso descrito es también sometimiento y sujeción, mismas que simultáneamente producen incertidumbre con respecto de la propia identidad y posición social. Se genera con ello una falta de capacidad de acción. Dejar de acatar la norma e incluso la acción comprometida con otros y propia de su acción y objetivos específicos, puede también hacerse un riesgo, primeramente para saber quien se es, y cual sería el propio futuro y lugar. La potencia de la acción de otros puede así revertirse en un efecto de violencia simbólica y sujeción, que limita o cancela la capacidad de construcción de identidad, acción subjetiva y autonomía. En la medida en que se cancela la capacidad de una acción subjetiva vinculada a proyectos sociales, se reduce también la posibilidad de autonomía. En este proceso la heteronomía y la violencia simbólica se constituyen además en causas de conflicto psíquico. En las luchas de poder y esquemas de asimetría, incluso en los más pequeños espacios sociales, el registro de lo simbólico y los procesos inconscientes, junto con aquellos que son propios del ejercicio y ocultamiento del poder se hacen también lugar de la acción simbólica de la imaginación colectiva.

La potencia de la negación, vuelta sobre la identidad y la memoria de los sujetos, con incidencia en la posibilidad de un lugar propio y capacidad de vínculo de los propios proyectos a los establecidos socialmente, es cancelación de la posibilidad de vínculo social y valoración subjetiva. Desde la “baja autoestima” hasta el quedar instalado en la depresión, la marginación simbólica tiene profundos efectos. Con el transcurrir de la historia subjetiva y la conformación psíquica de cada sujeto, la disolución de la capacidad de construir identidad es producto de vínculos rotos e historias desarmadas en el valor asignado a cada actor dentro de la narración de su vida y lugar social.

Veremos adelante las formas en que estos procesos se hacen parte de la marginación social de personas que viven en extrema pobreza.

Perspectivas sobre psicología

Juntos somos historia y cada uno es producto de una particular historia de vida. Nos desenvolvemos en la trama de imágenes e imaginación subjetiva y socializada. Incluso en nuestro más profundo interior, somos siempre uno y todos juntos a la vez. Es imposible ser humanos de otro modo. Vamos siendo lo que somos como resultado de acciones y decisiones marcadas por pasiones conscientes e inconscientes y batallas entre proyectos y discursos que solamente en algunos casos conocemos, pero de los cuales sin embargo somos parte activa. Nos desenvolvemos en el sentido y el significado y es el valor para otros de los sucesos y nuestros actos lo que define aquello que nos constituye. Nos hacemos realmente humanos solamente cuando entramos al lenguaje. Es en el lenguaje que se construyen los discursos que nos permiten comprender el mundo y con el que se desarrollan las tramas de las narraciones que constituyen el teatro de lo humano.

Nuestra vida es poesía, construcción y creación de sentido y significado, luchas y batallas, angustias y temores, pasiones y arrebatos, todos fincados en los deseos que se articulan con aquello que aprendemos que puede llegar a ser y en lo que debe ser anhelado. Era una psicología muy simple aquella que proponía que lo fundamental eran los instintos que nos “condicionaban” y que nuestra conducta podía ser estudiada con los mismos principios que en los otros animales. Siendo uno de ellos, esta larga evolución nos ha hecho simios con un cuerpo y forma muy especialmente construido para que se inscriba en nosotros el lenguaje y la condición social humana. Esto nos convierte en algo tan radicalmente distinto, que sería absurdo hoy pensar que por nuestra constitución animal estaríamos obligados al comportamiento genéticamente condicionado, en su caso más patente por ejemplo en el necesariamente tener hijos. Cómo explicarnos entonces a sociedades enteras, como la espartana o la azteca en las que la búsqueda de la muerte sea un valor primordial de la cultura, con la cual una proporción importante de los más fuertes y saludables individuos la habrán buscado y encontrado muy temprano en su vida. Siendo humanos, vamos permanente e intencionalmente contra los dictados de lo biológico y genético.

Historicidad antes que inmanencia es el carácter sustancial de nuestra constitución, misma que es social tal vez incluso más que animal. La identidad es una ilusión en permanente construcción que se hace parte de la lucha por el predominio, en las tramas narrativas y los discursos que definen mundos de sentido y la lógica de las acciones, cada una de las cuales son el motivo fundamental de nuestro actuar y nuestro existir. Con esas tramas y discursos se establecen, sostienen y rompen los vínculos que nos motivan y el significado de lo que se hace para cada uno de nosotros, junto con otros, lo que llegamos a considerar éxito o fracaso. Y son estos éxitos y fracasos los que nos hacen vivir o morir.

Una gran actividad llena de intención, cuidadosamente calculada y estratégicamente diseñada, contrasta con otros momentos de vida, incluso vidas enteras trabadas en el sinsentido y las trampas de significado que nuestras acciones y los lugares que ocupamos llegan a tener, frecuentemente como efecto de las lógicas y narraciones promovidas por otros. Con las verdades aceptadas que asumimos se definen realidades, con las que armamos proyectos propios que inscribimos en otros más amplios. Nosotros mismos llegaremos a sabotearnos en lo que sí era posible y a lograr lo que parecía imposible, frente a distintas visiones y a los callejones sin salida que nos presentan los discursos que nos preceden y constituyen. Cada uno de ellos es resultado de las acciones e intereses de otros, sea en lo individual, grupal e incluso en lo institucional. La capacidad de avanzar, o disposición a detenernos o retroceder, es producto de nuestra muy particular historia subjetiva, especialmente por la disposición afectiva que de ella se deriva. Nos permite o impide aplicar nuestra aguda y bastante generalizada inteligencia a la invención y construcción de soluciones, que pueden incluso hacernos optar por detenernos en menos peligrosas posiciones.

Se puede decir que la psicología social busca dar cuenta del proceso mediante el cual se constituye el sujeto, como efecto de su entrada en el lenguaje e inmersión en la cultura, y su participación en procesos grupales e institucionales, porque es ahí donde se disponen esquemas de comprensión y representaciones simbólicas que se asimilan y constituyen en componentes de la propia identidad. Esto se desenvuelve en procesos que son tanto conscientes como inconscientes, pero también visibles u ocultos y propios de lo aparente y lo latente, todo lo cual se hace parte de propuestas, discursos, proyectos e intereses diversos, en los que se manifiesta continuamente la resistencia, tanto como la lucha por obtener la primacía, beneficios concretos, poder y hasta hegemonía.

Es en cuanto a la producción de concepciones y proyectos hegemónicos en este proceso complejo que nos interesa aquí considerar lo pertinente a los procesos de subjetivación propios de la pobreza extrema e indigencia.

Teoría y compromiso social

Ninguna teoría es neutral en ciencias sociales y en psicología la práctica, sea profesional o en investigación, involucra decisiones y acciones políticas. Como toda acción social humana, el posicionamiento profesional implica inscripciones en proyectos específicos. La participación en cada proyecto social es trazar una trayectoria y objetivos para la acción en el ejercicio profesional y la investigación. Es así tanto para el investigador como para el psicólogo que trabaja en selección de personal para una empresa. (Y es importante tener en cuenta que en este ámbito, la investigación es simultáneamente intervención y acción en y con la comunidad, es decir una acción profesional.)

El proyecto político y económico del empleador determinará en gran medida el sentido de la acción profesional. Pero esto va más allá de la implicación existente como integrante de un equipo y el interés laboral, o de los efectos de éstos en el trabajo realizado. El investigador y el profesional son sujetos sociales. Los atraviesan discursos y lógicas. Con el tiempo, serán aquellas de quienes se hacen más significativos y con quienes hay vínculo y compromiso, sean personas o instituciones, las que condicionarán su comprensión de los sucesos y de las acciones de otros, incluidos sus clientes o población objetivo.

La investigación tanto como el diseño de estrategias para el trabajo en comunidad a partir de la psicología social y especialmente para el tema de poblaciones vulnerables, marginación y pobreza implican la necesidad de claros compromisos y posturas, mismas que pueden incluso necesitar ser políticas. Es así que para el tema que en este ensayo nos ocupa, es necesario pensar en cada momento y caso sobre las implicaciones de cada propuesta, para el análisis y comprensión de los fenómenos subjetivos y sociales tratados. Solamente así será posible generar la reflexión y tener en cuenta consideraciones que nos permitan además de comprender el fenómeno, saber discernir también aquello que es necesario que se integre a propuestas y proyectos de atención que permitan abordar la problemática de que se trata.

Pobreza e indigencia[2]

La pobreza extrema implica agudas carencias económicas; exclusión social y política; hambre; falta de techo; enfermedades sin atención; impedimentos para acceder a la educación; falta de trabajo; temor al futuro. Básicamente una vida de supervivencia día a día. Es también impotencia, falta de representación y de libertad.

En general las políticas sociales y los discursos en que se basan contemplan principalmente y casi exclusivamente los factores económicos para el problema de la pobreza extrema. En la práctica, aunque no en los discursos, se suele dejar de lado el factor humano. El énfasis en los factores económicos suele incluso reducir el problema casi exclusivamente a la incapacidad de generar fuentes de trabajo suficientes.

Pero es el sistema social el que produce las condiciones para que se produzca la marginación, la pobreza extrema y luego la indigencia. Un entramado de significaciones imposibles de reducir determinan la realidad de la condición económica de los sujetos inmersos en estas situaciones. La pobreza extrema en las familias genera procesos de subjetivación específicos. Existen regularidades en los procesos de constitución de los sujetos y los procesos sociales y familiares, con los que se generan formas de subjetividad, propias de la pobreza y que hacen difícil el trabajo necesario para romper con su existencia y reproducción.

La pobreza tiene significados particulares y sujetos que los viven. En cada caso, la organización social está dada por la ideología dominante del medio de que se trata. Una particular forma de comprender, sentir y actuar legitima valores y normas imperantes. Las lógicas de la interacción y producción económica son al mismo tiempo un modo determinado de actuar de los sujetos y también constituyen una forma de vida. Lo que los individuos somos depende del lugar que ocupamos, dentro del esquema de relaciones e interacción.

En cada cultura podemos encontrar implícita una visión del mundo que ofrece sentido para comprender el entorno circundante, a los otros y a la propia persona. Cada orden social requiere formas de subjetividad, porque implica una particular noción de las acciones viables y válidas para el marco de valores, que corresponden a proyectos políticos y sociales específicos. En cada caso, los procesos de subjetivación integran anhelos y deseos acordes con las propuestas y visión propias de los discursos que configuran al medio social.

Cada sociedad presenta una cultura dominante en las normas y valores que regulan las relaciones. Pero no obstante ser sujetos sociales, somos también y en cada caso actores sociales. La subjetividad se constituye a través de interacciones con la estructura social e implica movimiento, creación y procesos en los que se tiene o logra un rol activo. Se trata de procesos colectivos de creación de sentido que son parte de la acción conjunta en que cada sujeto se inscribe y con los que avanza además sus propios proyectos personales. Es en y con los acontecimientos grupales e institucionales que nos hacemos sujetos, como parte de un proceso histórico que nos rebasa. El lugar que ocupa el sujeto en el entramado de relaciones va a determinar su proceso de subjetivación, para determinar una particular forma de ser, pensar y actuar.

Como ejemplo primero de un medio social de subjetivación, la familia puede reconocerse como articuladora y mediadora entre el nivel social y el psíquico, para la estructuración primera de cada sujeto. Como otros grupos significativos, es agente de socialización para el desarrollo de subjetividades, que serán producto de patrones culturales y visiones propias del proyecto social hegemónico. En las normas y valores que en su interior se avalan y promueven, se moldea al sujeto de manera inconsciente, además de conscientemente.

La configuración de las familias de personas que viven en extrema pobreza suele integrar un lenguaje, visión y toda una psicología en actitudes de derrota, que hacen imposible hacer uso de las oportunidades de movilidad social o acceso a satisfactores, más allá de lo meramente económico.

La teoría económica

El mito de la importancia de la desregulación y el supuesto libre mercado que se propugna, desde las políticas neoliberales promovidas primordialmente por organismos de estado y multinacionales, dominados por el interés y las políticas estadounidenses para Latinoamérica, fomentan una desprotección de los mercados que beneficia primordialmente a las trasnacionales de países centrales (para este concepto véase Wallerstein, 1998). Es así que se logran implementar mecanismos monopólicos y agresivos de control de mercados. El impacto económico de este estado de cosas es importante, cuando se busca analizar los procesos de marginación social y pobreza en México.

Una perspectiva de psicología social que deje de lado el proceso económico, verá también coartada su capacidad de explicación y acción, porque estos procesos tienen sus contrapartes en la configuración de mecanismos sociales, que tienen incidencia directa en los procesos de subjetivación. Implican esquemas de valor y discursos que se difunden y avanzan con las acciones políticas y económicas. El predominio cultural, concomitante con estas propuestas políticas y económicas, se difunde eficazmente, gracias al predominio tecnológico y económico de los países y economías centrales, especialmente en los medios de difusión y ámbitos como el cine.

Entre las tesis económicas sobre la pobreza, la muy difundida noción de que generando fuentes de trabajo se resolvería este problema, es una tesis que además de ser falsa, oculta el carácter del problema y sus causas.

Una cultura de la pobreza

Como sujetos ajenos a su propio entorno cultural, los pobres manifiestan diferencias en cuanto a valores, normas, creencias y mitos. Valentine (1970) nos plantea que la cultura es una totalidad compleja que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, los principios morales, las leyes y costumbres y demás capacidades, hábitos y características propios de una sociedad particular y que son asimilados por cada uno de sus miembros.

El sistema social-económico y la correspondiente cultura hegemónica son el origen del proceso de producción de la pobreza. El entramado de significaciones, que esta condición social implica, va más allá de los factores económicos. Las desigualdades sociales dependen de un conjunto de factores que podrían resumirse en una diferencia cultural.

El rechazo y la expulsión social de quienes difieren de los patrones culturales y sociales imperantes, por ejemplo por su falta de capacidad económica y de los indicadores externos de la misma, son la forma en que se establece una estructura social específica, caracterizada por proteger y fomentar el desarrollo de solamente una proporción limitada de la población. El sector desprotegido y marginado entra entonces en la espiral de la pobreza. Este proceso pronto se verá acompañado por la construcción de representaciones simbólicas e imaginarias que se hacen contracultura y que desvinculan de manera mucho más duradera y completa a los sujetos marginados de la cultura imperante.

Los pobres surgen como extranjeros en su propio territorio

Buscar darle voz a quienes han sido excluidos es asumir una postura política consciente, en el campo de batalla que es la atención de la pobreza. En una u otra forma tiende a implicar una confrontación con los intereses propios de la acumulación de beneficios y ventajas en manos de los menos, que es el resultado de un mercado sin regulación sistemática y un Estado al que le falten los componentes de bienestar social necesarios para hacer funcionar adecuadamente al sistema en su conjunto.

Lomnitz (1978) nos plantea que la marginalidad es un fenómeno estructural que implica primeramente la ausencia de un rol económico. Se necesitaría distinguir de la pobreza por ser una situación primera de ausencia de un lugar legítimo en el sistema social imperante. Al carecer de habilidades y conocimientos, incluso de una forma apropiada de operar socialmente y una constitución subjetiva adecuada, se hace imposible obtener un lugar que no sea en funciones muy poco valoradas en todos sentidos, incluido el económico. Estos procesos se vinculan a la pobreza porque ocasionan otras formas de marginalidad. Entre otras cosas, tienen gradualmente un fuerte efecto en una cada vez mayor falta de capacidad económica. Pero la esencia de la marginalidad es la incapacidad para ganar acceso a las instituciones y procesos urbanos. Y hablamos de urbanidad en el sentido de salud, servicios, vivienda, bienes y servicios básicos, así como el potencial de vinculación e incidencia en procesos sociales y políticos.

Los grupos marginados aparecen en todas las economías y países. Simultáneamente son producto de procesos subjetivos, sociales y económicos. Entre mayor es la complejidad tecnológica y económica, mayor también la especialización de las estructuras políticas y sociales. Con la concentración de poder y capacidad económica, viene también la generación de estos grupos. Pero es en las tecnologías y esquemas de regulación y control que ofrece el estado, como contrabalanza necesaria para todo el sistema, antes que solamente para el bienestar social, que se puede lograr equilibrar el sistema. Los esquemas de seguridad social, y como parte de ellos los que ofrecen respuesta a las variadas situaciones de exclusión que se presentan, suelen ser privilegio y estar desarrolladas solamente en países centrales. Este es el caso particularmente de sistemas políticos, sociales y económicos maduros, tales como la Comunidad Económica Europea. Es en ellos que continuamente se demuestran en la práctica las enormes ventajas, incluso para el propio mercado de estrategias integradas.

 

Como efecto de los patrones culturales que se construyen, por lo general la pobreza se hace una condición trans-generacional. Esto es producto entre otras cosas de que los niños acudan poco a la escuela y que muy pronto la abandonen, además de por hambre y carencias económicas, por la poca valoración de la educación, gracias a nociones de fracaso y derrota anticipadas e integradas a las nociones y valores propias del medio. Es así que se privilegian otras acciones, valores y esquemas por encima de la promesa de un avance y movilidad social, difícilmente concebible.

Las redes de intercambio (Lomnitz) y mecanismos socioeconómicos propios de zonas y grupos marginados y en situación de pobreza generalizada, suplen en distintas formas, y tan limitadamente como es de esperarse, la falta de servicios y seguridad social. Pero los procesos de solidaridad y apoyo mutuo fincan modalidades de intercambio social y reciprocidad que pueden tener un enorme valor e impacto simbólico, incluso cuando sus efectos materiales y resultados objetivos, para afrontar diversas dificultades y necesidades, sean limitados. Es así que los vínculos próximos y la valoración del medio social de pertenencia de grupos y localidades viviendo en extrema pobreza se hacen la base de procesos sociales muy significativos y valorados por sus integrantes, al grado de contraponerse con los esquemas de subjetividad, interacción, sociales, económicos y culturales que pudieran ofrecer acceso e integración con pautas que ofrecerían mejores perspectivas, al menos en lo material.

 

Con su presencia, la pobreza interpela justamente a los discursos propugnados por las corrientes culturales predominantes que la originan. Como el “paciente” o “enfermo” designado en una problemática psicosocial, representante y emisario de la disfunción familiar, grupal o social, los pobres hacen evidentes las contradicciones imperantes en los discursos aceptados y encarnan una lucha y resistencia social, contra la exclusión y la marginación.

La atención y promoción social

Entre mayor es el nivel tecnológico de una sociedad, mayor es la complejidad de sus formas de organización. En cada caso también tendrán que ser multiformes y refinadas las tecnologías sociales necesarias para incorporar a la población, que por distintos motivos vaya quedando marginada del proceso social y productivo. Esto implica sistemas de seguridad social y modelos de atención e integración, que en los países periféricos como México suelen ser muy limitados. Por estos motivos, las formas de marginación y pobreza que se presentan aquí son más extensas y agudas que en países centrales.

Los sistemas nacionales de educación (SEP), Seguro Social (IMSS), Subsistencias Populares (CONASUPO), Fomento a la Vivienda (INFONAVIT) y otros fueron en su momento la implementación de políticas públicas de bienestar social, equiparables a las imperantes actualmente en los países centrales. Con su desmembramiento, el efecto adverso en poblaciones específicas de la violencia del mercado, especialmente en su versión desprovista de mecanismos de regulación y control, promovida desde el centro en Latinoamérica y otros países periféricos, se hace patente en la proliferación de la marginalidad y pobreza.

Todo dispositivo que se implanta en una sociedad lleva implícita una suerte de guerra, en la que las propuestas y discursos que cobran hegemonía se imponen violentamente sobre otras. Es así que se instituye un esquema productivo y económico, y con ello gradualmente una cultura que domina y para la cual los sujetos son favorecidos de manera desigual y claramente diferenciada. Toda sociedad implica esta batalla infinita entre propuestas y grupos, misma que se desenvuelve en un proceso aparentemente pacífico. Las propuestas, discursos y esquemas culturales que se hacen hegemónicos propician el surgimiento de representaciones simbólicas; propuestas; proyectos; acciones comunitarias e incluso culturas alternativas.

El asistencialismo

Las estrategias de atención a la pobreza de corte asistencial buscan atender las carencias externas de la población en situación de pobreza extrema. Estos paliativos temporales inducen al sujeto hacia un círculo de dependencia externa y propician esa forma de relación con el estado y los servicios que ofrece. Al dejar de promover procesos de subjetivación marcados por la búsqueda de autonomía, se genera también el efecto contrario del necesario para romper el círculo y para propiciar procesos de reactivación y movimiento que lleven hacia la integración y social.

El énfasis y cuidado en los factores psicosociales de los procesos de marginación y generación de pobreza es esencial, para el diseño de esquemas de atención a la pobreza, porque es la vía por la que se hace posible reconocer el valor y sentido de las acciones emprendidas institucionalmente, para la atención de sujetos en estas circunstancias. Es esencial tener en cuenta el significado para los sujetos de las acciones integradas a proyectos y programas, para hacer así posible tener en cuenta su impacto en los procesos microsociales y de subjetivación, con el objeto de buscar en la medida de lo posible apoyar la autonomía social y subjetiva.

Considerando la marginación y la pobreza como un fenómeno complejo, es necesario analizar las formas en que se inscribe en cada sujeto, como trama de significaciones y modalidad de respuesta. La subjetividad se construye en todos los ámbitos del proceso social, porque es producto de esa interacción e inserción. Los vínculos que se generan con la producción de significación son simultáneamente colectivos, y con valor y sentido constitutivo específico para cada sujeto. En esta convergencia tensa de procesos heterogéneos, se genera un movimiento que se instituye en formaciones grupales e institucionales diversas.

El Instituto de Asistencia e Integración Social

Ley y decreto

El decreto de Ley de Asistencia e Integración Social para el Distrito Federal, publicado en la Gaceta Oficial del DF el 16 de marzo de 2000, indica que es de interés social y tiene por objeto “regular y promover la protección, asistencia e integración social de las personas, familias o grupos que carecen de capacidad para su desarrollo autónomo, o de los apoyos y condiciones para valerse por sí mismas” (p. 1).

En este documento “se entiende por asistencia social al conjunto de acciones del gobierno y la sociedad dirigidas a incrementar las capacidades físicas, mentales y sociales tendientes a la atención de los individuos, familias o grupos de población vulnerables o en situación de riesgo, por su condición de desventaja, abandono o desprotección física, mental, jurídica o social, que no cuentan con las condiciones necesarias para valerse por sí mismas, ejercer sus derechos y procurar su incorporación al seno familiar, laboral y social” (p. 1).

Se considera también a la integración social como un “proceso de desarrollo de capacidades y creación de oportunidades en los órdenes económico, social y político, para que los individuos, familias o grupos sujetos de asistencia social puedan reincorporarse a la vida comunitaria, con pleno respeto a su dignidad, identidad y derechos, sobre la base de la igualdad y equidad de oportunidades para el acceso a los bienes y servicios sociales” (p. 2).

Se plantea que el Sistema de Asistencia e Integración Social debe encargarse de “dar impulso al desarrollo de los individuos, la familia y la comunidad, para la integración social” (p. 3). Esto mediante “capacitación para el trabajo” y “asistencia para la población en condiciones de abandono, maltrato, incapacidad mental o intelectual” (p. 4). Se indica además que “los usuarios tienen derecho a la asistencia e integración social, independientemente de la condición cultural, orientación sexual, identidad étnica y género”, con “respeto a la dignidad, a su vida privada, a su cultura y valores en todo momento” y que “recibirá información apropiada a su edad, condición de género, socioeducativa, cultural y étnica sobre programas y acciones de asistencia e integración social” (p. 4).

El decreto por el cual se crea el Instituto de Asistencia e Integración Social del DF, publicado en la misma Gaceta el 18 de enero de 2001, define la asistencia social en similares términos. Plantea que es “una política especializada de inclusión social de carácter permanente, con intervenciones temporales respecto de personas, familias o grupos específicos, orientadas a la superación de sus desventajas y a la consecución de su autosuficiencia” (p. 1). El Instituto “tiene por objeto promover, coordinar, supervisar y evaluar la asistencia social en el Distrito Federal, definir y establecer la política en materia de asistencia social y ser la instancia normativa de los programas que realice la Administración Pública del Distrito Federal” (p. 2).

Centros y población atendida

Los Centros de Atención e Integración Social, a cargo del IASIS, ofrecen primeramente albergue y comida, a la población indigente que se recibe o recoge en la vía pública.

El proceso inicia por una evaluación y clasificación, pero frecuentemente también con un baño y aprovisionamiento de ropa. Esto implica contar con personal de trabajo social, pero también con muchos otros, tales como los “bañeros”, además de instalaciones específicas para cada una de dichas funciones. El primer nivel de atención es en cuanto a servicios básicos, pero cada Centro ofrece también diversos servicios complementarios, como los de salud.

En algunos se atienden ancianos de ambos sexos, aunque en distintos Centros. En un Centro para mujeres, algunas usuarias tienen alguna actividad económica limitada. En otro de ellos se ubica a mujeres con hijos. Otro más atiende a niños y jóvenes de la calle. Un C entro ofrece alojamiento de pernocta a cientos de personas cada noche. La atención de adictos es un servicio especializado de seis semanas en todavía otro de los Centros.

Generalmente, la población atendida se encuentra en condiciones de indigencia. Algunos son atendidos en Centros que tienen mucho parecido con un hospital psiquiátrico, aunque su lógica y servicios son en realidad de otra índole. En cada caso se hacen intentos por integrar a los sujetos nuevamente a su entorno familiar, cosa nada sencilla. También se ponen en práctica acciones diversas para la reinserción social y laboral.

En su mayoría, los Centros fueron heredados por el Instituto a partir de otras instancias. El personal es en unos casos sindicalizado y con larga experiencia profesional. En otros muchos casos es contratado primordialmente por honorarios.

El IASIS - Un recuento desde la práctica

A partir de una entrevista con un funcionario de alto rango en el Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS) es posible hacer un reconocimiento, desde una perspectiva histórica y a partir de la experiencia operativa, de la institución y las necesidades sociales a las que busca dar respuesta.

En el panorama que se ofrece en los párrafos siguientes es posible reconocer la terminología y también algunos de los conceptos aplicados por sus operadores, actualmente y en el pasado. Con el tiempo se han ido logrando transiciones entre propuestas y discursos, todos relativos a la atención social, propia de políticas públicas referentes a poblaciones marginadas y los servicios que se brindan para las mismas. Este Instituto incorpora unas y otras propuestas de manera explícita. Pero también en las acciones que en la práctica van resultando útiles o necesarias y que son producto del propio proceso institucional y social, se pueden reconocer otras.

El entrevistado narra que el IASIS surge de entre las inquietudes por establecer una política de atención social en la Ciudad de México, como respuesta a la multiplicación de núcleos de población en extrema pobreza, que van siendo excluidos de la mayoría de las oportunidades que la sociedad ofrece. Al reconocer numéricamente la multiplicación de estos grupos, surge la necesidad de generar una institución que, antes que ser un modelo nuevo, se genera a partir de instituciones con una añeja tradición en la sociedad liberal. Cada una de ellas tiene el objetivo de atender a núcleos sociales desprotegidos.

Se plantea que este Instituto surge, antes que como algo acabado o nuevo, con la inquietud de renovar esfuerzos. Escasamente tiene tres años de vida y funciones. Hubo instituciones precedentes con similar labor y algunos documentos permiten reconocer sus políticas, denominadas de protección social. Otras agencias, más recientes y concomitantes con el Instituto, buscan lo que se denomina equidad en el desarrollo social. Se abocan a programas muy parecidos a los del Instituto, pero se abocan a núcleos muy específicos de población, como pueden ser por ejemplo ancianos abandonados; hogares en desintegración por efecto de procesos de violencia familiar; o núcleos indígenas, migrantes en la capital que se encuentran en situaciones muy difíciles de subsistencia y que comienzan un proceso de marginación. Se atiende a estos grupos con programas también denominados de equidad para el desarrollo social.

El Instituto persiste en políticas de asistencia. Pero se constituye con la inquietud de salir del asistencialismo hacia núcleos pasivos, buscando dinamizarlos, para que con sus propios esfuerzos y características logren cambiar de oportunidades de vida. Para distintos grupos y sectores se cuenta con proyectos permanentes de capacitación específicos. Aunque primeramente la atención es con el fin de que no se deteriore más su calidad de vida, luego los proyectos de  capacitación se ofrecen en variantes, para sujetos funcionales o parcialmente funcionales. Se ofrecen talleres protegidos. Esto implica un proyecto de capacitación para el trabajo que en la actividad del taller genera una producción y parte de las ganancias las reciben directamente los participantes. El objetivo es que esto lleve a una acción auto-sustentable, para la reinserción en el mercado de trabajo.

En algunos casos se les gestionan directamente puestos de trabajo. En otros se apoyan iniciativas propias de obtención de empleo. El Gobierno del DF tiene en su programa de desarrollo económico la directiva de atención a estos núcleos débiles y es por ello que se les otorgan también créditos. Aunque pocas veces se recuperan, los beneficiados pueden así emprender iniciativas que tienden al autoempleo, o bien la asociación con pequeños productores, para integrarse como empleados.

Otras alternativas son la producción de plantas Bonsái; veladoras; artesanías más elaboradas que algunas de las tradicionales; bordado; tejido; tallado; joyería de fantasía con cuentas; vitrales y otros. En el caso del centro de atención para adictos se pierde continuidad, porque varían las características de la población que se recibe. Esto marca el tipo de taller a que se les integra. En un Centro para adultos mayores, ancianos varones, se tienen actividades productivas de elaboración de veladoras y artesanías; madera tallada; pequeños objetos de madera; juguetes y otros. Es similar en Centros como el de mujeres en abandono de edad avanzada, totalmente desprotegidas. También en el de mujeres con hijos. Por ejemplo, las señoras mayores son por un lado población permanente, a quienes se les capacita en bordados, tejido y elaboración de artesanías. Pero otras salen a trabajar, en labores domésticas y servicios bajo su propio contrato personal. Algunas pocas trabajan en el comercio al menudeo.

El entrevistado pasa a discutir el tema de las deficiencias en las estrategias para implementar las políticas de atención social. El Instituto pertenece a un programa de gobierno que busca el desarrollo social. Sin embargo, una proporción importante de los recursos económicos disponibles para este desarrollo se aplican a nuevos programas educativos, que  ha emprendido el Gobierno del DF. Con la experiencia con la que se cuenta en el Instituto, es posible reconocer que, para el proceso de marginación que desemboca en la población indigente que se atiende, es en el nivel de educación secundaria donde sería especialmente necesario apuntalar la formación, por las características del proceso que se suele presentar. Fortalecer los procesos educativos y de formación para el trabajo pudiera ser de mayor incidencia, para estos núcleos de población en lo particular, tanto como medio para obtener un mejor posicionamiento para el trabajo, como para generar mayores expectativas de educación.

La falta de recursos implica una gran dificultad para avanzar acciones que apoyen a población con escasas posibilidades de acceso a labores productivas y remuneradas. Es necesario que esta población obtenga empleo y recursos, pero lo logra solamente en actividades muy marginales o de subempleo y simple supervivencia. Este tipo de empleo tiende a producir población que desemboca en situaciones de indigencia. Es por esto que en estos rubros y situaciones específicas es donde se hace especialmente necesario implementar acciones estratégicas, que permitan romper el ciclo, en los puntos específicos en que es apropiado hacerlo.

Es necesario por ejemplo atender a los niños y jóvenes de la calle, pero se puede decir que el programa general se desplomó. Aunque en el DF este Instituto es el encargado oficialmente y el que realmente atiende a esta población, las acciones que se emprenden son limitadas. Existen aproximadamente 3,000 niños de la calle en el DF. Las cifras de otras instituciones, con menor contacto directo y trabajo con esta población, tienden a estar infladas, exageradas. Población de calle adulta y trabajadores de calle, que todavía cuentan con vínculos y recursos familiares y sociales, son otra categoría y con necesidades distintas. Considerando entonces el problema en sus dimensiones reales y los recursos disponibles en diversas instituciones, es importante analizar la coherencia y vinculación entre proyectos de atención social y políticas públicas de bienestar social en los que se encuentra la posibilidad de abordar esta problemática eficazmente. Como ejemplo de una situación específica, tomando el tema de los niños y jóvenes de la calle, se pueden reconocer los factores y situaciones que, con sus diferencias, se presentan para cada grupo y situación específica.

La atención a estas poblaciones implica decisiones y acciones que rebasan ampliamente lo que en un Instituto como el IASIS se puede lograr. Con estas limitantes y consideraciones, se abordan las necesidades de la población indigente y en abandono de la manera más eficaz posible, si consideramos el nivel de recursos con que cuenta y los factores estructurales implicados. Se responde a la atención de un cúmulo de usuarias y usuarios con múltiples estrategias. Es así que se pone en práctica una política de asistencia y atención socialmente responsable, aunque de limitado alcance.


Conclusiones

Con el lenguaje, la creación imaginaria funda un potencial metafórico y la posibilidad de generar futuros objetivamente posibles, que se materializan permanente y activamente en las acciones que el valor del vínculo intersubjetivo hace posibles, deseables y luego reales. La calidad del vínculo intersubjetivo, reconocible en la capacidad de fundar y avanzar proyectos conjuntos, en los cuales cada sujeto específico se inscribe, es además lo que hace viable la construcción de identidad.

En la generación colectiva de sujetos que interactúan mediante la fuerza imaginaria de la significación compartida y construida en común, el vínculo se hace potencia creadora, pero también destructora y avasalladora. La acción se hace parte del entramado de lo discursivo. Los vínculos dinámicos permiten construir identidades y lugares, como parte de procesos sociales que se hacen también simultáneamente de subjetivación, porque en ellos lo personal y lo social quedan íntimamente entrelazados.

Con la marginación de sujetos excluidos como actores que pudieran ser parte de proyectos colectivos, se rompe también el potencial de subjetivación. Es natural entonces que estos sujetos reunidos construyan e integren otros medios sociales, aunque sean alternos y marginales, porque en ellos y mediante sus discursos y lógica será posible nuevamente generar vínculos y pertenencia. Las promesas y compromisos de acción, integrados a esos otros proyectos sociales, con características y finalidades incluso enteramente distintos a los hegemónicos, son igualmente valiosos para los sujetos, como medios de subjetivación y participación social, para la construcción de identidades y vínculos significativos.

La pobreza une, vincula y gesta movimientos y formas de organización social que se hacen parte de un discurso y cultura, a partir de la cual se conforman sujetos que se hacen producto y reproducción de las particulares formas de vida y espacios propios de la marginalidad. El sujeto social necesita siempre ser reconocido en su capacidad y potencial, como actor social. Y esto es lo que terminan por ofrecerse entre sí los marginados. Pero el resultado neto puede ser incluso la configuración de culturas alternas que entran en confrontación con la posibilidad de vinculación social más amplia y obtención de los beneficios o satisfactores factibles de lograrse.

Pero ¿cómo es que desde la psicología social se pueden ofrecer elementos y propuestas para dar respuesta a estas problemáticas? Tal vez en la medida que el conocimiento científico propio de las ciencias sociales llegue a estar al alcance de todos, aquello que nos hace heterónomos antes que autónomos tendrá menor incidencia y efecto. Esto implica la necesidad de informar y formar, pero también de promover modos de organización y procesos de subjetivación menos enajenantes, encaminados a un dinámico proceso social en el que la acción de los sujetos, en distintos niveles y ámbitos, genere riqueza, en todos los sentidos del término y para todos.

El desarrollo social es una propuesta amplia, ambiciosa incluso. Se trata de crear comunidades prósperas. Abordar la marginalidad implica impulsar comunidades enteras, que se encuentran excluidas. Para lograr en el corto y mediano plazo que puedan transformarse integralmente y como unidad, las acciones requeridas deben ser concertadas, para afrontar simultáneamente los diversos factores involucrados. Los problemas y las situaciones que se presentan implican la transformación del proceso y la dinámica social, para generar actividad y producción, integrando al conjunto en una espiral de bienestar general. Esta transformación implica una visión y política que haga posible integrar conocimiento actualizado a propuestas y acciones eficaces, muchas de las cuales ya han sido probadas e implementadas en otras latitudes.

Actualmente, aunque en la asistencia social se busque salir del asistencialismo, se persiste en esas modalidades de atención porque es imposible estructuralmente operar de otro modo. El carácter y las limitaciones de los proyectos en marcha obligan hacia acciones de otro corte. Las y los usuarios llegan con hambre, desnutrición, sin casa, enteramente desvinculados de un medio social de sostén. Atenderlos en cuanto a su aseo, vestido, alimentación, alojamiento y otras necesidades básicas se hace imperativo.

La promoción de comunidades sanas y activación de esos núcleos de población marginada, que llega primero a la pobreza pero luego también inclusive a la indigencia, implica estrategias imposibles de implementarse unilateralmente por este Instituto. Pero en las acciones reseñadas y que se emprenden, comprendiendo las limitaciones de la situación, tanto económica como política y social, se pueden reconocer los esfuerzos y el valor de la acción institucional y de cada uno de sus muy comprometidos operadores. Con todo y la herencia e historia institucional del IASIS, este ofrece una importante atención a población en avanzado deterioro social y subjetivo.

Es la fragmentación de los diversos programas de promoción y atención social, en distintos Institutos, Direcciones y organismos, lo que hace difícil el avance sustancial. Una institución que pudiera ser integradora y en algún momento se propuso como sistema nacional, el DIF, hoy es inexistente como propuesta nacional, concepción y proyecto. Este tipo de fraccionamiento restringe y limita fuertemente la capacidad de acción institucional. Por ejemplo, la desvinculación del DIF del DF con otras instituciones, tales como el IASIS, hace imposible que se aprovechen, entre otros, los excelentes recursos disponibles en su amplio aparato de protección legal al menor. Este tipo de situación interinstitucional y falta de proyecto conjunto, integrado y coherente, resulta en acciones mucho más limitadas.

Además de lo político, es también en la comprensión de los diversos niveles y factores involucrados que se puede hacer posible una transformación en las lógicas y propuestas de abordaje, para estas problemáticas. Sin menoscabo de las situaciones institucionales, el análisis de los procesos sociales y psicológicos involucrados puede permitir importantes cambios, en las acciones emprendidas. Un ejemplo de ello es la propuesta de concebir a la pobreza extrema como una cultura alterna y emergente de la realidad social, generadora de procesos psicosociales que instituyen sus propios códigos de valores y normas. En la medida en que esta concepción, como otras tantas, sean también integradas y tomadas en cuenta, la atención puede verse transformada en sus criterios y propuestas.

Es necesario asumir una postura política y ética respecto a la pobreza extrema y las condiciones de vida degradantes que genera. Éstas son fundamentalmente inaceptables para cualquier sector social. Cerrar los ojos y pretender que la única realidad es la propia es inaceptable. Otras realidades y sujetos requieren y exigen ser tomados en cuenta. (Arano, 2001ª:1) La pobreza es un llamado a la acción y un problema social fundamental para la investigación en psicología social, con vistas a la producción de respuestas aplicables a políticas públicas y acciones tendientes a su atención.

Un enfoque psicosocial de los procesos de producción de la marginación, pobreza e indigencia que integre tanto el análisis institucional como el cultural, social y subjetivo, desde el punto de vista de la psicología social, puede ofrecer elementos importantes para la comprensión del tema y su abordaje. En el trayecto de lo presentado y discutido en el presente texto, se tocan muy superficialmente solamente algunos de los múltiples elementos que, desde este campo de estudios, pueden permitir el análisis en la complejidad de los procesos involucrados.


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[1] Sección preparada en parte con base en (Mier, 2004).

[2] Sección preparada en gran medida con base en (Arano, 2001 A y B)